22 de marzo de 2014

Derecho a perder

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Escrito por Miguel Ortega.

Escuchaba el otro día hablar a Eduardo Galeano sobre la utopía. Decía: “La utopía está en el horizonte, y yo sé que nunca la voy a alcanzar. Que si avanzo diez pasos, ella avanzará diez pasos más allá. Y me pregunto: ¿para qué sirve la utopía? Y bueno, pues para eso sirve. Para caminar”.

Creo que hay una cierta complicidad utópica en las causas perdidas, creo que esas causas perdidas piden a gritos una voz también perdedora que luche por ellas. Las madres de plaza de mayo argentinas, la familia de nuestro compañero Couso, los pobres chilenos que sufrieron al desgraciado de Pinochet, los nietos de nuestra República... Son causas perdidas que requieren la lucha. Son causas perdidas que tenían la opción de perder, hasta que en 2009 Zapatero restringió por primera vez (aunque tímidamente, es cierto) la Jurisdicción Universal. Tenían la capacidad de luchar por su derrota, hasta que en 2009 le quitaron un poquito de esa potestad. Hasta que el pasado 14 de marzo se lo prohibieron.

Cuando sale el licenciado en el arte de la mentira, Floriano, diciendo que han hecho una ley de Jurisdicción Universal más extensa, porque han incluido no sé qué preceptos, o diciendo que había que controlarlo por las necesidades sociales actuales de no sé quién (porque de la sociedad no), pienso que es más bobo de lo que ya creía. Dice que no nos podemos permitir económicamente mantener ese artículo 23 de la LOPJ. Dice que total para qué, si la posibilidad probatoria es muy difícil y normalmente esos casos no avanzan. Que para qué vamos a investigar ninguna barbaridad china cuando tienen el 27% de nuestra deuda. Hemos sucumbido al capital chino. Antes éramos pobres con no demasiada dignidad. Ahora somos pobres e indignos, de nuevo doblegados por el poderoso caballero Don dinero. De nuevo doblegados a la realidad.
Con la jurisdicción universal no se conseguía nada, dicen. Ninguno de los casos abiertos han sido resueltos; dicen con mala memoria de una nación argentina aplaudiendo a Baltasar Garzón. Dicen también que hay que ser realistas, que no se puede sostener porque éramos los únicos que mantenían una ley tan amplia en ese ámbito. Y que no podríamos conseguir nada. Nos han quitado el derecho a soñar. Nos han quitado el derecho a perder. Nos han quitado una de las pocas cosas por las que España podía estar orgullosa, que era luchar por las causas perdidas que piden a voces una voz perdedora. Enhorabuena, españoles: hemos sucumbido al capital, a las grandes potencias, y a lo peor: a esos malnacidos que a sangre fría se llevaron la vida de miles y miles de personas. Hemos sucumbido a su realidad.

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