5 de octubre de 2013

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Escrito por Miguel Ortega.

La humanidad vuelve a fracasar. Para ser más exacto, fracasa a diario, hasta que en uno de esos días, cuando más oscuro estaba el cielo, murieron en torno a trescientos cincuenta extranjeros en la costa de Lampedusa. Eso salió ayer en la prensa; pero a diario mueren más de veinte personas -veinte al día, no está mal-, y todo por el egoísmo, la estupidez, la desvergüenza y el poco humanismo del ser humano.

Según los pocos eritreos y somalíes que sobrevivieron al naufragio del barco, cerca de allí se encontraban tres pesqueros que se dirigían a faenar. De hecho, esa fue una de las razones del incendio del barco: que estaban cerca de la costa y que podían ser vistos por los pesqueros que allí se encontraban. Pues aquellos pesqueros se hicieron los locos mientras mujeres embarazadas, hombres y niños veían cómo el fuego les tomaba los pies y subía por su piel hasta quemar cada célula de su cuerpo; o cómo huyendo de las llamas se encontraban con un enfurecido mar dispuesto a darles sepultura inmediata. Además de esto, es conocido que el El padrino Berlusconi no solo roba, manipula, engaña y estafa al estado italiano, sino que también tiene tiempo para sacarse de la manga junto con su entonces ministro de Interior Roberto Maroni una ley xenófoba que prohíbe dar ayuda a los extranjeros que se encuentren en mar abierto por mucho que la necesiten. Muchos pesqueros y armadores han sido ya detenidos y procesados por dicho comportamiento, llamado solidaridad.

¿Quién es más culpable? ¿El asesino, o el que encañona a la mujer del asesino para obligarle a matar? Da igual. En ambas circunstancias el hombre se desprende de su ética, de la moral solidaria que podría mover el mundo y que no es capaz de mover un lápiz. A veces uno se cansa de que el noticiario esté continuamente manchado de sangre. Cómo diría D. Pablo:

sucede que me canso de ser hombre.

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