18 de enero de 2014

Joven democracia

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Escrito por Miguel Ortega.

Decir que nuestra democracia está fuerte y sana, quizá sea demasiado. Lo óptimo sería decir que vivimos en una democracia joven, como la califican algunos. Sobretodo porque es poco experimentada en esto de ser democracia. Nuestra pobre huerfanita es muy infantil. Su padre murió con Franco, y a su abuela la II República hace ya mucho que no la visita en el cementerio.

No sabe cómo comportarse en determinadas situaciones y, naturalmente, a veces se equivoca. No sé, la alcaldesa que organiza un mercadillo nazi-franquista, por ejemplo. O la concejala que nos recuerda que de vivir el Caudillo, los rojos estaríamos a la espera del paredón. O cuando a diario los madrileños le dicen a sus gobernantes que no quieren privatizar la sanidad, y ellos en un gesto de joven y pura democracia, no les hacen ni puto caso.

Pues la última peli producida es “El diálogo de Gamonal”. El alcalde jura por sus antepasados que la decisión del bulevar ha sido total y absolutamente dialogada. No entiendo por qué no le íbamos a creer: seguramente haya sido un consenso. Con el barrio al que le va a afectar quizá no, ¿pero con la concesionaria que lo va a llevar a cabo? Ya les digo yo que sí. Además me gustaría saber de quién es familia o amigo; llámenlo intuición.

No pasa nada. Nuestra democracia es joven, y ya saben que un vino es mejor cuanto más tiempo reposa. Hay que dejarlo descansar, qué se yo; ¿otros cuarenta años? Quizás así nos demos cuenta de que dentro de otros cuarenta años más no va a cambiar nada, que nos van a seguir gobernando los hijos o nietos de los mismos que hay ahora, con la misma idea de clase, con la misma idea de democracia, mientras nosotros evolucionamos y dejamos reposar un vino que siempre sabrá amargo.

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