15 de julio de 2014

No hay nadie en casa

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Escrito por Itobé @itobesur

Acabo de recoger el pan, voy con mi hermano pequeño Bassin, tiene 6 años. Paseamos. 
Pasamos junto al carro de Amman, el vendedor de golosinas, a mi hermanito le encantan, yo no puedo tomarlas, me sientan mal. Caminar me viene muy bien, es casi lo único que me viene bien; ni siquiera el viejo Amir, el curandero, logró sanarme aplicando su medicina.

¡Qué olor desprende el puesto de Ibrahim! Está preparando shawarma, sabrosas. Son las mejores.

La tienda de juguetes ha cerrado hoy. Es extraño. A Bassim y a mí nos encanta pararnos en el escaparate y ver los cochecitos, también nos gusta mucho ver la entrada, su decoración, repleta de juguetes colgados de cuerdas y las pelotas de colores unidas por un cordel, parecen un collar de caramelos. Siempre que pasamos por esta tienda nos tiramos de los toboganes de juguetes que tiene colocados en la calle, el señor Salâh sale enfadado, nos grita mientras corremos, dice que no podemos usarlos porque se estropean y tiene que venderlos. 

La pastelería también está cerrada. Es día de descanso.  

Oh, ya se que no puedo tomarlos, pero de vez en cuando saboreo un helado de la popular heladería Kasem. Mi amigo Mousa trabaja aquí. Mousa es bueno, siempre se presenta como el Messi de los helados, le gusta el Barcelona. Aquí casi todo el mundo es del Barça.

Está oscureciendo y aun es temprano. El cielo se ve gris ceniza. Se oyen sirenas. Huele a quemado. Bassim está asustado. Mejor será que nos aligeremos, que regresemos rápido a casa. Hay gente corriendo. Estoy un poco mareado, mi corazón va más rápido que mis piernas. 

Llegamos. No hay nadie en casa.

Ha habido una fuerte explosión en la azotea. Creo que acaban de “tocar techo”. Ya no tenemos tiempoSe acabó.

No me he presentado, mi nombre es Akram, tengo 11 años y vivo en Gaza.


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14 de julio de 2014

Caen misiles

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Escrito por Miguel Ortega.

Estas últimas semanas está ocurriendo algo catastrófico. Desde Asturias hasta Cádiz, pasando por Madrid, Barcelona, Zaragoza o Valencia, están cayendo pepinos destruyendo todo lo que pillan a su paso. Los misiles se multiplican a diario y cada vez aumenta más y más el número de muertos. Más de 101 personas, entre ellos niños, mujeres y hombres, militares o sacerdotes; todos están cayendo. Los gritos de dolor parecen uno y las madres siguen llorando (y cada vez más) las pérdidas de sus hijos.

En las calzadas hay brazos, piernas, y todo tipo de miembros humanos. Parece que la sangre brota de las aceras mientras siguen lloviendo misiles de todo tipo. Gases lacrimógenos, sonidos de metralla entre las esquinas, disparos al aire y al corazón. El otro día una niña caminando por una calle cualquiera de Toledo pisó una mina y pudo comprobar cómo se despegaban todos sus miembros uno a uno mientras se elevaba metros y metros en el aire, hasta que se convirtió en un desmontable que jamás volvería a respirar.

Ante dichos ataques la ONU no dice nada, ningún país alza la voz para que pare tal masacre. Es más, Rusia, miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, sigue vendiendo armas a los atacantes porque es un negocio más, como quien vende fruta o coches, sin pensar en los nombres de las personas cuyas balas van a atravesar. La situación, por delirante que parezca, grosso modo y según estos inútiles parece controlada, y lo único que piden es tiempo para que se calmen las cosas.
Mientras tanto, desde Palestina, sus ciudadanos ven un tanto indignados la noticia. Luego cambian de canal y ponen “La que se avecina”.

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10 de julio de 2014

Ostalgie, la nostalgia del Este

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Un artículo de Cristina Barrial
Saudade es una palabra portuguesa de difícil traducción, pero hay quien la equipara a la nostalgia o melancolía producto de una alegría ya ausente, como la morriña para los gallegos, o la señaldá para los asturianos. Es el dolor del recuerdo. En la Alemania Oriental también tienen su propio vocablo: ostalgie, un juego de palabras entre Ost (este) y Nostalgie (nostalgia), es decir, la nostalgia de los habitantes de la Alemania del Este respecto a la antigua República Democrática Alemana (RDA) y a los tiempos anteriores a la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, con la consiguiente reunificación. Este término hace referencia, sobre todo, a la pérdida de los productos que definían a la Alemania Oriental y que dejaron de ser producidos debido a la absorción o cierres de las empresas del Este -pepinillos Spreewaldgurken, el vino Rotkäppchen, las galletas Russisch Brot- así como a toda su producción cultural.
Lo que sabemos acerca de la RDA es poco, si acaso algún film norteamericano donde se nos bombardea con la figura de la Stasi como representación de la  represión y el control escondido en los armarios de todas las casas de la Alemania Oriental. Sin embargo, en ocasiones es necesario mostrar la Historia que escribieron los no vencedores y, en consecuencia, no recogida en los libros.
Estatua de Lenin siendo retirada de la plaza (Good Bye Lenin)

La formación de la República Democrática Alemana supuso la creación de un Estado democrático y antifascista –valga la redundancia-, que centró gran parte de sus esfuerzos en educar a las nuevas generaciones en los valores socialistas (“Seid bereit, immer bereit”: estad listos, siempre listos) y la solidaridad internacionalista: alrededor de 6.000 chilenos se exiliaron a la RDA tras el golpe de Estado de Augusto Pinochet, mientras que países como Angola, Vietnam, Nicaragua o Palestina recibieron instrucción militar y apoyo logístico.
La República Democrática Alemana se posicionó quinta en tejido industrial a nivel europeo, un tejido industrial basado en unas empresas que, tras la reunificación y la creación de la instituciónTreunhandastalt, fueron enviadas al oeste y privatizadas, dejando una deuda de 260.000 millones de marcos, una pérdida de tres millones de puestos de trabajos orientales y una reducción de la industria del este a la mínima expresión.
Pero la palabra ostalgie bien podría ser entonada por una voz de mujer, y es que en 1985el 49% de la población activa de la RDA eran mujeres, una cifra que la Unión Europea no alcanzaba en el año 2000 (43,5%). La triple K que regía la vida de la mujer (“Kirche, Kinder und Küche”: niños, cocina, iglesia) se vio sustituida por una incorporación de la mujer a la vida laboral y su consiguiente empoderamiento: desde 1984 el 80% de las mujeres en edad de trabajar lo hacían, mientras que si nos remontamos 22 años antes, en 1962, esta cifra ya rondaba el 70%. En 1989, justo antes de la caída del Muro, el porcentaje era del 92%. Para reducir la desigualdad de salario entre hombres y mujeres –debido a que las segundas se dedicaban a labores menos cualificadas- el estado brindaba formación para aquellas que, ya teniendo trabajo, quería elevar su nivel de titulación. Este tipo de programas permitían desatender temporalmente el puesto de trabajo para continuar formándose y, al mismo tiempo, continuar percibiendo el 80% del salario.
Además, en materia de aborto, las políticas orientales nada tenían que envidiar a las actuales en el Estado español –antes de la Ley Gallardón-, ya que garantizaban el aborto libre en los primeros tres meses, mientras que las mujeres de la RFA sólo podían realizarlo en caso de violación o peligro de la vida de la madre, viéndose obligadas a acudir a la Alemania Oriental clandestinamente. Un dato a destacar es el porcentaje de madres solteras en la RDA, un 16%, frente al 10% de la RFA. Se resquebraja, por tanto, la familia patriarcal, célula de la estructura social de clases: la mujer dejaba su papel de mano de obra casera que nada costaba a la burguesía.
Ostalgie es el huella de aquellos que vivieron la RDA y ahora viven la Alemania capitalista de la Unión Europea. Ostalgie es lo que sienten las mujeres que soñaban con ser la soviética Valentina Tereshkova, primera mujer cosmonauta en viajar al espacio exterior. Pero mirar hacia atrás no significa seguir avanzando. El cosmos como horizonte. 

También en LaColumna.cat

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