25 de mayo de 2013

¡Pobre soñador de mí!

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Lc, 1,51:53: Ha desplegado la fuerza de su brazo, ha destruido los planes de los soberbios, ha derribado a los poderosos de sus tronos y ha encumbrado a los humildes; ha colmado de bienes a los hambrientos y despedido a los ricos con las manos vacías. 

Oye, pues no está tan mal. Si en la nueva asignatura “Valores Sociales” y en religión nos explicaran cosas como esta, y además diéramos todas las religiones existentes -por aquello de la cultura general, la no discriminación al resto de religiones, etc-; no estaría tan mal lo de la “Ley Wert”. Olvidémonos por un momento de la segregación sexual, de la segregación clasista, de la inversión privada españolizadora en Cataluña, del detrimento continuo de la escuela pública, de las reválidas como coto de caza estudiantil... centrémonos solo en la religión y los “Valores Sociales”. ¿Que Dios echó del trono a los poderosos, vanidosos y soberbios? ¿Que les quitó sus riquezas para dárselo a los más necesitados? ¿Que encumbró a los pobres y expulsó a los ricos?¿Dónde hay que firmar?

Pero parece ser que hubo otro Dios. Ese Dios que solo hablaba español, que se engominaba el pelo “cara al sol”, que discriminaba por razón de sexo, raza, gustos, ideologías o incluso formas de vestir, que perdonaba a los ambiciosos ladrones de chaqueta pero no a los necesitados que visten sudadera, que premiaba con indultos incomprensibles, que daba más importancia al odio que al amor... Ese es el Dios que nos quieren enseñar. El Dios español. Y yo que pensaba que Jesús fue el primer hippie de la humanidad, nacido en Belén -por Getafe más o menos, para los cristianos que voceen luego “moro cabrón”-, que enseñaba lo bonito de amar al prójimo, lo necesaria que era la igualdad entre las personas, el perdón incluso a sus detractores y asesinos... Yo que pensaba que Dios era alguien tolerante, que intentaba educar a sus seguidores en amor y paz, que odiaba el odio y que de matar algo era el hambre. Yo pensaba que Dios era, por decirlo así, un fin al que los hombres podríamos llegar... ¡pobre soñador de mí!


Artículo realizado por Miguel Ortega.

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