29 de septiembre de 2013

Los excluidos de los excluidos. SIDA.

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Escrito por Iria Meléndez en la sección Domingos de Ciencia.


El SIDA ataca el cuerpo: el prejuicio ataca el espíritu. El uno está causado por un virus. El otro está causado por la ignorancia. Ambos pueden matar. 

El Estigma es un “atributo que desacredita socialmente a quien lo soporta, que queda sometido a reacciones adversas, de hostilidad y de rechazo, que favorecen la soledad y el aislamiento social” (Goffman, 1963). Además, puede producirse autoestigmatización cuando las personas con VIH interiorizan o anticipan las actitudes sociales que se experimentan en la sociedad. Puede ocasionar vergüenza o desprecio de sí mismo, sentimientos de culpabilidad y de inferioridad, que pasan a formar parte de su identidad favoreciendo situaciones de autoexclusión en múltiples ámbitos de la vida.

La discriminación se produce “cuando el estigma se instala”. Se considera discriminación arbitraria en relación con el VIH cualquier medida que acarree una distinción arbitraria entre las personas por razón de su estado de salud o su estado serológico respecto al VIH, confirmado o sospechado. La discriminación arbitraria puede ser el resultado de una acción o una omisión.

Adoptar las medidas adecuadas para erradicar la discriminación hacia las personas con VIH y defender sus derechos es un reto fundamental y esencial para dar respuesta a la epidemia. Es imprescindible un esfuerzo muy importante por parte de las instituciones para responder al estigma, ya que mejoraría la calidad de vida de las personas infectadas por el VIH y de las personas que son sumamente vulnerables a la infección.

He citado a las instituciones pero, y nosotros ante el VIH, ¿qué pensamos?, ¿cómo actuamos?, ¿tenemos prejuicios?

El informe FIPSE 2010 “Creencias y actitudes de la población española hacia las personas con VIH indica que un buen número de personas siente incomodidad ante un potencial contacto con personas con VIH en diferentes situaciones de la vida cotidiana. Dicha incomodidad se traduce no sólo en intención de evitación del contacto sino en actitudes discriminatorias como el apoyo a posibles políticas de segregación social e incluso física de las personas con VIH. En este sentido, un 20% de la población cree que la ley debería obligar a que, en ciertos lugares, las personas con VIH deban estar separadas y que un 18% de la población piense que los nombres de las personas con VIH deberían hacerse públicos para que la gente que quisiera pudiera evitarlas.

Así pues, después de más de veinticinco años de su primer diagnóstico, el VIH/SIDA sigue suscitando, en las personas y en las comunidades, reacciones negativas como el miedo, el silencio, la negación, el estigma, la discriminación e inclusive la violencia contra las personas que padecen esta enfermedad.¿No os parece cruel y deplorable?.

¿Queréis datos sobre las consecuencias del estigma?
Las cifras publicadas por ONUSIDA, del Informe sobre la epidemia del VIH/SIDA, refieren datos alarmantes para la salud pública de la población mundial: el total de personas que poseen la enfermedad es de 40 millones, de los cuales 7.1 millones son adultos, 3 millones son menores de 15 años y solo en el año 2001 murieron 3 millones de personas por esta causa.

La epidemia del VIH/SIDA está produciéndose en un momento de rápida globalización, cuando se amplían las diferencias entre ricos y pobres. La exclusión que acompaña esos cambios mundiales ha aumentado las desigualdades sociales y la estigmatización de los pobres, las personas sin domicilio fijo, los desempleados y los desplazados. Esto conduce a un círculo vicioso de pobreza, en el que aumenta la vulnerabilidad al SIDA, lo que a su vez incrementa la pobreza. Como dice Zizek en su libro "Sobre la violencia, seis reflexiones marginales: "Porque la violencia simbólica (la del discurso y la ideología dominante, que se impone de modo vertical y sin posibilidad de réplica) oculta a la violencia sistémica del capitalismo y del neoliberalismo (la incesante producción masiva de pobres, de precarios, de excluidos, muchos de ellos infectados por el fetichismo del dinero y del consumismo), pues sólo muestra ciertas violencias subjetivas y oculta otras".

Ante esta injusticia, ¿cómo reacciona el sistema?, os citaré algunos ejemplos, aunque la lista de políticas discriminatorias podrías ser mucho más larga:
  • Denegación de vivienda.
  • Ser ignorados por los amigos y compañeros .
  • Negación de seguros de vida y de salud.
  • La selección y pruebas obligatorias para personas que buscan empleo.
  • La notificación obligatoria de casos de SIDA, las restricciones al anonimato.
  • La prohibición de ciertas ocupaciones para las personas que padecen la enfermedad.
  • Las restricciones impuestas a los viajes internacionales y la detención o deportación de las personas con esta enfermedad. 
  • Y un largo etcétera...
Esto me recuerda a lo que Zizek llama "la impotente reflexión cínica" es decir, el recurso cognitivo para "justificar esta violencia a los excluidos y dormir tranquilos....

Conviene recordar unas palabras del año 2002 de Nelson Mandela en una conferencia:
“Muchas personas que sufren el SIDA, no mueren de esa enfermedad, mueren del estigma que rodea a toda persona que padece el VIH/SIDA.”

En conclusión, el estigma y la discriminación relacionados con el VIH/SIDA nos desafían a todos: al Estado, a las instituciones y los trabajadores de la salud, a las personas infectadas, sus familias y la comunidad en general a identificar e intervenir las causas de esta situación, la cual sólo podrá vencerse con unas políticas gubernamentales específicas, de promoción de la salud, de prevención de la enfermedad y si nuestros cuidados y tratamientos conllevan respeto y dignidad.

Escribe Zizek, “la única comunicación auténtica es la de la solidaridad en la lucha común, cuando descubro que el atolladero en el que estoy es también el atolladero en el que está el Otro”.


¿No os parece de locos consentir esta situación?

"El delirio más cotidiano es el del pequeño o gran dictador, el de aquel que se considera poseedor de la verdad más absoluta. El de aquel que sin perder la razón (sin sufrir o sin reconocer su sufrimiento) no atiende a razones". 

"El escritofrénico", de Raúl Velasco

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