24 de marzo de 2013

Una liga de debate, un pleno y un juicio

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En los tres últimos días he asistido a una liga de debate universitaria, a un pleno municipal y a un juicio. Hay dos diferencias; en el pleno el juez es juez y parte, y en el juicio y en la liga de debate las dos partes son más educadas. Mucho más.

            En el debate universitario dos equipos defienden posturas diferentes, en este caso a favor y en contra del mantenimiento de diputaciones y ayuntamientos. Los equipos presentan su posición, refutan la del contrario y presentan una conclusión. Finalmente, el jurado delibera y proclama a un ganador.

            En el juicio, un contencioso administrativo, una familia intentaba que se revocase una denuncia impuesta por la Guardia Civil. Llegué allí sin demasiada información, y no os puedo dar más; pero por ahí iban los tiros. Bien, pues pasaron el abogado de la demandante, el fiscal, otro señor trajeado (que vete tú a saber quién era), y yo. Comenzó hablando el fiscal, con tal cantidad de leyes sobre la mesa, que alguno las tuvo que revisar por si se las estaba inventando. Luego habló el abogado de la demandante, con la misma retahíla de leyes, pero más sereno. Finalmente con otro kilo de leyes nuevas finalizó el fiscal. Más tarde, nos fuimos todos de la sala para que el Juez pudiera dictar sentencia tras la defensa de ambas partes.

            El pleno fue exactamente igual, pero más absurdo. Los portavoces de uno y de otro partido exponían sus posturas, sin apreciar ni un ápice de la postura del otro. Si era posible, la conversación entre ambas partes se establecía en tono burlesco. Después de tres o cuatro refutaciones por cada portavoz, el alcalde, el socialista Juan Ávila, daba paso a la votación. Hubo ocho votaciones, y en siete de ellas el resultado fue de trece votos a favor y once en contra.

            En dicho pleno, había gente que ponía a este sistema por los suelos. Hubo alguna persona que decía que aquello era estúpido. Que eso era darle vueltas a la sopa para acabar tirándola. Decía que daba exactamente igual lo que dijeran los unos o los otros, porque al final saldría aprobado lo que quisiere el partido dominante. Yo no quise entrar en los ex abruptos que decía, pero hubo alguno que sí le explicó que eso era un pilar en democracia. No lo terminó de admitir, pero cambió de tema. Decía que “que poquita educación pa´ lo caros que son esos trajes”. En esa ocasión moví la cabeza en modo afirmativo. Llevaba más razón que un santo.

            Una liga de debate se organiza para que los jóvenes pierdan el miedo a hablar en público, para que no suponga una situación de estrés hablar delante de la gente, para fomentar el trabajo en equipo, etc. En fin, una liga de debate se hace con la finalidad de formar con un plus a la juventud.

            Un juicio al fin y al cabo es un debate donde se pretende proteger un bien jurídico. Los abogados cobran de sus clientes y tanto los fiscales como los jueces cobran del Estado; pero todos por la misma causa, garantizar uno de los derechos fundamentales que recoge la Constitución: la justicia.

            Un pleno sirve para llenar una sala de palabras vacías. En principio sirve para que la gente pueda escuchar otra propuesta distinta  de la del gobierno. Pero seamos realistas; de los 50.000 habitantes de Cuenca, ¿quién se va a interesar por lo que hayan dicho en el pleno municipal? Los que pertenezcan a algún partido político, y ni si quiera hay mil personas. Evidentemente esto es importantísimo. La diversidad de opiniones y la capacidad de exponer otras ideas es fundamental, pero quizá una reformulación del sistema es necesaria para mejorar una democracia cada vez más enferma.

Artículo relizado por Miguel Ortega.
           
           

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