15 de noviembre de 2013

Irresponsables

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Escrito por Antutxo.

Dice la RAE que una persona irresponsable es , en su primera acepción, aquella a la que no se le puede pedir responsabilidad, entendiendo como responsabilidad, la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente y, en su caso, reparar o satisfacer la deuda originada a consecuencia de esa culpa. En su segunda acepción, un irresponsable sería una persona que toma decisiones importantes sin la debida meditación.

Aclaro esto porque últimamente se están produciendo una serie de decisiones judiciales que me han llevado a pensar que vivimos rodeados por una sarta de irresponsables. Esta misma semana, un tribunal ha declarado que en el hundimiento del Prestige y sus posteriores consecuencias, no hay responsables. Ni la persona que decidió alejar el barco de las costas, ni el armador que puso un barco peligroso en el mar cargado de petróleo, ni el patrón del barco. Nadie. Ni siquiera la aseguradora del barco se verá obligada a pagar indemnización alguna, al menos de momento. Sin salir de Galicia, en el descarrilamiento del AVE tampoco parece haber responsable alguno, después de haberse mostrado infructuosa la campaña lanzada de manera vergonzante por algunos medios para criminalizar al conductor . Ni la empresa que debía colocar la balizas, ni RENFE, ni las administraciones públicas que aprobaron, supervisaron y pagaron el trazado de la vía. En Madrid, tampoco parece que nadie vaya a tener responsabilidad en la muerte de 5 chicas en el Madrid-Arena. Ni el empresaurio que dobló el aforo disponible, ni los cargos políticos que tenían abierto un espacio municipal sin que cumpliera su propia normativa de seguridad, ni el médico sin licencia. En Valencia, tampoco nadie es responsable del descarrilamiento de un Metro. Ni el jefe de la línea, ni la empresa que realizó el tendido de la vía, ni la que construyó el tren, ni los cargos públicos que tienen la obligación de aprobar y vigilar el proyecto. Nadie. En el mejor de los casos, si hay suerte y uno de los implicados se muere en el largo proceso de investigación que suelen llevar a cabo los tribunales, se le encasqueta el muerto al cadáver y aquí paz y después gloria. Fíjense que les estoy hablando de situaciones muy concretas. No se trata de quién es el responsable de que haya cada vez más gente rebuscando en los cubos de basura, o de que haya 6 millones de parados, o de la deficiencias en la atención sanitaria, porque son temas en los que se pueden mezclar las ideologías, que nublan el juicio, y nos podríamos meter en un debate que no es el objeto de este artículo. Hablo de hechos. Si un tren descarrila, es que alguien ha hecho algo mal. Probablemente no sea una sola persona, pero hay una serie de decisiones erróneas que se toman libremente y de las que se derivan unas consecuencias que hay que afrontar. Si un avión se estrella, alguien tomó la decisión de ponerlo en vuelo sin la debida meditación. Una persona a la que se le paga cumplidamente por asumir esa responsabilidad.

Digo esto porque parecemos instalados en un estado de incapacidad perpetua para asumir responsabilidades. Está ocurriendo con mucha frecuencia que aquellos que desempeñan funciones públicas, se desentienden de las consecuencias derivadas de sus decisiones, sin que a nadie de los que pueden le de por ponerle la cara colorada en cada ocasión que se presente. Y así, un juez puede permitirse la extravagancia de tirarse una buena cantidad de años para concluir que el único culpable de que las costas de Galicia cambiaran repentinamente de color, es un anciano de 78 años que ni siquiera está en nuestro país. Todo ello a pesar de reconocer que el barco estaba en mal estado, que tenía 26 años de antigüedad y, en un ataque de lucidez, que los controles de seguridad que pasó fueron insuficientes. Además, tiene a bien absolver al director general de la Marina Mercante, que es necesariamente la persona responsable de tomar la decisión de alejar el barco hacia mar abierto. Lo mismo puede decirse de los demás casos. A todos ellos, se les declara irresponsables de lo sucedido. Entiendo que atendiendo a la primera acepción de la RAE, considerando que no se les pueden pedir responsabilidades.

Por extraño que pueda parecer, estoy de acuerdo en que se trata de una panda de irresponsables, los del Prestige, el Metro de Valencia, el Madrid-Arene, el AVE... pero, atentos al matiz, en el sentido de que han tomado una decisión importante sin la debida meditación, a tenor de los resultados. Y si hay algo que no le podemos consentir a un cargo público es que no se haga responsable de sus decisiones. Por eso, el ministro Arias Cañete haría bien, con todo el respeto, en llenarse la boca de yogures caducados o darse una ducha de agua fría antes de salir en la prensa dando la cara por un director general que, diga lo que diga el juez, tomó una decisión que desembocó en una catástrofe ambiental. Porque al final, lo que se instala en el ciudadano es el convencimiento de que pase lo que pase, nunca pasa nada, y amparándonos en la irresponsabilidad se nos sitúa en la impunidad. Tanto si son culpables como si no, los responsables de las tragedias ocurridas deberían ser cesados diez minutos después de que rechazaran dimitir. O al final llegaremos a la necesaria conclusión de que estamos gobernados por una panda de irresponsables.

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