8 de diciembre de 2013

Mandela no era un estadista: era un guerrillero

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Escrito por Caufield Centeno y enviado a través de nuestra sección de Libre Publicación.

Se suele decir que en política lo que diferencia a un terrorista de un estadista es la victoria. Y Mandela ganó, al menos en parte. Y ello le convierte a los ojos de todo el mundo en un luchador infatigable por la justicia y el bien común. Sin embargo, no fue hace tanto tiempo cuando los EEUU y también Thatcher lo declararon como uno de los terroristas más peligrosos a nivel internacional (seguramente, esto no saldrá hoy publicado en ningún lado). Pero Mandela no se rindió. Y no se rindió porque Mandela entendía la política como confrontación. Difícilmente podría entenderla de otra forma. Ser negro en Sudáfrica significaba tener un salario que por ley era un 50 % al de un blanco. Ser negro significaba que tu mujer y tus hijas podían ser violadas por el blanco de turno. Ser negro significaba morir apaleado o ahorcado o tiroteado en cualquier calle de un suburbio. Y Mandela dijo basta. Pero con la diferencia de que él siempre tuvo claro que no le iban a destrozar la cabeza a patadas como a Biko. Se defendería y dispararía. Aprendió la técnica de guerrillas y armó a parte de su pueblo. No rehusó la política, pero tampoco la violencia: salvaba a su pueblo o sólo quedaba el genocidio. 

Mandela no fue Luther King. Ni Gandhi. Tampoco fue el negro de la cabaña del tío Tom. Mandela era negro. Era un negro cabreado. Mandela fue un guerrillero. Un guerrillero comunista (sí, comunista, aunque esto tampoco saldrá hoy publicado en ningún lado). Sabía que la política es el ejercicio del poder y sabía que para cambiar el status quo, el poder debía cambiar de manos. Supo jugar sus cartas, aunque fuera pacientemente desde un zulo llamado celda y en el que pasó casi un tercio de su vida. Su lucha (y la de su pueblo), así como la presión internacional, le liberó de la cárcel. La presidencia le llegó demasiado tarde (demasiados años y demasiadas cadenas en una historia plagada de apartheid), pero entendió en su justo momento que había que dejar paso a otros. O quizá se quedó desencantado de la “real politik”: los casos de corrupción del CNA fueron numerosos y Mandela no quiso ensombrecer su talla moral. 

Por eso, no busquéis a Mandela en las citas vacías que hoy veréis en Internet. Apagad el ordenador. Apagad la televisión. Leed su historia. Leed sus discursos. Veréis que para encontrar al verdadero Mandela hay que enfangarse. Hay que meterse con él en la celda en la que paso 27 años. Hay que viajar con él al norte de África para aprender a luchar como hizo él. Hay que manifestarse con él en las calles de Soweto, Johannesburgo, Ciudad del Cabo, de cualquier ciudad en la que estuvo. Hay que entender la política como él hizo: una lucha en la que hay que pelear para conseguir lo que quieres. También oiréis hoy que los mismos que cierran hospitales y os llaman alborotadores y terroristas por manifestaros y reivindicar vuestros derechos, halagarán la figura del Mandela estadista. Apagad otra vez la televisión. Os mienten. Mandela les despreciaría. Lucharía contra ellos igual que luchó contra el apartheid.

2 comentarios:

  1. Este artículo es radical y meridianamente falso. Es lo que más se aleja de la verdad que pueda haber.

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  2. exageras los hechos, dramatizas y lo haces con un final sensacionalista, lo que tu haces es manipulación

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