26 de agosto de 2013

El caso andaluz frente al supremacismo lingüístico

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Escrito por Daniel Pinto y enviado a través de la sección Libre Publicación.

Hace 30 años varios profesores de la Universidad de Sevilla realizaron un estudio donde afirmaban que un tercio de la población andaluza considera que habla mal. 


Que ciudadanos de otras partes de España, donde impera un fuerte nacionalismo, piense eso es grave; pero que lo piensen los propios andaluces de sí mismos es cuanto menos preocupante.

Ciertas instituciones y medios de comunicación han reforzado esta idea durante décadas, promoviendo una única variedad correcta de español. Como escribía Manuel Navarrete en un artículo, resulta curioso que la variedad del castellano del centro peninsular sea la variedad que se imponga al resto aun siendo minoritaria. “¿Por qué el 10% de los hispanohablantes debe dominar al 90%? Si sólo una exigua minoría de los hispanohablantes distinguen casar de cazar.”

Para percatarse de este supremacismo lingüístico basta ver la televisión andaluza. ¿Por qué un presentador de noticias de la televisión andaluza habla con acento de Madrid? Esta respuesta solo puede responderse atendiendo al menosprecio de la variedad lingüística andaluza, considerándola vulgar o incorrecta.

Esta ideología supremacista está llevando al enfrentamiento entre pueblos. Yo vivo en Madrid, donde no es extraño escuchar comentarios como “los andaluces no saben hablar”. Estas opiniones, que no tienen ninguna base lingüística, van creando poco a poco actitudes de rechazo, burla y racismo hacia el pueblo andaluz. Y es por ello que considero necesario tratar de desmontar esas afirmaciones tan comunes pero a la vez tan falsas.

Para comprender mejor el fenómeno cabe mencionar que todas las lenguas llamadas “estándar” son fruto de acuerdos artificiales. La lengua estándar culta está basada en el modelo escrito, es una elaboración ficticia de la lengua coloquial.

Por ejemplo, el francés que se enseña en los institutos es el francés estándar, cuyas características han sido recopiladas de diversas variedades lingüísticas, y una en particular, la variedad de París. De la misma manera, la gramática del castellano estándar está formada por convenciones de diferentes variedades coloquiales, siendo siempre una de ellas la privilegiada. Igual que el francés parisino ha servido para elaborar unas normas gramaticales del francés, en el caso del castellano se ha tomado la variedad del centro peninsular.

Por lo tanto, no es de extrañar que muchos madrileños, o castellanos en general, crean que ellos son los que mejor hablan español. ¿Por qué? Vuelvo a repetirlo: porque la lengua estándar, elaborada artificialmente y que nadie habla, es prácticamente igual que la variedad coloquial de Madrid. 

La normativa elaborada por la RAE considera que en un español correcto se debe distinguir entre “cazar” y “casar”; sin embargo, en todo el dominio lingüístico hispano (contando, evidentemente, con América Latina), solamente los hablantes de la mitad norte de España hacen esta distinción.

No obstante, pese a que los madrileños creamos que hablamos un impoluto castellano, la normativa oficial tiene por incorrecto el leísmo (uso del pronombre le para el objeto directo) y el laísmo (uso del pronombre la para el objeto indirecto), siendo precisamente Madrid y buena parte de Castilla regiones leístas y laístas.

Aclarado este punto, llegamos a la conclusión de que la lengua coloquial es la realmente importante para el estudio, pues es la manera de expresarse de sus hablantes.

Debemos considerar que la lengua coloquial no es ninguna desviación ni aberración. La variación lingüística es una característica de todas las lenguas, pues todas ellas van cambiando poco a poco a lo largo del tiempo. Desde el primer soldado romano que llegó a la Península Ibérica hasta usted que me está leyendo, todos creemos que hablamos a nuestros hijos de la misma manera que nos hablaron nuestros padres, pero no es cierto. No hubo una ruptura radical en la formación de las lenguas romances, sino que cada comunidad de individuos hablaba un latín adaptado a los vestigios de sus anteriores lenguas, y poco a poco esos distintos modos de hablar dieron lugar a lenguas totalmente diferenciadas unas de otras.

Un andaluz no comete desviación a la hora de hablar; es sencillamente una variedad más dentro del crisol del ámbito lingüístico hispano. Que las variedades andaluzas se alejen de la gramática “oficial” no significa que sean menos válidas, pues como ya dijimos, esa normativa estándar es una elaboración artificial tomada en su mayoría del castellano del centro peninsular. Los sectores del nacionalismo lingüístico español pueden argumentar que los andaluces “se comen las letras”. Desde la lingüística les respondemos que la escritura está subordinada a la lengua oral. Si bien es cierto que la escritura ha servido para la difusión de la cultura y el conocimiento, debemos hacer hincapié en que la escritura es estática en el tiempo, por lo que no actualiza el dinamismo y la diversificación de la lengua hablada. La ortografía, por tanto, se separa con el paso del tiempo de la lengua hablada. 

Si tomamos de nuevo el caso del francés, vemos cómo una palabra escrita puede contener más letras que fonemas; así la palabra français consta de 8 letras pero solo 5 fonemas /frãsɛ/. Así pues, si no se nos ocurre afirmar que el francés es incorrecto aunque su pronunciación se aleje de la ortografía, ¿por qué sí afirmamos que el andaluz es incorrecto?

En andaluz es perfecto en el sentido que sirve para una comunicación eficiente, y como cualquier variedad lingüística posee mecanismos de lo que se llama economía del lenguaje. Tomando la frase “¿qué ha pasado?”, un madrileño puede pronunciar /keapasao/ o incluso /kapasao/. En ninguna ocasión nos hemos ceñido a la ortografía, sino que para economizar hemos abreviado la forma. Pues bien, de la misma manera un andaluz puede pronunciar /ehtai/ si cogemos la frase “está ahí”. Todas las lenguas recurren a estos mecanismos, por lo que tildar al andaluz de incorrecto carece de sentido.

Otro argumento típico de los que consideran al andaluz una perversión del glorioso idioma español es aquel que dice que “no se sabe si hablan en singular o plural porque se comen las eses”. Estaremos de acuerdo en que el castellano emplea el morfema “-s” o “-es” para marcar pluralidad. Así, tenemos “árbol – árboles” o “niña – niñas”. Esto a nivel fónico supone la pronunciación de una fricativa alveolar sorda /s/ como marca de plural. Sin embargo, en una gran mayoría de casos el andaluz no emplea este mecanismo para marcar el plural, lo cual no quiere decir que no haya característica de pluralidad. 

El castellano estándar cuanta con cinco sonidos vocálicos; en cambio, el andaluz ha desarrollado un sistema vocálico más amplio con el que se marca el plural. De hecho, un cordobés puede llegar a las diez vocales (las cinco cerradas que tiene el castellano estándar más sus respectivos sonidos abiertos que marcan plural). Un andaluz, por tanto, pronunciará /niɲo/ cuando el sustantivo sea “niño” y pronunciará /niɲɔ/ o incluso /niɲɔh/ cuando el sustantivo sea “niños”. 

Así pues, ya sea a base de abrir la vocal final o con esta apertura más una aspiración, ningún andaluz se queda sin saber el número (singular o plural) del correspondiente nombre.

En conclusión, afirmamos sin miedo a equivocarnos que no existe corroboración científica que asegure que los andaluces hablan mal. Por el contrario, hablan una variedad más del dominio lingüístico del español. A aquellos que declaran, con superioridad moral además, que el andaluz se aleja del castellano correcto, hay que aclararles que lo que se considera castellano “correcto” o “estándar” es una convención artificial elaborada a partir del castellano centro-peninsular; de ahí que dé la impresión que madrileños o castellano-leoneses sean los que mejor hablan, pues es su variedad lingüística la escogida para conformar el estándar. De esto no se infiere que el andaluz hable mal, pues la lengua oral predomina sobre la escritura, de nuevo una elaboración artificial de los humanos. El andaluz, como cualquier variedad lingüística, crea y posee mecanismos para marcar los rasgos morfológicos y fonológicos, por lo que las aspiraciones, el seseo o la apertura de vocales son tan aptos como cualquier otro fenómeno.

Necesitamos combatir esas teorías supremacistas del español, pues a través de ellas se perciben prejuicios que van más allá de lo lingüístico y derivan en una ideología racista contra el pueblo andaluz.


1 comentario:

  1. Enhorabuena por este gran artículo y por el enfoque científico. El caso del andaluz quizás sea uno de los más interesantes lingüisticamente hablando que puede haber en Europa occidental. Por múltiples motivos: la variedad dialectal con el castellano, su riqueza léxica, la influencia árabe etc. Recomiendo esta conferencia de Tomás Gutier celebrada en enero de 2011 en el Ateneo Cultural Andaluz titulada "La lengua andaluza: Apuntes para su gramática y diccionario http://www.rumboaleningrado.net/2012/01/la-lengua-andaluza.html

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