29 de noviembre de 2013

El Ministro del Interior, la santa y las cuchillas de la verja

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Escrito por Pura Mª García.

cuchillas ministeriales

A uno de los integrantes con cargo oficial del clan de los soberbios, Jorge Fernández Díaz le ha bastado hacer una visita a instalaciones de la Guardia Civil, enfundado en un traje y chaqueta -quién sabe si proveniente del mismo armario con doble fondo del que han salido casi todos los trajes del pp- para concluir con un revelador descubrimiento: “Las cuchillas instaladas en las vallas fronterizas de Melilla y Ceuta son una medida no agresiva, cuyo objetivo es impedir la entrada de migrantes sin papeles a España y, por tanto, a la Unión Europea. Son elementos de seguridad que tienen un efecto disuasorio y que provocan “erosiones leves, superficiales” a aquellos que intentan sobrepasarlas”

Antes de leer sus, de nuevo inconscientes y humillantes, palabras había pensado escribir sobre esas piezas de metal, cuya crueldad pretende esconderse tras un nombre que supuestamente las dulcifica, concertinas, para describir lo que viven, y lo que les es negado, quienes cruzan su mirada, y su piel y su esperanza, con ellas. Dejo aparcado ese texto porque siento la urgencia que provoca la indignación y la ira, las mías, al comprobar por escrito, de nuevo, la facilidad para decir idioteces que dan la ineptitud, la prepotencia y la falta de ética. Urge contestarle a este espécimen de homo politicus estupidus.

Para comprender a este individuo y sus palabras, que no por estar entrecomilladas adquieren algo de seriedad o de sentido, hay que retroceder en el tiempo y rebuscar en su biografía política (por llamarle de algún modo). Los del clan de los soberbios, concretamente la división de familia genovesa, han ultrapasado ya ese pavor que tenían, cuando su trasero, impulsado por los votos de los como ellos, estaba recién aterrizado en sus correspondientes poltronas. Era el pavor a que en algún momento decidiésemos investigar para conocer el pasado de sus miembros, un pasado vacío de aspectos valorables, en el mejor de los casos, o lleno de vinculaciones empresariales del tipo y viceversacontratas por generación espontánealicencias milagrosasfavores con efecto boomerang y otras buenas obras. Dos años después de del milagro que su dios les hizo, encontrarse con una urna robada a la mentira, mayoría absoluta le llaman ellos en jaculatoria que repiten cada día, y creyéndose protegidos por su versión de andar por Génova de la santísima trinidad –el silencio, la mentira y algunos jueces nada temen, nada les turba, ni siquiera que aparezcan escandalosos episodios de su vida, sobres fantasmas entre fantasmas o tramas que se transforman, obra y gracia de las leyes que modelan a su gusto, en actuaciones imposibles de probar.

El señor Fernández Díaz tiene un pasado fantástico para ser estudiado: vacío de méritos y de momentos de gloria, lo que no significa que no sea lógico que ostente un ministerio, es más, aquellos con pasado hueco de logros y formación, son los más requeridos para ocupar carteras y sillones. No logró obtener un escaño, cuando militaba en el CDS, en las generales del 82; cambió el centro por el rosario, se entrevistó con miembros de Alianza Popular y se obró el primero (y común) de los milagros de los diestros: fue elegido presidente provincial de Barcelona en 1993; concejal del ayuntamiento de Barcelona por las elecciones municipales de ese año; diputado del parlamento de Cataluña, un año después; Secretario general de los genoveses catalanes de 1985 a 1987; presidente provincial de Barcelona, presidente regional, miembro del comité ejecutivo nacional del PP, reelegido diputado en el parlamento catalán en 1986 y senador territorial durante los tres años siguientes en las municipales. Después, es elegido diputado por Barcelona y de ahí, de la mano de su amigo Rajoy, inicia el pperiplo ascendente hacia el glamour: de Secretario de Estado para las Administraciones Territoriales (14 de 1996-1999) a Secretario de Estado de Educación, Universidades, Investigación y Desarrollo (1999 -2000) y  finalmente Secretario de Estado de Relaciones con las Cortes (2000 -2004).

Ahora sostiene, con una mano que se aferra al asa con ahínco, la cartera del ministerio de Interior, un interior empeñado en guardar el interior y destrozar el exterior, impedir el acceso a ese interior, que en realidad no tiene apenas condiciones para ser deseado para quienes viven fuera de él.

Para entender el porqué de ese empeño en levantar cuchillas, perseguir a los exteriores y sus teorías médicas, tan comunes en el del pp, que atribuyen a las cuchillas puestas en la verja propiedades casi tan inocuas que cualquier día a los del interior nos recetarán una pasadita de ellas sobre la espalda y manos con fines terapéuticos (la cuchilloterapia) hay que recordar un episodio alucinante en la vida política de este miembro del opus dei con cartera interior:

Corría el año 2008 y el entonces vicepresidente tercero del PP, Jorge Fernández Díaz, propuso al Congreso la celebración de un homenaje curioso. Se trataba del homenaje a Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, una religiosa canonizada por Juan Pablo II que sufrió persecución durante la guerra civil, pero resultó indemne. A pesar de las presiones y los vínculos con la obra de muchos de los políticos peperos, el homenaje a una monja cuya consigna era “déjate mandar; déjate sujetar y despreciar y serás perfecta” se suspendió.

El que el ministro vea en las cuchillas un artilugio casi consolador, propiciador de meros y leves rasguños, si descartamos la ceguera total y selectiva, no tiene más explicación que una relacionada con la santaFernández ha debido pensar que si la religiosa de nombre asombroso fue perseguida con recurrencia pero salió indemne, los inmigrantes a los que se apalea, castiga, detiene y se caza, como si fuesen poco menos que perros, cuando saltan sobre la verja llena de cuchillas, también saldrán ilesos, a lo más con cuatro arañacitos de nada. A este opusiano parece sucederle lo que a muchos que andan por el mismo Camino: se empeñan en que a los otros, a los de segunda, hay que darles oportunidades para que sufran y mueran, porque al cielo, al suyo, se llega por el sufrimiento, la muerte y el dolor.

Nota: Lo referido al sufrimiento,  la muerte y el dolor no lo aplica el ministro a los suyos, a los de azul, a los que van por EL CAMINO sino a los demás, obviamente.

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