30 de diciembre de 2013

Perfilando al defraudador

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Escrito por Emilio José.
“El pensamiento moderno consiguió emancipar por primera vez lo político y lo económico de las antiguas reglas morales, no sólo mediante la relajación más o menos instrumental y transitoria de estas reglas, sino a base de identificar con el bien el poder y la riqueza y con la virtud el afán de acrecentarlos”.
José Manuel Naredo, economista y estadístico.
“Confirmo que no me gusta el ideal de vida que defienden aquellos que creen que el estado normal de los seres humanos es una lucha incesante por avanzar y que aplastar, dar codazos y pisar los talones al que va delante, característicos del tipo de sociedad actual, constituyen el género de vida más deseable para la especie humana. […] No veo que haya motivo para congratularse de que personas que son ya más ricas de lo que nadie necesita ser, hayan doblado sus medios de consumir cosas que producen poco o ningún placer, excepto como representativas de riqueza”.
John Stuart Mill, economista y político británico, 1848.
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La consultora KPMG ha hecho un estudio basado en cientos de casos para detallar el perfil del defraudador corporativo a nivel global. Los resultados nos dicen que el defraudador suele ser una persona respetada en su ámbito laboral y social, que ocupa puestos de responsabilidad en su empresa, habitualmente, de dirección o gerencia, llevando en ella más de 10 años.  De edad comprendida entre los 36 y 55 años, trabaja en el área financiera. En el desarrollo de sus actividades delictivas actúa en compañía de otra persona y suele tener un poder excesivo dentro de su área. Está persona puede aparentar que trabaja y se esfuerza más que nadie porque renuncia a tomar vacaciones, principalmente, para cubrir sus acciones ilícitas.
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¿Qué mueve a estas personas a realizar estos fraudes? Sobre todo, la avaricia, el beneficio económico y la codicia. Llevan un nivel de vida ostentoso, difícil de mantener, adictos al lujo, los viajes, los coches, las fiestas o las compras. Una forma de vivir y actuar característicos de personas que no gustan atenerse a normas ni a reglas porqueles invade una nada extraña sensación de superioridad sobre los demás. Y claro, alguien que se siente superior a los demás muchas veces también siente que su trabajo está mal remunerado y sus esfuerzos merecen un mayor premio pecuniario. Esta es otra de las principales razones que mueven al defraudador. Nunca todo será suficiente para algunos egos…
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La consultora resalta que los fraudes están aumentando en número y cantidad del monto defraudado. A nivel global alcanzan los 2,6 billones de euros anuales. El 5% del PIB mundial. En España la cifra alcanza los 50.000 millones de euros, siendo los sectores más afectados: infraestructuras, telecomunicaciones, finanzas y energía… No debemos engañarnos. Estos fraudes sólo son la punta de iceberg. Nunca se suele coger a los ‘peces gordos’ sino que sólo caen en las redes los que tienen un poder limitado y subalternoEl despilfarro de dinero y su malversación, realmente, son mayores, pues solo se coge el delito obsceno y alevoso que no sirve a los intereses de la empresa. Asimismo, aquí no aparece el fraude más cuantioso. El hecho en nombre de la empresa, por y para ella. El estallido de las últimas crisis económicas han puesto de relieve estos numerosos fraudes, que el número de castigados por ellos haya sido irrisorio y nunca afecte a la cúpula directiva, es una muestra esclarecedora de la impunidad que caracteriza al mundo corporativo. El sistema premia el fraude y el engaño; oculta, difumina y normaliza el delito.
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El informe de la consultora concluye, entre otras recomendaciones, que se debe crear una sólida ética profesional, pero ¿qué clase de ética se puede crear en empresas que han hecho del soborno, las comisiones, el cobro de subvenciones y el ‘apaño’ de concursos públicos, la explotación laboral, el desmantelamiento de los derechos laborales, la destrucción del medio ambiente, el fraude fiscal, el fraude de ley, los contratos con costes inflados, los sobreprecios en sus facturas y servicios, las clausulas abusivas, la estafa y la fullería, el abuso de poder, el monopolio, la competencia desleal, los comportamientos voraces en todos los ámbitos y el no tener ningún tipo de límite, su forma principal de reproducción y crecimientoCuando te han enseñado que no existen límites en la búsqueda del beneficio económico y que éste está por encima de cualquier cosa ¿por qué te vas a auto limitar?  Y más, cuando los frenos morales van a ser un impedimento a tu progreso profesional. Si ves que tu empresa o tus jefes se mueven de esta forma ¿por qué no vas a reproducir esos mismos comportamientos que son premiados y están absolutamente normalizados?
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El perfil del defraudador, simplemente, describe perfectamente la acción de un tipo de filosofía y pensamiento socio–económico dominante en los actuales usos políticos y empresariales, ensalzando el dinero y el enriquecimiento individual como el fin último y más valioso. Una economía deshumanizada que justifica todas sus iniquidades bajo el paraguas pseudocientífico de una supuesta eficiencia económica, que, sospechosamente, siempre favorece a la misma opulenta minoría. El genio, el reconocimiento y el éxito de una persona son proporcionales a su fortuna. Y habrá poderosas campañas publicitarias y, fervorosos panegíricos mediáticos, que nos recuerden la benignidad del multimillonario visionario.
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El informe saca a luz sólo una parte de las prácticas habituales dentro de las empresas, que se pueden hacer extensibles a otros ámbitos de la vida social y política. Es lo normal cuando el fin principal es el medro, el egoísmo y la ambición personal. Cuando todo se puede comprar y se compra. Prácticas – despilfarro y discrecionalidad – que se ocultan mediante potentes campañas de lavado de cara y obras de caridad, fraudes contables – ellos lo llaman creatividad – y una total opacidad y falta de transparencia. La responsabilidad social corporativa es puro maquillaje, y la autorregulación de quien es incapaz de regularse y limitarse es una utopía. La coartada para el crimen perfecto. Los medios saben muy bien donde poner el foco informativo según convenga a los intereses de sus dueños. 
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Podemos concluir que vivimos, parafraseando a John K. Galbraith, en la economía del fraude inocente. Esta es la verdad de nuestro tiempo: el dominio de “un sistema corporativo basado en un poder ilimitado para el autoenriquecimiento” donde “la creencia en una economía de mercado en la que el consumidor es soberano es uno de los mayores fraudes de nuestra época”. 
FUENTES:
“La economía en evolución: invento y configuración de la economía en los siglos XVIII y XIX y sus consecuencias actuales” José Manuel Naredo.

1 comentario:

  1. Vaya por delante que condeno absolutamente todo tipo de fraude, robo , malversación , blanqueo de capitales , prevaricación...y demás chorizadas a las que estamos acostumbrados.
    Quiero dejar claro que para poder quejarnos debemos empezar por cumplir nosotros mismos.
    Hay personas que están cobrando el desempleo y trabajando en sus chàpuzas...que si pueden prefieren comprar sin iva...que venden un piso y escrituran la venta por menos de lo que han cobrado...Y después tienen la caradura de criticar a voces a los que hacen lo mismo que ellos :Defraudar.
    Por favor seamos consecuentes y responsables . Persigamos a los defraudadores si , pero empecemos por cumplir nosotros mismos.

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