30 de diciembre de 2013

Perfilando al defraudador

1
Publicado por

Escrito por Emilio José.
“El pensamiento moderno consiguió emancipar por primera vez lo político y lo económico de las antiguas reglas morales, no sólo mediante la relajación más o menos instrumental y transitoria de estas reglas, sino a base de identificar con el bien el poder y la riqueza y con la virtud el afán de acrecentarlos”.
José Manuel Naredo, economista y estadístico.
“Confirmo que no me gusta el ideal de vida que defienden aquellos que creen que el estado normal de los seres humanos es una lucha incesante por avanzar y que aplastar, dar codazos y pisar los talones al que va delante, característicos del tipo de sociedad actual, constituyen el género de vida más deseable para la especie humana. […] No veo que haya motivo para congratularse de que personas que son ya más ricas de lo que nadie necesita ser, hayan doblado sus medios de consumir cosas que producen poco o ningún placer, excepto como representativas de riqueza”.
John Stuart Mill, economista y político británico, 1848.
Image 
La consultora KPMG ha hecho un estudio basado en cientos de casos para detallar el perfil del defraudador corporativo a nivel global. Los resultados nos dicen que el defraudador suele ser una persona respetada en su ámbito laboral y social, que ocupa puestos de responsabilidad en su empresa, habitualmente, de dirección o gerencia, llevando en ella más de 10 años.  De edad comprendida entre los 36 y 55 años, trabaja en el área financiera. En el desarrollo de sus actividades delictivas actúa en compañía de otra persona y suele tener un poder excesivo dentro de su área. Está persona puede aparentar que trabaja y se esfuerza más que nadie porque renuncia a tomar vacaciones, principalmente, para cubrir sus acciones ilícitas.
Image
¿Qué mueve a estas personas a realizar estos fraudes? Sobre todo, la avaricia, el beneficio económico y la codicia. Llevan un nivel de vida ostentoso, difícil de mantener, adictos al lujo, los viajes, los coches, las fiestas o las compras. Una forma de vivir y actuar característicos de personas que no gustan atenerse a normas ni a reglas porqueles invade una nada extraña sensación de superioridad sobre los demás. Y claro, alguien que se siente superior a los demás muchas veces también siente que su trabajo está mal remunerado y sus esfuerzos merecen un mayor premio pecuniario. Esta es otra de las principales razones que mueven al defraudador. Nunca todo será suficiente para algunos egos…
Image 
La consultora resalta que los fraudes están aumentando en número y cantidad del monto defraudado. A nivel global alcanzan los 2,6 billones de euros anuales. El 5% del PIB mundial. En España la cifra alcanza los 50.000 millones de euros, siendo los sectores más afectados: infraestructuras, telecomunicaciones, finanzas y energía… No debemos engañarnos. Estos fraudes sólo son la punta de iceberg. Nunca se suele coger a los ‘peces gordos’ sino que sólo caen en las redes los que tienen un poder limitado y subalternoEl despilfarro de dinero y su malversación, realmente, son mayores, pues solo se coge el delito obsceno y alevoso que no sirve a los intereses de la empresa. Asimismo, aquí no aparece el fraude más cuantioso. El hecho en nombre de la empresa, por y para ella. El estallido de las últimas crisis económicas han puesto de relieve estos numerosos fraudes, que el número de castigados por ellos haya sido irrisorio y nunca afecte a la cúpula directiva, es una muestra esclarecedora de la impunidad que caracteriza al mundo corporativo. El sistema premia el fraude y el engaño; oculta, difumina y normaliza el delito.
Image
El informe de la consultora concluye, entre otras recomendaciones, que se debe crear una sólida ética profesional, pero ¿qué clase de ética se puede crear en empresas que han hecho del soborno, las comisiones, el cobro de subvenciones y el ‘apaño’ de concursos públicos, la explotación laboral, el desmantelamiento de los derechos laborales, la destrucción del medio ambiente, el fraude fiscal, el fraude de ley, los contratos con costes inflados, los sobreprecios en sus facturas y servicios, las clausulas abusivas, la estafa y la fullería, el abuso de poder, el monopolio, la competencia desleal, los comportamientos voraces en todos los ámbitos y el no tener ningún tipo de límite, su forma principal de reproducción y crecimientoCuando te han enseñado que no existen límites en la búsqueda del beneficio económico y que éste está por encima de cualquier cosa ¿por qué te vas a auto limitar?  Y más, cuando los frenos morales van a ser un impedimento a tu progreso profesional. Si ves que tu empresa o tus jefes se mueven de esta forma ¿por qué no vas a reproducir esos mismos comportamientos que son premiados y están absolutamente normalizados?
Image
El perfil del defraudador, simplemente, describe perfectamente la acción de un tipo de filosofía y pensamiento socio–económico dominante en los actuales usos políticos y empresariales, ensalzando el dinero y el enriquecimiento individual como el fin último y más valioso. Una economía deshumanizada que justifica todas sus iniquidades bajo el paraguas pseudocientífico de una supuesta eficiencia económica, que, sospechosamente, siempre favorece a la misma opulenta minoría. El genio, el reconocimiento y el éxito de una persona son proporcionales a su fortuna. Y habrá poderosas campañas publicitarias y, fervorosos panegíricos mediáticos, que nos recuerden la benignidad del multimillonario visionario.
Image
El informe saca a luz sólo una parte de las prácticas habituales dentro de las empresas, que se pueden hacer extensibles a otros ámbitos de la vida social y política. Es lo normal cuando el fin principal es el medro, el egoísmo y la ambición personal. Cuando todo se puede comprar y se compra. Prácticas – despilfarro y discrecionalidad – que se ocultan mediante potentes campañas de lavado de cara y obras de caridad, fraudes contables – ellos lo llaman creatividad – y una total opacidad y falta de transparencia. La responsabilidad social corporativa es puro maquillaje, y la autorregulación de quien es incapaz de regularse y limitarse es una utopía. La coartada para el crimen perfecto. Los medios saben muy bien donde poner el foco informativo según convenga a los intereses de sus dueños. 
Image
Podemos concluir que vivimos, parafraseando a John K. Galbraith, en la economía del fraude inocente. Esta es la verdad de nuestro tiempo: el dominio de “un sistema corporativo basado en un poder ilimitado para el autoenriquecimiento” donde “la creencia en una economía de mercado en la que el consumidor es soberano es uno de los mayores fraudes de nuestra época”. 
FUENTES:
“La economía en evolución: invento y configuración de la economía en los siglos XVIII y XIX y sus consecuencias actuales” José Manuel Naredo.

Seguir Leyendo

29 de diciembre de 2013

La conquista del pan

0
Publicado por

Ejemplos de la lucha social extremeña.

Escrito por Javier Mestre.


“Que la vergüenza la sientan ellos” era el lema. Activistas del Campamento Dignidad de Mérida (Badajoz) repartieron frente a la sede de la Asamblea de Extremadura bolsas de alimentos a 176 familias el pasado 22 de noviembre. Dos días después, doña Carmen Aguirre Castellanos, miembro del Opus Dei y presidenta del Banco de Alimentos de Badajoz, comunicaba a la Asociación Campamento Dignidad que les suspendían de inmediato el suministro de alimentos porque habían hecho un “uso político” con ellos. Ahí los tenemos, al frente de las organizaciones privadas que reparten la comida que el Estado compra con fines caritativos. Don José Antonio Busto Villa, el presidente de la Federación Española de Bancos de Alimentos, también es un notorio miembro del Opus Dei. Pero el Campamento Dignidad sigue en pie de lucha y está plantando cara. Van a disputar por todos los medios el derecho a acceder, como cualquier otra asociación, a los productos básicos adquiridos por el Fondo de Garantía Agraria (FEGA), que compra cantidades masivas utilizando fondos europeos y las reparte a través de dos entidades: la Cruz Roja y los bancos de alimentos. Ya se han unido trescientas familias emeritenses a los repartos del Campamento, porque así, además de cubrir la necesidad biológica, fortalecen la necesidad moral de no sentirse culpables de su pobreza. Los culpables son ellos, los de la clase de los que dirigen el FEGA y los bancos de alimentos, de los diputados regionales que legislan siempre mirando hacia otro lado, de los gobernantes que echan a la gente de las viviendas de alquiler social, de los banqueros que ejecutan las hipotecas, de los ejecutivos de privatización del agua o la luz que se las cortan a las familias en paro.

Enfrente de la oficina de empleo de Mérida se trabaja muy seriamente en el camino para dar la vuelta a la tortilla: ¿quién y cómo ha de organizar la transformación social? Siempre en la calle, a pie de cola de parados y paradas, la cuestión no ha consistido, obviamente, en hacer un debate, mesas redondas, cónclaves de universitarios de izquierdas. A partir de una certeza muy simple, a saber, que el movimiento se demuestra andando, y con una premisa de sentido común a modo de guía ideológica, a saber, que no van a ser precisamente los banqueros o sus manijeros quienes arreglen esto que tanto los beneficia, un puñado de militantes llevan tres años arremangados y construyendo la alternativa con los compañeros y compañeras que más perentoriamente la necesitan. De modo que han dejado de lado todo un léxico, la jerga de la izquierda de siempre, por lo menos en sus vertientes más decididamente abstractas, y han puesto todo su valor e ingenio en buscar la conexión con la clase obrera marginada y desarticulada, la que se lleva todos los palos y apenas puede respirar en la lucha por sobrevivir día a día.

Hay un detalle muy importante en el trabajo político del Campamento Dignidad: desde el más bregado en luchas hasta el que acaba de llegar, todo el mundo tiene clara conciencia de la precariedad en la que estamos instalados; hoy son unas familias las que necesitan ayuda alimentaria o apoyo para que no las echen de sus casas, pero mañana le puede tocar a cualquier otra de las que se creen más firmemente asentadas en la clase media. Esto elimina cualquier atisbo de caridad en los actos. No están las víctimas y quienes las ayudan. Se trata de un concepto casi opuesto, el cimiento de la dignidad. Se trata de solidaridad, de fraternidad, de un trabajo entre iguales conscientes de que, aunque las condiciones de vida de cada uno difieran bastante, los objetivos de la acción son los mismos para todos porque, como dice el refrán, hoy por ti y mañana por mí.

No es una casualidad que la lucha por el pan del Campamento Dignidad de Mérida provenga de la lucha por una renta básica ciudadana. Sin la subsistencia asegurada es imposible la ciudadanía, porque la necesidad nos convierte rápidamente en esclavos de las determinaciones que establecen otros. Tampoco es casualidad que el Opus Dei ande tan notoriamente presente en las instituciones caritativas que reparten alimentos a los miles de familias que están pasando hambre. Perdóneseme la cita, pero Karl Polanyi, en La gran transformación, sitúa el momento decisivo del capitalismo inglés en el punto en el que el Estado elimina los sistemas de subsidio de pobres, lo cual los obliga a vender su fuerza de trabajo a los capitalistas industriales en las peores condiciones que uno pueda imaginar. Para la burguesía es muy importante que los pobres sientan vergüenza de serlo; que el parado o la parada se sientan culpables; que la marginación se viva como un trauma merecido. Cuanto más culpable la pobreza absoluta, más dura la explotación, porque más dispuestos estamos a tragar con tal de no caer en ella.

El Campamento Dignidad enseña lo elemental a quienes queremos cambiar la sociedad: hay que empezar por nuestra gente, la clase obrera, por que crezcan en ella la dignidad y la conciencia. Ahí se encuadra esta nueva conquista del pan, la disputa de la parte del león del reparto de alimentos, la que proviene de fondos públicos, al entramado vergonzante de la caridad. No hay que perder de vista en ningún momento que la dignidad empieza donde termina el hambre. Más de uno ha de saber que una mayoría parlamentaria sin una fuerte organización social detrás será un pelele para los poderes fácticos, y la fuerza transformadora provendrá siempre de quienes más la necesitan.

Ahora, en navidad y fin de año, el Campamento Dignidad se ha encerrado en la concatedral de Mérida para que se les atraganten los langostinos a los responsables de que aún no se haya pagado a millares de familias, después de medio año (medio año de supervivencia extrema), el subsidio mínimo que el gobierno regional ha denominado “renta básica”. Esta paguita que la burocracia del gobierno del PP está tratando de retrasar por todos los medios es un primer fruto de la lucha colectiva y exige todavía más pelea para que se termine de convertir en realidad. Con el encierro se está reivindicando, además, el derecho a que no le corten el agua y la luz a la gente que no las puede pagar, el final de los desahucios, el comienzo de una verdadera política de empleo para acabar con el paro... y el derecho de todas las familias a disfrutar de las fiestas; para ello han repartido comida y repartirán también juguetes, todo fruto de la solidaridad ciudadana con el Campamento Dignidad.

Detalle final. Desde hace algún tiempo, los portavoces del movimiento extremeño van de aquí para allá explicando lo que están haciendo e impulsando una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) por una renta básica ciudadana a escala estatal. Lo que pasa en Extremadura partió de la importante y muy unitaria labor militante de recogida de 27000 firmas por la renta básica en la región, un ejercicio de comunicación persona a persona que dio un impulso inesperado a la lucha social. Y ahora los expertos, es decir, los que han demostrado el camino a seguir con los hechos y no con los simposios, estiman necesario que todo esto crezca y sea la llamita que encienda el gran fuego en toda España.

Seguir Leyendo

Los balances de un patético Rajoy y el 2013

1
Publicado por


Desde fuera parece patético. Patético él, Rajoy y patético ese mecanismo extraño que, a fuerza de repetirse se ha convertido en natural, por el que reaccionamos, periodistas, tertulianos, informadores y público en general cada vez que este indecente presidente por mayoría absurda, (perdón absoluta), tiene a bien salir de su estado plasmático y dirigirse a su sometido pueblo. Me refiero al mecanismo histriónico por el cual reproducimos, unos y otros, sus indecentes e inadmisibles palabras, sus indecentes e inadmisibles mentiras, sus indecentes e inadmisibles promesas que se verán convertidas, sin margen de error, en amenazas cristalizadas en reformas, retrocesos y tijeretazos.

Ayer, el susudicho dejó por un momento la superficie exquisitamente pixelada de la realidad virtual en la que habita, como teleñeco aupado en una supremacía basada en el fraude electoral -referido a las innumerables promesas e intenciones que sembraron el periodo pre-electoral previo a su asentamiento en la golosa silla del poder y que van dejando, tras él, un paisaje de nada prendido con alfileres de hambre y desesperanza a nuestra realidad-, salió del único foro con capacidad para resistir la mentira, el plasma, y vomitóla dosis normativa, terapéutica para que su conciencia permanezca inexistente, de “yo, yo y los míos” vinculándola a datos absolutamente falsos, a eufemismos cuidadosamente seleccionados y a videncias de futuro con una garantía de éxito como las enunciadas clásicamente por ese conocido vidente nacional, con gafas de concha y túnica de Demis Roussos en estampado de tela de sofá.

Y automáticamente, como haciendo la ola, aunque a la inversa, aquí estamos, desde ayer, molestándonos en analizar sus declaraciones, refrendando con mil y un argumentos la afirmación de que son una mentira urdida con números dictados por sus asesores mentirosos y sus estudios y análisis, tan serios y exhaustivos como los que realizó la empresa DELOITTE a Bankia, una auditoria que, en plena crisis (ESTAFA) de la entidad se atrevió, con naturalidad y desparpajo, a firmar que Bankia era una entidad solvente con problemas no graves que se reducían a los “habituales” en el sector.

Como decía, resulta patético el indecente presidente, saliendo a escena, una España que no es sino un coto privado de corruptos, para representar laperfomance de tener la deferencia de informarnos (ellos le llaman hacer balance, incapaces como son de ni siquiera pensar que deberían denominarlorendir cuentasdar explicaciones a un país al que se supone se deben, políticamente hablando) sobre el periodo -lamentable, represor y de retroceso- en el que, junto con su equipo de clones políticos, llevan campando a sus anchas. Pero resulta igual de patético -una ya, a estas alturas lo ve así- que nos molestemos, precisamente sus víctimas, en hacernos eco en la prensa de su actuación, escandalizarnos, rebuscar en la hemeroteca de la realidad (una hemeroteca de la vergüenza) y responderle con explicaciones que intentan, así lo parece en el fondo, convencerle de que no somos tan idiotas como nos quiere hacer ver y no tragamos su “balance”. Resulta patético porque, sencillamente, el indecente presidente no se merece ni una sola de nuestras palabras, de nuestros articulos, reseñas, comentarios, alusiones…ni un solo pensamiento.

El indecente presidente se niega por sistema a aparecer ante nosotros y nosotros deberíamos ser buenos y seguir su ejemplo: negarnos a aprecer ante él, negarnos a analizar sus balances del tiempo de su (anti)gestión. ¿Para qué? ¿Para darle la satisfacción de reforzar su egoidea de que es el centro de nuestra realidad, el guerrero del siseo, el abanderado de los buenos, la mismisima reencarnacion del dios de lo bueno y de lo recto? ¿Hace falta que analicemos sus salidas de plasma, cuando sabemos, con total y probada certeza, que son una mentira amasada lentamente, una indecente cadena de tergiversaciones y de falsedad? ¿No sería mejor hacer como hace él con los periodistas y prohibir, a él y a sus declaraciones falacia, que forme parte de nuestra realidad?

Seguramente, por la inteligencia y el ojo social de los que le votaron y le auparon para que alcanzara a colocar sus posaderas, tendremos que seguir soportando la humillación de su (des)gobierno por un (injusto) tiempo más…pero ¿Por qué no probar a ingorarle cada vez que hace balance y forzar la realidad para que el indecente presidente se quede sin público cada vez que nos ataca con una nueva ráfaga periódica de mentiras? ¿Por qué no desaparecer cuando él aparezca?

La organización de consumidores ha convocado un apagón general para el próximo 30 de diciembre ¿Por qué no convocar un apagón general de Rajoy y los suyos, como mínimo, cada cierto tiempo? Estoy segura de que, con el índice de egolatría, tan inconmensurable como inevitable, si se vieran sin público se morirían de rabia y frustración.

Seguir Leyendo

28 de diciembre de 2013

Un tirano sin corona

0
Publicado por

Escrito por Miguel Ortega.

Moisés consiguió separar las aguas, pero Gallardón ha conseguido que más de media España se junte para ponerle a parir. La comparativa es absurda, pero así, si me lee el susodicho (pobre soñador de mí), entenderá lo estúpida que es su ley. No así, hay que entenderle. Sus compis privatizan la sanidad, la educación, los servicios sociales, la dependencia... ¿él que puede privatizar? ¿Los vientres de las mujeres? Pues de cabeza.

Debe de haber una competición entre ministros. Me gusta imaginarlos entrando en Moncloa trajeados, peinados -menos Montoro-, saludando con la mano que les quede libre del maletín, etc, y salir luego con la corbata en la cabeza y la camisa a medio abrochar voceando una nueva ley que se les acababa de ocurrir en mitad de la farra. Me los imagino en las reuniones ministeriales: `pues yo he congelado el salario mínimo´; `ah, ¿sí? Pues yo he hecho una reforma laboral para hacer como que subo el empleo´; `¡sí, pues yo he metido una cruz en cada libro!´; y Gallardón, pobre tirano sin corona ni bastón de mando, dijo: `Pues yo me voy a adueñar de todas las vaginas de este país, y voy a decir que soy un progre, ¡jodeos!´.

Ya en casa, tras las cantidades ingentes de alcohol derramado por su esófago, las voces y gritos emanados en Moncloa, los puros y las leyes que se cruzan con la Iglesia y los lobbies ultracatólicos, nuestro tirano sin corona ni bastón lee de nuevo lo que ha hecho. Sabe que no será recordado como el Ministro con la ley más progre de la legislatura popular de Rajoy. Sabe que será recordado como el hombre que no pudo meter la tijera en la economía o en los servicios sociales; así que la metió en los derechos. Ya puedes estar orgulloso Gallar -si me permites la cercanía-. Ya has conseguido tu corona y tu bastón.

Seguir Leyendo

26 de diciembre de 2013

La Iglesia Católica recibirá del Estado más de 13 millones de euros al mes

0
Publicado por


En el Boletín Oficial del Estado publicado este 26 de Diciembre de 2013 se anuncian los detalles de la Ley de Presupuestos Generales aprobada para el 2014.

Una de las disposiciones adicionales, correspondiente a la financiación de la Iglesia Católica, establece:
Durante el año 2014 el Estado entregará, mensualmente, a la Iglesia Católica 13.266.216,12 euros, a cuenta de la cantidad que deba asignar a la Iglesia por aplicación de lo dispuesto en los apartados Uno y Dos de la disposición adicional decimoctava de la Ley 42/2006, de 28 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado para el año 2007.
Antes del 30 de noviembre de 2015, se efectuará una liquidación provisional de la asignación correspondiente a 2014, practicándose la liquidación definitiva antes del 30 de abril de 2016. En ambas liquidaciones, una vez efectuadas, se procederá por las dos partes a regularizar, en un sentido o en otro, el saldo existente.
Imagen facilitada por Itobé

Este hecho, de por sí incompatible con un Estado laico, resulta más vergonzoso aún si se compara con los 110 millones de € menos que el Ministerio de Educación dedicará a becas de carácter general el próximo año, la eliminación del programa de becas Séneca que costaba 6,67 millones de € al Estado (la mitad de lo que se dará a la iglesia en un solo mes), la congelación del salario mínimo interprofesional en 645,30 € mensuales o los 809 millones de € que la Seguridad Social dejará de gastar tras el recorte en las pensiones.

Seguir Leyendo

25 de diciembre de 2013

"A ustedes les va a pasar lo mismo", documental sobre el Paro Agrario y Popular‏ en Colombia

0
Publicado por

2013/ Diciembre 16/ Alexander Escobar/

Durante el Paro Agrario y Popular el periodismo tuvo como reto cubrir su desarrollo desde el interior de los hechos, y no desde los costados de la versión oficial que niegan y tergiversan la realidad. El reto significó, por tanto, enfrentarse internamente como periodistas, es decir, interrogarse a diario no solo por la forma en que narramos los hechos, sino también preguntarnos sobre el porqué de la necesidad de hacerlo.


La última pregunta implica el derrumbe de la barrera imaginaria que separa al periodista del involucramiento con su realidad. 660 casos de violación a los Derechos Humanos cometidos por la Fuerza Pública, 837 detenidos, 21 personas heridas por arma de fuego, 52 casos de ataques indiscriminados a la población civil, y 12 manifestantes asesinados durante el Paro, hacen de esa barrera algo insostenible.

La barrera se vuelve imaginaria, puesto que el desconocimiento de estas cifras, la falta de difusión masiva para su debate público, demuestran que durante el cubrimiento la política editorial de las corporaciones mediáticas fue presentar el Paro desde los costados, y no desde el interior de sus protagonistas que hoy cuentan con varias decenas de prisioneros políticos en las cárceles colombianas.

Es claro que el ejercicio del periodismo demanda conocer o acercarse a una interpretación responsable de la realidad. Y cuando ello ocurre, la presentación de los hechos debe ser cercana a esa interpretación, algo que no ocurrió si tomamos como medida de verificación los 660 casos de violaciones a los Derechos Humanos y los prisioneros políticos que hoy desconoce la opinión pública.

Son estos hechos los que evidencian que la barrera imaginaria que algunos han denominado como “objetividad” o “imparcialidad”, dentro de un contexto de confrontación política e ideológica se torna insostenible, en tanto que es una guerra elevada y tecnificada a diario en el escenario mediático.

Es en este otro escenario de la guerra donde infinidad de periodistas han tomado partido por el lado de la injusticia. El Paro Agrario y Popular dejó clara esta situación. Pero por fortuna también dejó claro la existencia del periodismo independiente y el trabajo de los medios de comunicación alternativos y populares que se adentraron al interior de los hechos y sus protagonistas, haciendo evidente otras historias que los periodistas de la injusticia trataron de ocultar.

Dentro de este contexto político e ideológico términos como “objetividad” e “imparcialidad” se tornan, entonces, en chantaje y forma de control para impedir el involucramiento del periodismo en la defensa de los intereses colectivos de la sociedad. Sabemos que objetividad e imparcialidad no son política de los medios privados de comunicación convertidos, hoy por hoy,  en corporaciones mediáticas donde sus periodistas tergiversan y esconden la realidad de los hechos para favorecer intereses económicos y políticos de quienes gobiernan en contra del pueblo colombiano.

El periodismo no puede ser visto sin el periodista, o dicho de otro modo, sin el sujeto que de una u otra manera se involucra con su realidad, y que tomando partido por la injusticia o en contra ella, afecta su entorno por medio de las herramientas de su profesión. Por ello resulta ingenuo pensar que el periodismo nació por la necesidad de informar en forma desinteresada. Quienes informan o presentan un hecho siempre han tenido y tendrán un interés, y corresponde a la sociedad analizar si ese interés, y la forma como se presentan los hechos, son de condenar por la infamia que los define, o de aplaudir por la seriedad investigativa y el propósito de bien común para la sociedad.

Lo anterior es quizá la única forma posible de presentar el siguiente documental, porque, además de constatar las graves violaciones a los Derechos Humanos sufridas por los manifestantes, también nos sumerge en estos debates del periodismo que aún no terminan. A ustedes les va a pasar lo mismo lleva por nombre esta producción audiovisual, fruto del cubrimiento realizado por la Comisión Departamental de Comunicaciones de la Marcha Patriótica y la Red de Medios Alternativos y Populares (REMAP).

De inicio a fin acompañamos el Paro Agrario y Popular en el Valle del Cauca, lo cual significó que el 70% de nuestros equipos fueran robados por la Fuerza Pública y que seis de nuestros compañeros terminaran detenidos. Estas y otras violaciones a los Derechos Humanos, todavía más graves, quedaron registradas en el siguiente documental, con imágenes inéditas que constituyen un testimonio para la memoria de un país que requiere cambios profundos en su estructura para finalizar la guerra y dar inicio a la Paz con Justicia Social.



Colombia, 2013. 32 min.


Producción: Mesa Agropecuaria y Popular de Interlocución y Acuerdo (MIA) del Valle del Cauca. Cubrimiento y realización: Comisión Departamental de Comunicaciones Marcha Patriótica, Red de Medios Alternativos y Populares (REMAP). Guión y edición: Alexander Escobar. Caricatura: Vladdo. Música: La Sancocho Orquesta. Archivo:Independencia TV, Radio Independencia, rpaSUR, Punto Crítico, Cable Noticias, Hispan TV, La Sancocho Orquesta, Red de Derechos Humanos ‘Francisco Isaías Cifuentes’, 90 Minutos, Noti5, CNC Palmira, CNC Tuluá, Súper Noticias del Valle, El País, Caracol Noticias.

Seguir Leyendo

24 de diciembre de 2013

Filtrado el discurso del rey

0
Publicado por


Este es el discurso de Juan Carlos para el mensaje de Navidad. Filtrado media hora antes de pronunciarse y obtenido gracias a @teleoperador.


"Buenas noches.

Quiero expresaros a todos mi cordial felicitación en esta Navidad, desearos un venturoso Año Nuevo y compartir con vosotros mis reflexiones sobre el que estamos acabando y mis convicciones sobre nuestro futuro en común.

España continúa sufriendo los efectos de una crisis económica y financiera de una duración y magnitud desconocidas en la historia reciente de la Unión Europea, con efectos muy negativos sobre las personas, las familias y las empresas.

Quiero, por eso, empezar mis palabras con un saludo especialmente afectuoso a aquellos a quienes con más dureza está golpeando esta crisis: a los que no habéis podido encontrar trabajo o lo habéis perdido durante el año que va a terminar; a los que por circunstancias diversas no podéis disponer de una vivienda; a los jóvenes que no habéis podido encauzar todavía vuestra vida profesional; a todos los que habéis soportado tan duros sacrificios con coraje, y a quienes lucháis con vuestros mejores esfuerzos por hacer realidad vuestras legítimas aspiraciones.

Saludo también a quienes estáis aportando lo mejor de vuestra creatividad y de vuestro talento para superar las dificultades. Pienso en particular en todos los emprendedores; en la pequeña y mediana empresa que sostiene el tejido productivo de la Nación; en los trabajadores autónomos; en los inmigrantes, cuya aportación hay que agradecer sin reservas; en los servidores públicos; en quienes estáis trabajando fuera de España.

Y pienso en vosotros, las personas mayores, los pensionistas, que estáis siendo el soporte de muchas economías familiares. Gracias por vuestra ayuda. Es extraordinaria la fuerza de la familia en España, y fundamental el papel que está jugando en esta grave crisis. Gracias también a la sociedad civil que ha demostrado una solidaridad verdaderamente ejemplar para atender a millones de personas en graves dificultades. Gracias, en definitiva, al conjunto de los ciudadanos por vuestro ejemplo de responsabilidad y de civismo en tiempos ciertamente difíciles.

Permitidme dedicar un recuerdo muy especial y emocionado a las víctimas del terrorismo, con las que la sociedad sigue teniendo una permanente deuda de gratitud. Unas personas y unas familias que durante décadas han sufrido cruelmente la violencia y el terror de unos criminales totalitarios. Sé que estáis pasando momentos especialmente difíciles.

Hoy, como antes y como siempre, quiero compartir vuestro dolor con renovada solidaridad y expresaros todo mi apoyo.

Es indiscutible que la crisis económica que sufre España ha provocado desaliento en los ciudadanos, y que la dificultad para alcanzar soluciones rápidas, así como los casos de falta de ejemplaridad en la vida pública, han afectado al prestigio de la política y de las instituciones.

Sé que la sociedad española reclama hoy un profundo cambio de actitud y un compromiso ético en todos los ámbitos de la vida política, económica y social que satisfaga las exigencias imprescindibles en una democracia. Es verdad que hay voces en nuestra sociedad que quieren una actualización de los acuerdos de convivencia.

Estoy convencido de que todas estas cuestiones se podrán resolver con realismo, con esfuerzo, con un funcionamiento correcto del Estado de Derecho y con la generosidad de las fuerzas políticas y sociales representativas.

Realismo para reconocer que la salud moral de una sociedad se define por el nivel del comportamiento ético de cada uno de sus ciudadanos, empezando por sus dirigentes, ya que todos somos corresponsables del devenir colectivo.

Esfuerzo para que la economía confirme los indicios de recuperación que se están empezando a ver y que tienen que ser todavía más sólidos, porque no podemos aceptar como normal la angustia de los millones de españoles que no pueden trabajar. Para mí, la crisis empezará a resolverse cuando los parados tengan oportunidad de trabajar.

Funcionamiento del Estado de Derecho para que la ejemplaridad presida las instituciones, para que se cumplan y hagan cumplir la Constitución y las leyes, y para que las diferencias y las controversias se resuelvan con arreglo a las reglas de juego democráticas aprobadas por todos. El respeto de esas reglas es la garantía de nuestra convivencia y la fortaleza de nuestra democracia. Esta es una verdad incuestionable que debemos tener muy en cuenta.

Y, como siempre, generosidad para saber ceder cuando es preciso, para comprender las razones del otro y para hacer del diálogo el método prioritario y más eficaz de solución de los problemas colectivos.

Mi posición me ha permitido vivir las múltiples vicisitudes por las que ha atravesado España, a la que he dedicado mi vida. He visto momentos malos y buenos y siempre hemos sabido los españoles salir juntos de los malos y construir juntos los buenos.

Con esa experiencia, puedo decir que el sistema político que nació con la Constitución de 1978 nos ha proporcionado el período más dilatado de libertad, convivencia y prosperidad de toda nuestra historia y de reconocimiento efectivo de la diversidad que compone nuestra realidad. Conviene que lo tengamos bien presente, pues a menudo se pretende que lo ignoremos o lo olvidemos cuando se proclama una supuesta decadencia de nuestra sociedad y de nuestras instituciones.

Reivindicar ese logro histórico no es incompatible con reconocer, como acabo de señalar, la necesidad de mejorar en muchos aspectos la calidad de nuestra democracia. Esa crucial tarea de modernización y regeneración no es competencia exclusiva de los responsables políticos. También lo es de los agentes económicos y sociales y de la sociedad en su conjunto a través de sus estructuras organizativas.

Durante muchos años, juntos hemos caminado en la construcción de nuestra democracia, juntos hemos resuelto problemas no más fáciles que los que hoy afrontamos, y siempre con la ambición de llegar a un objetivo común.

Pues bien, juntos debemos seguir construyendo nuestro futuro porque nos unen y nos deben seguir uniendo muchísimas cosas:

Nos une el afán de asegurar un porvenir sólido, justo y lleno de oportunidades.

Nos unen la intensidad de los afectos y lazos históricos, las culturas que compartimos, la convivencia de nuestras lenguas, la aceptación del diferente.

Nos une la extraordinaria riqueza de un país diverso, de culturas y sensibilidades distintas.

Nos une la solidaridad que siempre demostramos ante las grandes adversidades, ante las desigualdades sociales y territoriales, ante las necesidades de nuestros vecinos.

Y nos une y nos debe seguir uniendo el sentimiento de comunidad que recientemente expresaba el Príncipe de Asturias: España es una gran Nación que vale la pena vivir y querer, y por la que merece la pena luchar.

La Corona promueve y alienta ese modelo de nación. Cree en un país libre, justo y unido dentro de su diversidad. Cree en esa España abierta en la que cabemos todos. Y cree que esa España es la que entre todos debemos seguir construyendo.

Por ello, invito a las fuerzas políticas a que, sin renunciar a sus ideas, superen sus diferencias para llegar a acuerdos que a todos beneficien y que hagan posibles las reformas necesarias para afrontar un futuro marcado por la prosperidad, la justicia y la igualdad de oportunidades para todos.

Invito a los líderes políticos y a los agentes sociales a que ejerzan su liderazgo y combatan el conformismo, el desaliento y el victimismo.

Invito a la comunidad intelectual a ser intérprete de los cambios que se están produciendo y a ser guía del nuevo mundo que está emergiendo en el orden geopolítico, económico, social y cultural.

Invito a las instituciones públicas, los empresarios e inversores a que apuesten decididamente por la investigación y la innovación, para mejorar la competitividad y contribuir así a la creación de empleo.

Y os invito a todos a recuperar la confianza en nosotros mismos y en nuestras posibilidades para hacer realidad nuestros mejores anhelos como españoles.

Esta noche, al dirigiros este mensaje, quiero transmitiros como Rey de España:

En primer lugar, mi determinación de continuar estimulando la convivencia cívica, en el desempeño fiel del mandato y las competencias que me atribuye el orden constitucional, de acuerdo con los principios y valores que han impulsado nuestro progreso como sociedad.

Y, en segundo lugar, la seguridad de que asumo las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad.

Finalmente, al despedirme, quiero agradecer los generosos testimonios de aliento que he recibido a lo largo de este año, desearos que esta Nochebuena sea una oportunidad para el reencuentro familiar y que en 2014 se cumplan las mejores esperanzas de todos.

De nuevo, Feliz Navidad y buenas noches.

Seguir Leyendo

23 de diciembre de 2013

Inversión de perspectiva

0
Publicado por

Escrito por Daniel Bernabé.

Una manifestación -una cualquiera- recorre las calles de la ciudad llenándolas de una vida de la cual carecen, a pesar de que habitualmente están repletas -de coches y peatones rápidos pero perdidos- también en los momentos en que la protesta no se ha hecho patente.

Una manifestación, o una huelga, son expresiones prácticas de las consecuencias de un conflicto. Más allá de cuestiones concretas -como sus grados de efectividad, lo acertado de sus consignas o lo masivas que resulten- lo cierto es que estas concreciones del desequilibrio permanente de la sociedad capitalista, son los métodos de lucha de los que disponemos para re-equilibrar o, en el mejor de los casos, acabar desequilibrando el precario estado de las cosas a nuestro favor.

Sin embargo, a menudo surgen las dudas, se pregunta la validez de estos métodos en función de sus resultados. El debate se amplifica en la medida de las expectativas previas y el recorrido del momento general.

Si estamos en un tiempo de alza del conflicto la manifestación aspirará a cotas altas y casi abstractas o inalcanzables inmediatamente, congregará a un gran número de personas, y a pesar de la falta de resultados inmediatos, colmará sus expectativas: se experimentará una sensación de fuerza y el postergar el objetivo no importará tanto como la confianza en el futuro que se deriva del momento.

Cuando el ciclo de protestas es a la baja, la manifestación tratará de temas más concretos -por ejemplo la retirada de una ley represiva- y posiblemente dará cita a un número menor de personas, aquellas, que independientemente del flujo de la marea, tienen una visión clara y certera del tiempo presente y por tanto un compromiso ético -con ellos y su entorno- para acudir a la misma.

El resultado, en este caso, siendo igual de indeterminado que la manifestación masiva, ampliará, como hemos dicho, el debate, o dicho de otra forma, cuando la confianza en el momento inmediato que sigue y las fuerzas para llevarlo a cabo van mermando, aparece la necesidad de preguntarnos si lo que hacemos sirve, de si está bien hecho y de por qué donde antes había diez hoy sólo hay uno.

El debate versará sobre la autoridad de los convocantes, la oportunidad de la protesta, los modos de la misma, la relación con los medios de comunicación, la propaganda, la agitación, la cuestión de la violencia o el pacifismo, y una larga lista tan habitual como recurrente.

Normalmente se habla de la falta de unidad, en referencia a los actores organizados que se sitúan frente al enemigo común. Lo que habría que hacer -sin, obviamente, quitar importancia a todas las preguntas anteriores- es hablar de la falta de unidad entre la expresión del conflicto y su relación con el continuo en el que se desarrolla.

La manifestación de la protesta es un momento del conflicto -un momento esencial, clave, de sustantivación- pero no es el conflicto en sí mismo. El conflicto en sí mismo permanece antes y después del momento, y en términos generales, cuando denominamos al conflicto lucha de clases, incluso todo nuestro espacio y todo nuestro tiempo, es decir nuestra vida (cotidiana).

Porque en una extraña articulación -que casi nos señala el camino por donde deberíamos ir- a pesar de que la manifestación es el momento de expresión del conflicto, es también el único momento en que nos sentimos libres de su peso, en que resolvemos -al menos psicológicamente- las consecuencias del insidioso desbarajuste llamado capitalismo o la gota concreta de pus que ha derramado de su ojo ulceroso. Es en ese momento, que no forma parte de nuestra vida cotidiana, cuando disfrutamos de algo -que creemos- debe ser la libertad.
Volveremos más adelante a esta contradicción.

Las calles de la ciudad están llenas, como decíamos, de gente diversa e igual, agrupada en un objetivo común por estar afectados por tal podredumbre sistémica. Sin embargo, a unas manzanas, otra mucha gente abarrota las calles casi también con un objetivo común, aprendido culturalmente y que procede de la misma herrumbre: el ocio.

El ocio no es más que la colonización del tiempo libre -aquel que no está ocupado en la venta de fuerza de trabajo, ni por el descanso- por parte de las relaciones mercantiles. Laboramos cuando trabajamos, pero también cuando hacemos uso de nuestro ocio, cuando transformamos nuestro tiempo libre en una actividad de consumo. Perdemos nuestra vida fabricando cosas -o servicios- que no necesitamos, y la perdemos comprando ese stuff igualmente inservible. Quizá, por tanto, los únicos momentos realmente de vida que nos quedan sean el sueño y la protesta (de follar hablaremos en otro momento).

¿Qué es lo que separa a los manifestantes de los consumidores -ambos ciudadanos, ambos presumiblemente obreros, ambos a menudo intercambiables dependiendo de la marea del descontento o la naturaleza de la protesta- para que en un espacio y un tiempo paralelos estén sin embargo tan lejos?

Por favor, sean decentes -intelectualmente- y no me jueguen a ese trasunto del anabaptista activista o el mesiánico militante que señala furioso la inconsciencia de los que portan bolsas en vez de pancartas. Porque así, además de seguir aún más solos, resultarán estomagantes, ridículos, pero sobre todo inútiles.

Lo que separa al final a ambos grupos -y cabe recordar que ambos, por cuestiones de clase, que no de ciudadanía, tienen los mismos intereses- es la noción de soportable.

La noción de soportable es lo que nos lleva a decir basta, a tomar posición, a poner en peligro nuestros intereses individuales presentes por una remota posibilidad de futuro colectiva. La noción de soportable es esa barrera cambiante que ante un mismo hecho actúa en nosotros como un resorte. La noción de soportable es lo que separa en un momento determinado a quien se decide a vivir y a quien es vivido.

Otros muchos factores intervienen en eso que llamamos toma de conciencia (de clase). En positivo se hallarían, por ejemplo, la creación de comunidad en torno a un objetivo, partiendo de un lugar que nos une; la identidad, permanentemente usurpada en un discurso que sitúa a esa entelequia llamada clase media como un discurso totalitario, agregador y paralizante. En negativo sabemos lo pernicioso de la falta de una visión general que impida relacionar causas y consecuencias; la transformación de la persona en un producto que se debe vender como paso previo a la introducción de las relaciones laborales completamente desregularizadas donde todos somos ofertantes y compradores de servicios.

En todo caso, y en último término, lo que impulsa a tomar partido es el la noción de soportable. ¿Quizá mucha de la gente que andaba de compras y no protestando contra la Ley-Mordaza lo hacía porque la consideraban soportable?

Porque ese es el principal sustento de esta noción, consideramos algo soportable o no en relación a nuestra vida cotidiana.

Mucha de la gente puede pensar, aún suponiendo que tengan una cierta información sobre la ley a la que nos referíamos, que a ellos no les va a afectar, que es algo pensado para los “radicales”, que siguiendo determinados cauces, incluso, podrán sortearla. ¿Por qué un hecho como la corrupción es capaz de espolear en un momento la protesta y en otro crear a lo sumo un movimiento de desaprobación con la cabeza? Porque la barrera de lo soportable sube, se amplía con la costumbre, y lo que en un momento vimos como intolerable, como algo que se introducía en nuestra vida (mientras que con una mano recortaban con otra robaban) en el momento posterior pareció ya no importarnos tanto.

¿Recuerdan la contradicción que planteábamos algunos párrafos atrás? La de que las manifestaciones son tan sólo un momento del conflicto pero que nos hacen atisbar la sensación de resolución al mismo: en él se expresaba el porqué de la falta de efectividad de las protestas. Mientras que sean un momento, por sí solas, sólo nos valdrán como representación, es más, no conseguirán influir en la noción de soportable.

Necesitamos rebajar -dramáticamente- la noción de soportable, ampliarla para que abarque todos los ámbitos del conflicto, y la única forma de hacerlo es influyendo en la vida cotidiana.

No nos engañemos: los sistemas caen no cuando un número mayoritario de gente está en su contra -simplemente- sino cuando esa mayoría ansía más lo que puede conquistar que lo que puede perder con el cambio. Para que esas ganas de conquistar el futuro aparezcan son necesarias -imprescindibles- la ideología, la organización y la expresión del conflicto (Huelgas, manifestaciones...). Pero, además, para que ese cambio se produzca hace falta un sabotaje a lo cotidiano, a la realidad percibida, a esa ceremonia que presenta lo habitual como normal para rebajar el listón de lo aceptado, para influir decisivamente sobre la noción de soportable.

Necesitamos encontrar la forma de influir en todos aquellos que piensan -trascendiendo las cuestiones éticas que incluso les hagan desaprobar lo establecido- que el estado habitual de las cosas es soportable, sorteable, llevadero, esto es, que no influirá al final en sus vidas.

Sólo así se puede entender -con una noción de soportable inmensamente laxa- que con seis millones de parados no haya habido una explosión social seria que ponga en cuestión el orden de las cosas. Entendiendo la falta de relación entre la ideología -como forma pensada y ordenada de enfrentarse a las contradicciones- las organizaciones y la protesta, con la vida cotidiana de la gente.

Necesitamos una inversión de la perspectiva. No vale de nada construir un necesario escenario de la protesta si al final, el parado, que a todas luces considera insoportable su situación, soporta con estoicismo al propio sistema porque no encuentra la relación entre las causas que sufre y las consecuencias que han provocado su desastre.

La cuestión es que para bajar el listón de lo soportable nos enfrentamos a una cuestión cultural y muy pocos tienden a reconocer este fenómeno. Pretendemos enfrentarnos a todo un aparataje que da cata de normalidad a lo insoportable o bien con teoría o bien con ética, y ambas, aunque necesarias para la toma de conciencia, operan en nichos diferentes, paralelos al menos, a la cultura.

Podemos explicar a un parado las nociones de la sociedad de clases, del capitalismo, de que su desempleo es condición necesaria para el funcionamiento de la economía especulativa, es decir, podemos explicarle -incluso de forma muy pedagógica- la teoría que expresa la realidad; o podemos aludir a lo injusto de la situación, a su orgullo, a que es impresentable que mientras unos rascan el fondo del bolsillo para encontrar las últimas monedas otros lo tienen todo sin merecer nada. Pero si queremos que todo eso valga, que siembre y no se agoste, es condición necesaria derrumbar todo el andamio que sostiene aquello que parece normal pero que no lo es, aquello que hace que su noción de soportable sea tan amplia.

Es cierto que todos los cambios culturales son lentos; tanto como imprescindibles. No podemos buscar la excusa en lo inmediato. Precisamente por refugiarnos en ella día tras día, año tras año, el sostén de lo aceptado es cada vez más poderoso y por tanto ni la ideología ni la ética por sí mismas consiguen ya traspasar el tupido velo que mantiene distante a la mayoría. Y es aquí donde entran en juego los agentes secretos que dinamitan lo establecido, que abren grietas en la muralla de lo convencional, que dejan paso a las nuevas ideas.

Necesitamos un doble juego que desacredite todo aquello existente que sirve para mantener este injusto orden de cosas, necesitamos realizar en la mente de todos algo tan sencillo como los principios poéticos que ponen a lo cierto en la verdad y a lo falso en la mentira, a lo justo en lo razonable y a lo egoísta en el descrédito.

¿O acaso creen que les estoy hablando de entelequias abstractas?

La cultura no son -o no son tan solo- los grandes construcciones intelectuales dignas de admiración museística; la cultura es sobre todo esa construcción humana que da cuerpo a la realidad en nuestras mentes.

Este artículo se merece acabar con un llamamiento, primero individual y después colectivo. Individual a los que sean capaces de crear cultura, para que se sitúen en la senda del agente secreto, del saboteador, que hace su trabajo tras las líneas enemigas. No hay nada más inservible que aquello que se conoce públicamente como artista comprometido, que escupe panfletos que ponen, poco más que en palabras bonitas, la farragosa teoría o la noble ética. Necesitamos hablarle a la gente de lo que conoce, de sus miserias y grandezas, sin paternalismo ni fustigamiento. Necesitamos el esfuerzo individual pero también coordinado para crear una nueva forma de entender las relaciones con el mundo más allá de lo mercantil como toda ley por la que regirse, queremos superar esa mentira de la carrera profesional -realmente una huida a ninguna parte-. Y para eso llega el esfuerzo colectivo, el de las organizaciones ya formadas, para que se tomen en serio de una vez el trabajo cultural, esto es, el trabajo que destruya diariamente la normalidad que da carta de ley a lo que nos anega y construya las escaleras que permitan llegar a los que son, pero no están, hasta ellas. No puede ser que las organizaciones confíen su intervención cultural a estrellas rutilantes que se dedican a crear detritos escapistas y acomodaticios para que luego estos firmen un manifiesto pre-electoral que les brinda un apoyo totalmente insustancial en las vidas de todos.

Los que además de procurarnos nuestro sustento con trabajos alimenticios intentamos crear una oposición constante y desde abajo a lo aceptado tomamos la labor con ambas manos; pero también reclamamos la ayuda de las organizaciones, sin las cuales nuestro trabajo es poco más que un susurro frente al múltiple aliento de la hidra.

Hagan suyas estas reflexiones, llévenlas a la práctica diaria, empiecen a construir desde ya las bombas de relojería mental que abran el camino a las ideas que llenarán las calles de vida, de todos aquellos que necesitan dejar de soportar lo insoportable.

Seguir Leyendo

22 de diciembre de 2013

Controversias del lenguaje inclusivo

1
Publicado por

Escrito por Daniel para la sección de Libre Publicación.



El movimiento feminista ha sido a lo largo de décadas un referente imprescindible en la lucha por la igualdad de género y la plena integración de la mujer en todos los ámbitos socioeconómicos acaparados históricamente por el hombre. Son numerosas y muy valiosas las luchas sociales del movimiento feminista, como las campañas contra la violencia de género, las conquistas de derechos laborales, etcétera.

No obstante, personalmente discrepo en una de sus atribuciones: la relativa al lenguaje inclusivo. Muchos y muchas feministas consideran que la lengua castellana está llena de referencias machistas, y como lingüística corroboro este hecho. Una cultura tradicionalmente patriarcal ha creado vocablos, locuciones y frases hechas con una clara alusión peyorativa contra la mujer. Como ejemplo, cabría preguntarse por qué algo "cojonudo" es muy bueno mientras que un "coñazo" es algo aburrido, en clara referencia a los órganos sexuales de hombres y mujeres, respectivamente. Sin embargo, esta crítica, que como digo está totalmente justificada en ciertos casos, se está trasladando a otros ámbitos más polémicos.

Desde la explosión del Movimiento 15M, he asistido a diferentes asambleas, conferencias y actos públicos en general, en los cuales tanto hombres como mujeres llevan hasta posiciones extremas el lenguaje inclusivo. En un mismo discurso, cada vez que aparecen pronombres, sustantivos o adjetivos referentes a personas, los oradores los mencionan sistemáticamente en masculino y femenino. Por ejemplo, una constante en este tipo de discursos son expresiones como "nosotros y nosotras", "todas y todos", "los y las estudiantes", llegando incluso a emplear el género femenino para englobar ambos sexos ("las trabajadoras", haciendo referencia a los trabajadores y las trabajadoras).

Este panorama está más que extendido entre los movimientos sociales, y aunque sé que no es políticamente correcto criticarlo, a continuación voy a argumentar por qué no estoy de acuerdo con buena parte de este lenguaje inclusivo. Antes de ello, quiero recalcar que si bien soy crítico con este planteamiento concreto, apoyo y defiendo el movimiento feminista, así como cualquier otro que tenga por objeto la igualdad entre seres humanos.

Dicho esto, en primer lugar conviene mencionar que el castellano actual posee dos géneros gramaticales: masculino y femenino. No obstante, también podríamos hablar de género neutro en los demostrativos "esto", "eso" y "aquello", en el pronombre "ello" y en el artículo "lo", vestigios del latín. El género gramatical en las lenguas es un aspecto polémico desde hace siglos. De hecho, el propio Antonio de Nebrija afirmaba que «el género es aquello por lo que se distingue macho de hembra». Sin embargo, cabe destacar que el género gramatical no es algo necesariamente lógico en su relación al sexo biológico, además de no ser una propiedad de todas las lenguas. 

En la amplia gama de familias lingüísticas, hay idiomas como el alemán que distinguen tres géneros gramaticales (masculino, femenino y neutro); otras, como las lenguas semíticas, generalmente diferencian dos; algunas, como el inglés, únicamente lo distinguen en la sustitución pronominal. Y por otro lado hay lenguas que diferencian una gran cantidad de géneros, como las leguas bantúes, o ninguno, como el chino, el turco o el finés. Con estos ejemplos pretendo mostrar que el género gramatical no es constante en las diferentes lenguas.

En nuestro caso, podríamos debatir si el género aparece marcado explícitamente en el lexema o si es el determinante el único responsable de esta flexión. Si bien es cierto que en castellano la oposición -o / -a es la principal responsable morfológica del género, esta puede contener además un valor semántico (no es lo mismo "un castaño" que "una castaña", ni "el suelo" que "la suela"). Entrar en este asunto sería eterno, por lo que simplemente diremos que nuestro idioma emplea la oposición -o / -a como marca de género gramatical, aunque existen bastantes más oposiciones. Así, tenemos "niñ-o" y "niñ-a". En otras ocasiones, en cambio, el sustantivo carece de género, y este puede marcarse a través del artículo: "el estudiante" y "la estudiante". 

Revisado este punto, considero inapropiado tratar de modificar la lengua oral de los hablantes. La variación lingüística es una característica natural de cualquier idioma. Para nombrar los nuevos utensilios que la ciencia nos proporciona, hemos desarrollado nuevos vocablos (neologismos) o hemos tomado préstamos de otros idiomas adaptándolos a la fonología, incluso a la ortografía, del castellano (el castellano recibió numerosas aportaciones del árabe, del alemán o del italiano, y actualmente es el inglés el que más términos exporta).

Así pues, insisto en que la lengua cambia a lo largo del tiempo de una manera natural. Si bien el español apenas conoce un lexema para nombrar al agua helada que cae de las nubes ("nieve"), ciertas lenguas esquimales han desarrollado hasta diez vocablos, dependiendo de la forma y características de esa nieve, pues sus circunstancias naturales exigen desarrollar tal número de palabras. Nosotros, por el contrario, tenemos muchas más formas nominales que una comunidad indígena para nombrar al "vino". Por tanto, los hablantes adaptan su lengua a las circunstancias tecnológicas, históricas y sociales. Esta adaptación se realiza por necesidad, puesto que precisamos de nuevos términos para la tecnología y los inventos más recientes. Pero muy distinto es tratar de alterar el sistema mental de asociación de referentes, lo cual explicaré más adelante.

Analizado esto, vamos a ver un ejemplo histórico. En 1848 en Francia, las ciudadanas francesas reclamaron el derecho al sufragio universal que concedía la "Declaración de derechos del hombre y del ciudadano". La respuesta de la administración francesa a su petición fue negativa, alegando que únicamente los ciudadanos franceses, varones, disfrutarían de ese derecho. La filóloga Eulàlia Lledó afirma en un artículo que el lenguaje de esta declaración era sexista y por lo tanto, concluye, la lengua tiene un carácter machista. Personalmente disiento de esta teoría por un motivo fundamental: la lengua no es intrínsecamente machista, pero puede llegar a serlo en la medida en que sus hablantes otorgan sentidos machistas a las palabras y construcciones a lo largo del tiempo. Aquella declaración otorgaba derechos a todos los ciudadanos franceses. Si las mujeres carecieron de ciertas concesiones, como el sufragio, no se debe a que el lenguaje del documento excluyese a las mujeres, sino a que la mentalidad de la burguesía francesa de la época era profundamente sexista. Cualquier francés hubiera interpretado "tanto hombres como mujeres", pero los juristas no tenían interés en que estas votasen, por lo que alegaron que las palabras de la declaración incluían solamente a hombres.

En el mismo artículo, Eulàlia Lledó recomienda el uso de sustantivos colectivos para la redacción de la Constitución española de 1978. El artículo 30 de la Carta Magna sentencia:

1. Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España.
2. La ley fijará las obligaciones militares de los españoles y regulará, con las debidas garantías, la objeción de conciencia, así como las demás causas de exención del servicio militar obligatorio, pudiendo imponer, en su caso, una prestación social sustitutoria. [...]
4. Mediante ley podrán regularse los deberes de los ciudadanos en los casos de grave riesgo, catástrofe o calamidad pública.

Como muy bien apunta Lledó, los puntos 1 y 2 se refieren únicamente a españoles varones, pues solo ellos realizaban el servicio militar. En cambio, en otros artículos, el grupo nominal "los españoles" englobaría a hombres y mujeres. No obstante, para evitar confusión (en unos puntos "los españoles" se refiere a hombres y mujeres, y en otros puntos designa solo hombres), documentos legales de este calibre deberían emplear nombres colectivos como "la población" o "ciudadanía española". En esto coincido con el planteamiento inclusivo, no en cambio con su uso sistemático en la lengua oral, la cual se diferencia de la escrita, entre otros aspectos, por su espontaneidad.

Un ejemplo dado por esta misma filóloga me resultó curioso. Comparemos las siguientes oraciones: "los hombres se ponen el delantal para cocinar" y "los hombres tienen el derecho a la libre expresión". Enseguida interpretamos que en el primer caso nos referimos únicamente a hombres mientras que en el segundo puede interpretarse "hombres y mujeres", siendo, en cambio, el mismo sujeto en ambas oraciones. Estas deducciones están construidas a través de sesgos ideológicos machistas evidentes. Pero el problema, vuelvo a repetir, no es de la lengua, sino de las construcciones ideológicas que tenemos, o más bien, que nos han transmitido a través de horas y horas de manipulación mediática. Si en una sociedad machista pronunciamos la primera frase, interpretamos que solo son hombres. Si esta frase es declarada en una sociedad no solo legal, sino social y económicamente igualitaria, interpretaríamos tanto hombres como mujeres.

Permítanme a continuación una cita de Pedro Álvarez de Miranda, que, aunque un poco larga, resulta bastante aclaradora:

Del mismo modo, si una persona tiene tres hijos y dos hijas, dirá, interrogado acerca de su prole, que tiene cinco hijos. No dirá que tiene cinco hijos o hijas, ni cinco hijos e hijas, ni cinco hijos / hijas (léase “cinco hijos barra hijas”). Podrá escribir que tiene cinco hij@s, pero esto no lo podrá decir, leer, así que de nada le vale. Yo, a diferencia de mi colega Ignacio Bosque, no he tenido paciencia para echarme al coleto todas esas guías que sobre el lenguaje no sexista han proliferado. Supongo que alguna de ellas recomendará a nuestro perplejo pater familias que diga algo así como esto: Mi descendencia la forman cinco unidades. Pobrecillo.
Desdramaticemos las cosas. No es el masculino el único elemento no marcado del sistema gramatical. Igual que en español hay dos géneros (en otras lenguas hay más, o hay solo uno), hay también dos números, singular y plural (en otras hay más, o solo uno), y el singular es el número no marcado frente al plural. Así, del mismo modo que el masculino puede asumir la representación del femenino, el singular puede asumir la del plural. El enemigo significa, en realidad, ‘los enemigos’. Sumando ambas posibilidades de representación puedo decir que el perro es el mejor amigo del hombre para significar, en realidad, esto: ‘los perros y las perras son los mejores amigos y las mejores amigas de los hombres y las mujeres’. ¿Se entiende ahora un poquito mejor en qué consiste el mentado principio de economía?
Hay tres tiempos verbales, y uno de ellos, el presente, es el tiempo no marcado frente al pasado y el futuro. Prueba de ello es la capacidad que tiene para suplantarlos: Colón descubre América en 1492 significa en realidad ‘Colón descubrió América en 1492’, y mañana no hay clase significa ‘mañana no habrá clase’.
A pesar de lo cual, que yo sepa, no ha surgido por ahora ninguna Plataforma Ciudadana en Defensa de la Intolerable Discriminación del Plural, ni tengo noticia hasta el momento de la existencia de una Asociación Pro Visibilidad del Futuro, frente al Abusivo Presentismo Lingüístico.

Así pues, demostramos que el masculino es el género no marcado, de la misma manera que el singular es el número no marcado, o el presente de indicativo el tiempo verbal no marcado. Cambiar de un plumazo estas convenciones ya no es solo imposible, sino que roza el absurdo.

En otro orden de cosas, el lingüista suizo Ferdinand de Saussure afirmaba que el signo lingüístico está dividido en dos entidades: significante y significado. Por un lado, el significante es el conjunto de fonemas articulados, es el sonido de la expresión lingüística. Dicho de otro modo, es la parte sensible o material del signo lingüístico, la imagen acústica que apunta hacia el segundo término: el significado, que es la representación mental, el concepto o idea que se asocia al signo. Cabe destacar que el valor mental del significado es subjetivo, pero por convención debe ser igual para realizar una comunicación óptima.

Así pues, al sintagma "todos los estudiantes" ustedes pueden darle el valor mental de que solo nos estamos refiriendo a estudiantes de sexo masculino. Sin embargo, por convención, esta frase engloba a estudiantes de ambos sexos. No pongo en duda que estos parámetros se hubieran tomado en unas circunstancias de ventaja para el hombre y de marginalidad para la mujer. No obstante, la mayoría de la población, independientemente de sus ideas respecto al feminismo, tiene la imagen mental de estudiantes de ambos sexos cuando hablamos de "todos los estudiantes". El mismo ejemplo podríamos dar respecto al pronombre "nosotros": el significado de este vocablo engloba a personas de ambos sexos. En cambio, cuando únicamente haya mujeres, ese pronombre pasará a ser "nosotras". Así pues, considero que romper con estas convenciones sociolingüísticas supone quebrar el mecanismo cerebral de asociar significante y significado. 

El argumento que llega desde el feminismo es que de la misma manera que el masculino engloba ambos sexos, el femenino también podría englobarlos. Sin embargo, en este momento volvemos a entrar en una cuestión puramente semiótica. La imagen mental, adquirida de manera natural, que los hablantes tienen de nosotras es la de dos o más personas de sexo femenino; nunca interpretaríamos que ese pronombre reuniese a hombres y mujeres. Este último entendimiento solo sería factible a costa de quebrar las convenciones de las que hablábamos más arriba. 

Asimismo, no hemos de olvidar la llamada "economía del lenguaje", por la cual los hablantes de cualquier lengua tratan de minimizar sus esfuerzos a la hora de comunicarse, al mismo tiempo que mantener la esencia y efectividad de su mensaje. Por consiguiente, articular reiteradamente en un discurso oral "nosotras y nosotros" rompe con otra de las características naturales del lenguaje.

En conclusión, considero aberrantes ciertas expresiones machistas y frases hechas que atentan contra las mujeres, los homosexuales o numerosas minorías sociales. En cambio, otra cuestión es la que acabo de plantear, meramente lingüística (entendiendo como tal la ciencia que estudia las lenguas). Desde mi profundo respeto, admiración y apoyo al movimiento feminista y a cualquiera que luche por la igualdad entre hombres y mujeres, discrepo en buena parte con los planteamientos en torno al lenguaje inclusivo que se hacen desde estos colectivos. Puedo compartir que en documentos de carácter legal o político necesitamos ser mucho más precisos, pero esto es la lengua escrita. Sin embargo, en la oralidad, espontánea y natural, considero un error introducir sistemáticamente el género femenino cada vez que aparecen adjetivos o sustantivos que engloban ambos sexos. Puedo incluso defender el uso de este procedimiento al comenzar un discurso, pero no que se convierta en algo reiterativo, pues rompe con las principales características del discurso oral.

Seguir Leyendo

Lecturas Populares

Suscripción al blog.

Seguidores en Blogger