3 de febrero de 2014

Otro luto

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Escrito por Miguel Ortega.

Juan Gelman
El arte en general y la poesía en particular, ha pasado por su enero más negro en muchísimo tiempo, si no ha sido el más negro de la historia. Se han cerrado las ventanas de la lírica, ya no dejan pasar la luz. En menos de un mes hemos perdido a tres de los grandes poetas que sostenían la poesía de habla hispana: Juan Gelman, José Emilio Pacheco y Félix Grande. Mucha gente no es consciente si quiera de este hecho, muchos ni si quiera les conocían, pero la inmensa mayoría parafrasean su obra en las redes sociales pensando que es una anónimo o alguien muy lejano quién lo escribió. Más triste si cabe todavía.

Félix Grande
Por otro lado, “El País” me ha impresionado favorablemente en cuanto a sus tributos. Juan Gelman fue
despedido con el saludo de Luis García Montero; Manuel Rico entró en la intimidad más profunda de Félix Grande y Alfredo Estrella explicó por qué J. E. Pacheco será incinerado: porque tenía claustrofobia. Quizá entre este último y el primero haya más complicidad y más cercanía porque eran vecinos. De hecho, Pacheco llegó a decir que no sabía a que se debía tanta admiración, si ni siquiera era el mejor poeta de su barrio. Pero seguramente los tres se reencuentren y sigan inventando historias en algún allá más cercano de lo que nos distancian los cementerios.

José Emilio Pacheco
Cada uno tenía su historia, su pesar. Cada uno tenía su pasado y sus miedos. Quizá sea experto en esta
materia Juan Gelman, cuyos hijos y esposa fueron asesinados durante la dictadura argentina; hecho que marcaría su obra para siempre. Por otro lado, el miedo de Félix Grande era el miedo más terrible, porque tenía miedo a dejar de vivir. Grande antes que poeta era vendedor ambulante, vinatero, oficinista, cabrero y amante ciego del flamenco. Como él decía, la poesía era lo que reunía todos los ámbitos, pero no era su vida. Curioso que ahora haya dejado de ser vendedor, vinatero, oficinista y cabrero, pero en cambio sus versos vayan a estar por siempre entre nosotros.

No queda mucho más que decir, el resto lo han dicho ellos en más de medio siglo de escritura. Solo queda que todos caminemos cabizbajos, con un lacito negro en el alma y con el sombrero de medio lado para que no se noten nuestras lágrimas. Cerraré este texto con una frase de Elvira Sastre: Que se muera el mundo / pero que dejen de desaparecer los poetas, por favor. Unos se van mientras otros llegan. Por el momento teñiré mi corazón de luto, hasta que otros rayos iluminan nuestras ventanas.

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