29 de marzo de 2014

Prejuicios

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Escrito por Miguel Ortega.

Corre por las redes sociales un vídeo experimental. Cogen a unos niños pequeños, de diez u once años no más, y los sientan en frente de dos bebés de muñeco; uno negro y otro blanco. Les preguntan que quién es el bueno y el malo, quién es el guapo y el feo, quién es el listo y el tonto, etc. Hay que decir que en el vídeo salen niños en su mayoría de tez oscura y uno blanco como la leche. El blanco dice que el bueno, el listo y el guapo es el muñeco blanco. El resto dicen exactamente lo mismo. Ninguno sabe responder por qué.

Quién lea esto, se sobreentiende que es gente adulta, con unas ideas formadas en la cabeza, con una ideología definida, con unos valores... y con la misma tozudez y los mismos prejuicios que esos niños, aunque fastidie al lector; incluso al escritor, que intenta salvarse a duras penas de esta maldición del hombre.

La izquierda más izquierda -porque hay distintos niveles, ya saben- dice que qué mala es la poli, y la derecha -indistintamente de derecha o muy derecha- dice que qué malos son los manifestantes. Dicen exactamente lo mismo pero al revés, sin intentar interpretar o razonar sobre la realidad que tienen delante de sus ojos, únicamente por fines políticos. No ven a las personas que hay detrás del manifestante ni de quien lleva el casco con el CNP en el anverso.

Evidentemente, hay policías que se exceden de sus funciones, sinvergüenzas que golpean a una niña y que salen indemnes porque no hay quien los identifique, gracias a nuestro Ministerio de Gobernación -entre otros- por no obligarles a llevar su placa en la espalda a tamaño de letra 64. Esos deberían de ser inhabilitados de inmediato, y por supuesto con la sanción administrativa, civil o penal que corresponda. Pero también es evidente que no todos son así.

Evidentemente no todos los manifestantes tiran piedras a la policía rompiéndoles el casco y sacándole cuatro dientes, o haciéndoles brechas de 11 puntos de largo; pero los hay. Y esos malnacidos -que lo son- deben pasar en la cárcel por un delito de lesiones, o lo que el juez estime oportuno, tanto tiempo como la ley permita.

Lo que no podemos hacer es criminalizar a todo el cuerpo de policía ni al medio millón de manifestantes (no 50.000 como dice el Gobierno, que debe ser que se perdió Barrio Sésamo), sino solo a los que haya que criminalizar.

Los bebés nacen sin prejuicios, únicamente adoptan la realidad que ven a su cerebro sin procesarla si quiera. Cuando crecen y se hacen niños, adquieren los prejuicios de los padres, los amigos o los conocidos. Y cuando estos crecen y se hacen mayores, siguen con los prejuicios que tenían de niños, porque no somos capaces de vencer a los instintos con la razón.

2 comentarios:

  1. Comparar los prejuicios impuestos en los niños por una sociedad racista con los prejuicios adquiridos por quienes han recibido palos durante años cuando pedían pan... es o una pésima comparación o un cinismo sobrehumano.

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  2. No es una comparación, evidentemente. Es un ejemplo para facilitar el entender del trasfondo del artículo. Lo que quiere decir es lo mismo, y casi lo has dicho: la sociedad nos impone unos prejuicios. En unos casos comunes (xenofobia), y en otros casos según en qué bando estés (si eres hijo de policía, contra los manifestantes. Si eres manifestante, contra los policías). Es una crítica a los prejuicios y a la generalización, y una llamada al raciocinio y a la clasificación.
    Gracias por su lectura, un saludo.

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