9 de septiembre de 2013

Sindicalismo, en realidad

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Escrito por Antutxo.

No soy mucho de ver la tele, pero hace unos días llegó hasta mí un vídeo publicado en Youtube en el que el diputado de IU Alberto Garzón, respondía a un falso dilema planteado por el ínclito Francisco Marhuenda en un programa de La Sexta. Lo primero que me llamó la atención es que la persona que colgara el vídeo en Internet diera más importancia a la respuesta de Garzón al director de La Razón, una respuesta muy correcta, cuando lo verdaderamente importante lo estaba diciendo unos segundos antes. Hablaba el diputado sobre la necesidad de los sindicatos de adaptarse a una nueva realidad laboral y social.

A lo largo de la semana, se han ido sucediendo algunos acontecimientos que, a mi parecer, tienen que ver con el tema. En primer lugar, el presidente de la CEOE ha salido a dar sus propuestas para la creación de empleo y que, como pueden sospechar, son las mismas que llevan dando desde siempre. Después, fue la ministra Báñez la que celebró el primer año de la reforma laboral que ha conseguido aumentar el número de parados hasta límites insostenibles. Sobre los sindicatos, que algo tendrán que decir sobre estos asuntos, sólo he leído dos noticias. Que en Andalucía tanto CCOO como UGT tienen un lío con unas facturas falsas. Ni una palabra sobre los requerimientos judiciales que le ha mandado la directiva de UGT Andalucía a ‘El Mundo’, para que retire una información ‘falsa y tendenciosa’.

La campaña de desprestigio llevada a cabo desde la gran mayoría de los medios de comunicación hacia los sindicatos y sus integrantes no es algo nuevo. En su momento, Esperanza Aguirre no tuvo reparos en cuestionar la representatividad de unas organizaciones que triplican en afiliados a su propio partido. Aún así, hay cosas que no se están haciendo bien.

En otra parte publiqué una opinión acerca del X congreso de CCOO, al que acudieron el presidente de la CEOE y la ministra Báñez. En él cuestionaba la oportunidad de ambas participaciones en el contexto en el que nos encontramos, refiriéndolo no solamente a la campaña de desprestigio a la que anteriormente aludía, si no a los ataques directos que ambos personajes llevan a cabo contra los trabajadores. Tuve un debate muy interesante a través de algunas redes sociales con miembros de la directiva de CCOO, que tuvieron a bien explicarme los motivos que les llevaron a invitar tanto a uno, como a la otra. No me convencieron, aunque les agradezco el esfuerzo y la oportunidad, pero sí me hicieron pensar acerca de la percepción del sindicalismo que se tiene en la calle. No pretendo ser un analista política, sino reflexionar acerca de lo que veo a mi alrededor, que, con sus limitaciones, puede responder a un sentimiento más amplio.

En su declaración, el diputado de IU aludía al cambio de condiciones laborales y sociales que se han producido desde la fundación de los grandes sindicatos. En ese momento, los centros de trabajo eran grandes, y las plantillas numerosas. La realidad ahora es que las plantillas son mucho más reducidas y los centros de trabajo más pequeños, diluyendo el impacto de una de las acciones sindicales de protesta clásica, la huelga. En la actualidad, sólo un paro en determinados sectores como el transporte puede tener una repercusión importante. Con unos medios de comunicación afines, es sencillo para la patronal minimizar ese impacto, y demonizar a los convocantes.

Así pues, es necesario un cambio de estrategia que debe girar en torno a unos principios básicos. En primer lugar, una mayor presencia en los centros de trabajo. Sin entrar a valorar la labor de los liberados, figura necesaria y fundamental en la acción sindical, no siempre están todo lo disponibles y presentes que sería deseable para los trabajadores. Además de las labores de vigilancia del cumplimiento de los convenios colectivos y de negociación de los mismos, la información y organización de los trabajadores debería
ser una de las prioridades. Desde mi experiencia como delegado de personal he comprobado que la gran mayoría de mi tiempo se me va en explicar a mis compañeros cuáles son sus derechos y cómo ejercerlos. La organización de jornadas de información en los centros de trabajo, serviría para solventar ese tipo de dudas.
Además, es necesario compartir la información disponible acerca de la situación de las condiciones laborales en centros de trabajo similares. La atomización de las plantillas, y la falta de comunicación con otros trabajadores hace que, en numerosas ocasiones entremos en el discurso de ‘esto es lo que hay’ promovido por el empresario. Esta labor de dinamización de la vida labora y de interconexión entre los centros de trabajo puede dar perspectiva a los trabajadores de la situación real del mercado laboral, y de lo que un empresario puede y no puede hacer.

El control de las horas sindicales debe tener la debida importancia. Desde mi empresa nunca se me ha pedido que justifique esas horas, en cumplimiento de la ley. Pero desde mi sindicato tampoco se ha hecho, lo que abre la puerta a que se cometan abusos, y que dependa de mi responsabilidad personal el uso que hago de las mismas. Por mi parte, puedo justificar cada una de las que he tomado, y he informado a mis compañeros de ellas. Pero he asistido a flagrantes usos indebidos.

Por otra parte, la definición del sindicato como una organización de trabajadores cuyo objetivo es mejorar las condiciones de trabajo, debe llevarnos a una correcta identificación de las mismas. En ese contexto, cualquier acción sindical propuesta debe responder a la pregunta de ‘¿cómo y a quién beneficia?’, antes de ser llevada a cabo. Entre otras cosas me refiero a aquellas que tienen que ver con las relaciones institucionales. Un líder sindical tiene que ser cuidadoso a la hora de elegir con quién se reúne, por ejemplo, y los delincuentes no son interlocutores válidos. Lo digo porque en la CEOE hay más de uno imputado y alguno condenado. La sensación que puedo observar a mi alrededor es de profundo descontento cuando, en nombre de unas buenas relaciones con otros agentes sociales, se les abre la puerta de nuestra casa a aquellos que, a la salida, cuestionan los derechos duramente conseguidos a lo largo de los años. Esta política ‘buenista’, que es posible fuera útil en otros momentos de nuestra historia reciente, lo cierto es que en la actualidad separa a las direcciones de los sindicatos de sus afiliados, que difícilmente pueden entender que el señor Rosell tenga algo que decir en un congreso de una organización que defiende los derechos de los trabajadores cuando, día sí y día también, se desmarca atacando a los funcionarios, a los parados o defendiendo la implantación de un mercado laboral basado en la precariedad y la temporalidad.

Esta política ‘buenista’ me lleva al último punto. Y es que echo de menos una defensa más encarecida de los trabajadores, y una defensa mucho más activa de la actividad sindical que la que se lleva actualmente a cabo. La iniciativa de UGT Andalucía de requerir judicialmente la rectificación de la noticia dada por el periódico ‘El Mundo’ respecto a sus presuntas facturas falsas, van en la línea correcta. Los ataques son muchos, pero hay que salir al paso de los mismos, porque está instalándose en la población la idea de que los sindicalistas son una especie de privilegiados que se dedican a comer marisco y comprarse relojes de oro. Si bien es cierto que la prensa en este país es lo que es, y que sirven a los intereses que sirven, estoy convencido de que existe el suficiente talento entre los trabajadores para encontrar soluciones a eso.

Se me quedan cosas en el tintero, como la atención hacia los autónomos, los parados, los cursos de formación o la evolución de la afiliación. Pero el trabajo que queda por delante es lo suficientemente grande, como para que vaya a haber tiempo para ampliar estos asuntos.

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