8 de junio de 2013

En un triste Oh Bella Ciao

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He de decirles que es un placer escribir aquí. Hay semanas en las que uno no sabe qué escribir; es muy aburrido poner todo el día a parir al PP o al PSOE... hay que innovar. Ese es el recurso fácil. Por ejemplo, en estos días la Plataforma de Afectados por la Hipoteca ha recibido el premio ciudadano europeo, y ya ha salido un conservador del PP con un sueldo y unos estudios inversamente proporcionales a decir que qué vergüenza, que mañana se la dan a Otegui. Pero eso es muy fácil. Es el recurso de poner a parir al más tonto que veas en la televisión durante la semana.

Otra columna posible es escribir sobre algo que te haya causado una buena impresión -entiendo que muy difícil en estos tiempos-. Pero el otro día, los diez mejores universitarios del país recibieron un premio de manos de su verdugo, y en vez de agachar la cabeza y estirar la mano, encogieron la mano, estiraron el cuello, y saludaron a sus compañeros con una camiseta verde-esperanza pasando olímpicamente del señor Wert. Perdón, de Wert. Desde aquí todo mi apoyo a esos estudiantes. Todo el mundo dice que le echaron “un par de huevos”, pero es mentira. Le echaron un par de neuronas, pensaron lo que estaba haciendo ese señor con la educación pública, y actuaron en consecuencia. Enhorabuena.
 
Pero esta columna no va a poner a parir al PP, ni a vanagloriar -más- a estos estudiantes. Esta columna soy yo, rompiéndo una lanza en contra de la violencia fascista. Esta columna son las lágrimas del joven Clément Méric cuando un nazi le pegaba un puñetazo con un puño americano. Esta columna es la rabia y el odio de mi corazón cuando ese joven sindicalista y antifascista, militante partisano, entró en parada cerebral. Esta columna son mis ganas de ir a París y luchar, literalmente hablando si es necesario, por el derecho de los homosexuales. Son los impulsos de un joven y pacifista de diecinueve años por defender con el alma -y si es necesario con sus puños- el derecho al matrimonio de los homosexuales. Esta columna suena a réquiem, pero sueña con un mundo mejor. Es una triste melodía que llama a todos a esa necesidad de acabar con las injusticias. Es un triste grito de esperanza que jura que si en España ocurre lo que ocurrió aquel 05/07/´13 en los grandes almacenes de los bulevares de París, y tiene la oportunidad de pararlo, pondrá su pecho para recibir el primer golpe y que entre todos podamos dar el segundo al Fascismo. Esta columna es odio. Esta columna, se rasga las vestiduras en un triste “Oh Bella Ciao”, en memoria de un joven partisano muerto. Asesinado ni más ni menos, que por sus ideales. Descansa en paz, Clément.


Artículo realizado por Miguel Ortega.
   

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