16 de enero de 2014

Una infanta en el país del no saber

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Una llega a cierta edad sabiendo que desconoce muchas cosas y, para sobrevivir a una madurez que le cae, sí o sí, como una losa de cierto peso, pone en práctica ese mecanismo de defensa que consiste en ir arrinconando, hasta casi creer que desaparece, ese saber que no se sabe nada. Pero, mire usted por donde, cuando una cree que ha logrado esconder su fragilidad cognoscitiva, siempre llega un aguafiestas dispuestísimo a fastidiar.

Esta vez se trata de un señor muy (supuestamente)  erudito, con aparente, y calculada, apariencia de bonhomía y sonrisa amplia, el señor Jesús María Silva, uno de los abogados de la infanta Cristina, que en eso del no saber no es precisamente infanta sino reina reinísima.

Cuando escuché a este señor, que acumula santidad en su doble nombre (Jesús y María) comentar con total naturalidad que creía firmemente en la inocencia de  su (indefendible) defendida y que, según la opinión de este pariente de Heidi, la infanta había actuado desde la fe por amor a su marido y que no sabía lo que estaba haciendo cuando, por ejemplo, sacó una tarjeta, que en lugar de la titularidad de su nombre tenía como titular Aizoon, para cargar a esa cuenta unos 1.741 euros de nada por una vajilla de cerámica, no tuve más remedio que aceptar que sí, que es verdad que no sé nada, como la infanta, y que como ella vivo en el país del no saber.

Este país, que es de  lo poco que tenemos en común la infanta, el letrado y yo, es realmente un país exótico, que ganaría sin duda no uno sino varios óscar: a la peor película, al mejor actor de reparto (para el que está nominado ese al que, según exija la ocasión, acercan o destierran, afectivamente hablando, llamándole Urdangarín o, si conviene, como el caso del amor ciego, el marido-esposo de la infanta); la mejor actriz de reparto (Cristina), el mejor guion original (El amor que provocó mi firma automática) ; mejor guion adaptado (la defensa de una infanta enceguecida de amor); mejor montaje (defendiendo el caso Noos) ; efectos especiales (con la colaboración del Ministerio de Hacienda y parte de la policía del país del no saber); mejor maquillaje (todo el proceso) y, por último, mejor canción original (“Love makes me idiot”).

Usted no lo sabe pero vive, sobrevive, en el país del no saber, en un país de cuento (de –falsas-cuentas)  en el que reina, entre visita y visita a un hospital, un monarca que no sabe lo que caza, no sabe lo que dice (no se sabe si por envidia a los británicos y a su George VI);  no sabe que familia y milicia y, cumplimiento y sufrimiento riman, pero no son lo mismo; que no sabía nada del golpe de estadono sabe distinguir una conseguidora rubia de una administrativa y que no sabe que Noós no es un pronombre personal de primera persona del plural.

Ese país del no saber  es el país en el que decenas de auditores viven, "superviven", sin saber que hay problemas, agujeros por los que, con donaire y presteza, se esfuma el dinero de los que poco tienen. En él, un presidente que no sabe el significado del término mayoría absoluta, no sabe que la amistad (las malas amistades) puede ser peligrosa para los habitantes del país.

En ese país de la ignorancia, súbita y a conveniencia, hay muchos no saberesque, poco a poco, nos van dejando sin aliento, sin recursos y sin derechos:



Esto es parte de lo que, ignorante de mí, no sabía hasta que ha llegado uno de los letrados de la infanta y me ha hecho ver que estoy, estamos, rodeados de gente (gentuza) que ama, a manos llenas y con el corazón encendido y que, precisamente, ese amor tan puro y su inocencia, les hace hacer, a veces, algunas cosillas irregulares que, seamos comprensivos, en el fondo no son tan graves, ¿no?

PS: Finalizo con algo más de lo que no sabía, que es la filosofía con la que se auto-promociona el bufete del abogados de la hija del monarca del país del no saber, curiosamente un poco contradictoria con esa ingenuidad y LOVE IS IN THE AIR de las que ha hecho gala el letrado sonriente.

1 comentario:

  1. Creo que lo mas importante es respetar la ley sea la infanta u otra persona. No estoy de acuerdo con lo de las resoluciones ejemplarizantes porque se desvirtúa del objetivo que tienen las leyes. Un saludo.

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