2 de marzo de 2014

De Barcina, los nabarros y la minoría de edad

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Escrito por Dabitxo Piston y enviado a través de la sección de Libre Publicación.

Mi ego se está estrellando contra satélites y basura espacial, ya ha salido de la estratosfera. Cuando Barcina fue investida Presidenta lo dije: Esta mujer es incapaz de llevar adelante un gobierno de coalición a no ser que le estén riendo las gracias continuamente y no le lleven la contraria.

En menos de lo que yo pensaba, 11 meses -podéis aclamarme por mi perspectiva; el ego se me ha inflado y hay que darle de comer-, pasó lo que pasó: crisis de gobierno con cese del vicepresidente y reordenación del mismo con fieles escuderos en todas y cada una de las consejerías. Un gobierno con un perfil político muy bajo, que pretendía aparecer como técnico y era lo que era, de incondicionales.

Por el camino Barcina ofreció a los consejeros propuestos por el PSN seguir en el puesto. Parece un regalo envenenado, pero no es más que una de las características de la personalidad de Barcina más sobresalientes y de las que menos se habla.

Me explico.

Yolanda no es una mujer autoritaria. No es una mujer de derechas, o religiosa, o catedrática de Bromatología. Yolanda es un hada buena que ha venido a Navarra a hacer el bien, procurar nuestra felicidad y salvarnos de las fuerzas del mal, que no sólo son las que vienen de Vardulia, sino que según soplen los vientos del caos, la anarquía o la masonería internacional pueden venir de cualquiera de los puntos cardinales.

Yolanda fue durante tres legislaturas el hada madrina de los pamploneses. Si alguna medida tomaba era para su felicidad. Si prohibía actividades que concernían al 40 por ciento de la ciudadanía siempre era porque algún vecino sufría ruidos, aglomeraciones… ella siempre defendía a los débiles, en ello le ayudaba el bruto Simón (remedo de Goliath, el forzudo bonachón del Capitán Trueno) y el resultado siempre era que los ciudadanos le paraban por la calle –y a sus concejales- para felicitarle por ello.

Pero llega un momento en que la magia se va gastando, las fuerzas del mal resultan muñecos de cartón piedra y la Gacetilla del Viejo Reyno riéndole las gracias y pergeñando ilusionismo de humo y tramoya ya no da para mantener la función.

Por eso Yolanda busca nuevos mercadillos medievales en que la crean, se va a la Villa y Corte, hace bolos por los platós y vende su magia y su bondad como imprescindible para sostener y defender la Unidad de España (¿hay algo tan mágico y telúrico como eso?) y de paso a ver si le cae un ministerio, el plan B.

Pues sí, esto parece de los hermanos Grimm, pero yo no elegí el guión.

Los nabarros no somos niños, no somos siervos ni campesinos alemanes del siglo XIII, somos ciudadanos del siglo XXI. Queremos que se nos escuche, queremos pan, trabajo y libertad. Somos mayores de edad, y lo vamos a demostrar le pese a quien le pese. Despertemos y hagamos despertar a nuestros vecinos del Sur del Ebro, tampoco se merecen el encanto del hada corrupta.

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