12 de junio de 2013

La Revolución de los Jóvenes

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Observando el devenir legislativo y político de los últimos meses, uno se acaba dando cuenta que tras todos y cada uno de los retrocesos de la sociedad, gobierne quien gobierne, esconden un fondo trágico: Nuestros líderes políticos han creado una generación que no saben ni pueden controlar. Somos jóvenes europeístas, tolerantes, igualitarios e idealistas y demandamos, en nuestra mayoría (siempre es peligroso generalizar) otro sistema que ellos no nos pueden dar. No están a la altura, con todos mis respetos hacia nuestros representantes, de esta nueva transición que necesitamos, aquella en la que no se negocia, aquella cercana a la revolución democrática. Y es que, a pesar de la heterogeneidad de nuestra sociedad en sus capas más jóvenes, vemos como se nos educa a todos con el mismo modelo orientado al mercado laboral, que para más INRI pretenden profesionalizar más todavía, y nos oprime como seres humanos en tanto que impide el desarrollo pleno de la personalidad y expulsa a aquellos que no encajan en él y se ven abocados al fracaso (escolar, laboral…) etiquetados para siempre como NI-NI’s. ¿Qué es un NI-NI al fin y al cabo?

Pero no se quedan ahí nuestros problemas. Una vez conseguimos superar la fase formativa, tampoco queremos salir (y entrar) al mercado laboral para competir de manera ciertamente voraz por un puesto de trabajo que asegure la mecanización profesional de nuestra vida y tienda, en los peores casos, a la esclavización. Tampoco queremos trabajar para un Estado que excluye paulatinamente del sistema a los desfavorecidos a la vez que oprime a las clases medias de la sociedad, ni para aquel sistema capitalista que apaga la humanidad del ser para exprimir su faceta animal en el sentido más amargo de esta.

¿Entonces, hacia dónde queremos ir? Particularmente, pienso que necesitamos humanizar nuestro sistema económico y optimizar nuestro sistema político y democrático. Somos una generación pujante que tiene valores muy diferentes a los de aquella que nos gobierna y no tenemos miedos ni complejos. No se alzan sombras guerracivilistas a nuestro paso. Somos la generación de la globalización, de la globalización humana, se encuentra entre nosotros una diversidad sin precedentes, y es por ello por lo que no nos sirven guiños renovadores. No necesitamos otra transición sino una revolución. Una revolución humanista y humanizadora que genere el sistema de todos para que todos entren en el sistema.


Artículo realizado por Nicolás Cristiani.
    

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