11 de abril de 2013

¿Por qué se perdió África?

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 FMI y África


Podríamos decir que a África no le han venido nada bien las políticas de libre mercadoneoliberales. Tras la aplicación de estas políticas durante más de 30 años su renta ha quedado estancada a nivel de 1980. Como nos explica Ha–Joon Chang, en un libro excelente, los mitos que condenan a África al subdesarrollo – el clima, los recursos naturales, la corrupción, la beligerancia intrínseca o  su pereza característica – nacieron a partir del fracaso de las políticas neoliberales en los años 80 y 90.
 
Unos mitos y explicaciones al subdesarrollo africano llenos de prejuicios y estereotipos para disculpar el fracaso de la políticas neoliberales. De estos supuestos problemas infranqueables, también, se vieron aquejados los países hoy, desarrollados y ricos. Pero, fue el mismo crecimiento económico e industrial el que los condenó al baúl de los recuerdos. En S. XIX, los japoneses eran vagos; los alemanes, ladrones; sin ir más lejos, en los años 50, los coreanos y taiwaneses eran considerados ineptos, corruptos e incompetentes. La evolución económica de estos países no solo hace que ya no se vean víctimas de estos estereotipos sino que, ahora, sufren los totalmente opuestos.

FMI CucarachasEl actual mal de África fue inoculado hacia finales de los años 70. En esas fechas, el FMI y el Banco Mundial empezaron a aplicar en África los muy famosos Programas de Ajuste Estructural, por sus siglas PAE. Unos planes que prometíandiríamos que siempre prometenlas bonanzas sinfín del libre mercado y el crecimiento infinito. En resumen, unas reformas que consistían en la apertura comercial de los mercados africanos y el recorte en el gasto público tendente a obtener un presupuesto equilibrado, el famoso déficit cero. Unos planes que tuvieron las terribles consecuencias de convertir a muchos países autosuficientes en materia alimentaria en receptores crónicos de ayuda alimentaria.

Estas políticas impidieron a los países africanos realizar las necesarias inversiones en infraestructuras, educación, sanidad, maquinas, instituciones o tecnologías. La apertura comercial – cuando lo necesario en estos casos hubiera sido llevar a cabo las mismas políticas que realizaron los países ricos en su ascenso económico: el mantenimiento de los aranceles, las subvenciones, las inversiones públicas y el apoyo a los medianos y pequeños productores – arrasó los pequeños sectores industriales que estaban naciendo. El posterior dumping agrícola de los productos europeos y estadounidenses hipersubvencionados acabó por hundir, también, a los pequeños agricultores.

Con estas políticas – la inacción del gobierno, la desregulación o la liberalización comercial – que escondían un nuevo colonialismo de los países más ricos, sobretodo de las grandes corporaciones, África se veía reducida nuevamente a exportar las muy necesarias materias primas a precio de saldo, pero a carecer  de un sistema productivo propio que es de vital importancia para salir del subdesarrollo y obtener una relativa independencia económica.

Con los programas de ajuste, África se paró en seco. Llevaba dos décadas creciendo a una media del 1,6%. Puede parecer un crecimiento modesto, pero era ligeramente superior a la tasa de crecimiento que obtenían los países más ricos durante la época de la revolución industrial. A partir de entonces, entró en una profunda crisis. Con caídas del 0,7% anual de media en la renta per cápita durante dos décadas, los 80 y los 90. Luego, esta caída se maquilló con el crecimiento del precio de las materias primas en los primeros años del siglo XXI.
 La deuda externa del Tercer Mundo pasa de 70 mil millones en 1970 a 3,3 billones en 2008

No sólo África sufrió los terribles beneficios del ajuste estructural. Iberoamérica, también, supo lo que es probar la medicina neoliberal. Hasta los años 80 del pasado siglo, la renta per cápita de esta zona crecía a un 3% anual sin hacer mucho caso a los supuestos males de la inflación. Al adoptar la recetas neoliberales debido a la liberalización de sus mercados financieros sufrió una terrible crisis de deuda que vino acompañada de la liberalización comercial. La pobreza se multiplicó por tres y la caída del crecimiento y los salarios fue terrible. Sólo una élite social se enriqueció aun más al precio de vender sus países.
El servicio de la deuda pasó de 9 mil millones en 1970 a 530.000 en 2008

Los planes de ajuste estructural no son nuevos. Deberíamos temerlos dado sus resultados. Lo que prometen no tiene ninguna relación con lo que en realidad suponen para la soberanía y el desarrollo de una sociedad. Prometen crecimiento y todo tipo de parabienes, pero perpetuán el estancamiento, la dependencia, la pobreza y la esclavitud. La esclavitud, sobre todo, de la deuda. Una deuda en gran medida socializada que se multiplicó en poco menos de cuarenta años por 48. Una deuda a todas luces, impagable. Pero el secreto para los rentistas neoliberales no está en el principal, en el pago integro de la deuda – que saben que es imposible – sino en la magia de los intereses perpetuos que se multiplicaron por 58.


Postdata: Me queda la duda de si esto se estudia con tanta crudeza en universidades y escuelas de negocios de tan alta calidad como nos dicen ser.

Artículo realizado por Emilio José.

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