13 de abril de 2013

Ana Botella en busca del nombre de la calle perdida‏

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Margaret Thatcher quiere permanecer en nuestros corazones. Mejor dicho; Ana Botella quiere que Margaret Thatcher permanezca en nuestros corazones y la verdad es que tiene sentido. Era una mujer fiel a sus ideas, constante y trabajadora. Dormía únicamente cuatro horas diarias pensando en cómo quitar más poder a los sindicatos, en cómo ganar su partidito particular en las Malvinas y en cómo llevar a cabo sus políticas liberales, a las que se les llegó a poner nombre propio y todo, thatcherismo. Destaca también entre otras cosas por su relación con el Apartheid (sistema racista que tuvo a Nelson Mandela en la cárcel desde jovencito y hasta que le salieron canas, entre otras cosas) y por su profunda aversión al comunismo. Es una mujer que nada más llegar al gobierno inglés recortó en lo social y en lo cultural, privatizó hasta el aire (por lo visto ahora acaba de privatizar el cielo y el infierno) y fue la madre que amamantó al más agresivo neoliberalismo, como es presumible que Ana Botella quiere hacer. En lo único que difieren es que Ana no ha sido votada nunca y no tiene competencias en la Comunidad de Madrid suficientes para ejercer ese ultraliberalismo. Otro problema que tiene, es que no ve las noticias, y no sabe que también ha muerto recientemente el escritor, economista y activista español José Luis Sampedro. Bueno... de todos modos él es “kale borroka”. No interesa poner el nombre de un revolucionario intelectual español a una calle madrileña. Con más razón todavía, era un revolucionario intelectual español y catalán, así que no vale. Sus libros que los lea otro. Es mucho mejor pasear viendo el nombre y primer apellido de una mujer que ha visto España más veces en el mapa que en persona. 

Puestos a elegir el nombre de la calle, y dado que va a hacer lo que le dé la gana en nombre de la democracia, queda mejor “la Dama de Hierro”. Es más estético, más fuerte, más vistoso. Esto tiene que sopesarlo Ana, mujer que un día habla de que hay que reducir la contaminación del aire en Madrid y al día siguiente va en coche oficial a una peluquería que está a una manzana de su casa. Mucho mejor fue lo que hizo Tierno Galván, cuando dio nombre a un pasaje en el barrio de la Estrella a John Lennon. No es que tuviera nada que ver con Madrid, ni con España, ni con la política, ni con nada de lo que he dicho en esta columna; pero dijo la frase más real y bonita de la historia: “Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor... pero la violencia es practicada a plena luz del día”. Puestos a hacer una estupidez, por lo menos que sea hermosa.


Artículo realizado por Miguel Ortega.
  

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