10 de marzo de 2013

¿Ha muerto el diablo?

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Y usted ¿por qué vota a Chávez?
Por qué no quiero volverme invisible nunca más
Cuenta Eduardo Galeano que le dijo un humilde venezolano. 
Chávez era el diablo. Un demonio. Un populista y un demagogo. Era la antítesis de la democracia y la libertad. Chávez no sólo era un demonio sino que era un dictador. Era un dictador que ganó 13 procesos electorales de 14, todos ellos verificados por organismos internacionales. Todos ellos verificados y reconocidos como limpios por los mismos organismos que le vilipendiaban. En las últimas elecciones venezolanas votó más del 80% del censo electoral,mientras asistimos en los países más ricos a unas participaciones electorales irrisorias ante el desprestigio de las instituciones democráticas.
Chávez atacó constantemente la libertad individual. De tal forma que no dio opción a los pobres a elegir entre la pobreza y la pobreza extrema. Él muy populista les obligó a servirse de un miniEstado de bienestar pagado por el petróleo – por su petróleo – que antes se quedaba la oligarquía venezolana o se marchaba a Miami. Ahora, por fin, el petróleo era de verdad de sus dueños: los venezolanos. La revolución que asustó a tantos era, simplemente, la obtención de unos derechos básicos que, por ejemplo, la constitución española nos reconoce (aunque aquí no se cumplan).
Chávez actuaba de tal manera contra la libertad de los venezolanos, que desde una muy tierna infancia obligó a los niños a escolarizarse. Sus políticas permitieron escolarizar a 2 millones de niños venezolanos que no podían ir a la escuela por cuestiones burocráticas. Que no sabían leer ni escribir. No solo eso, convirtió la educación, en pública y gratuita desde preescolar a la universidad. El 95% de los analfabetos aprendió a leer.
Chávez, también, era el diablo porque trajo médicos cubanos pagados con el petróleo – del que antes los humildes no se beneficiaban – para que los barrios más pobres pudieran tener los médicos que nunca tuvieron y, claro, esto molestó a los médicos privados venezolanos, lo mismo que ocurrió en Bolivia. Para la medicina privada, la competencia desleal de la sanidad pública, universal y gratuita es terrible.
Chávez merece ir al infierno porque él, durante el Caracazo, en 1990, disparó contra los manifestantes que protestaban contra las políticas de austeridad – ¿Os suenan las reformas estructurales? – asesinando a 3.000 personas… ¡Ahhh, No! Que no era Chávez, que fueron los neoliberales, Carlos Andrés Pérez y Moisés Naim – esbirros del FMI, las corporaciones, EEUU y la UE – que ahora, nos dan lecciones de democracia, después, de tantos crímenes y elevar con sus reformas la pobreza por encima del 70% de la población venezolana.
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Hugo Chávez merece volver al infierno de donde nunca debió haber salido porque aumentó el gasto social un 60%. Porque ha dado a su pueblo educación y sanidad pública – lo que nos van a quitar en la ejemplar democracia española –. Porque redujo la pobreza del 71% existente en 1996 al 21% en 2010. Porque redujo la pobreza extrema de un 40% a un 7,3% en las mismas fechas. Porque dio viviendas a gente que no las tenía. Porque duplicó la inversión pública. Porque redujo la mortalidad infantil en un 50%. Porque ha colocado la tasa de paro en el 7,6%. Porque redujo la desigualdad congénita que sufre Venezuela.
Pero bueno, Chávez era el diablo para los banqueros y que le vamos a hacer si los medios de comunicación españoles (y mundiales) están controlados por los banqueros. Si aquí tragamos con que unos medios de comunicación propiedad de los responsables del desastre financiero nos digan que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y merecemos sufrir todo el dolor, los infortunios y la ansiedad que sean necesarios para redimirnos, previo pago de rescatar con nuestro vía crucis y nuestro futuro, sus fortunas ¿Para qué discutir? En cuanto, a la muy repetida censura chavista: en Venezuela, únicamente, el 12% de los medios televisivos son de control público y el 80% de la prensa escrita está en manos de la oposición ¡Bendita censura dictatorial!
El doble rasero es tan claro. Es tan descarado que ofende el intelecto humano. Políticos que han estado involucrados en tratos con líderes paramilitares, el narcotráfico y los asesinatos de líderes sindicales y campesinos, que mantienen cientos o miles de fosas comunes en sus países, como Álvaro Uribe, son auténticos demócratas. Un país que ha sido llevado, prácticamente, al colapso como México, es un ejemplo de política monetaria, régimen liberal y democrático. No importa la corrupción ni los pucherazos electorales si estas al servicio de banqueros y corporaciones. 
Así funciona un tipo de lógica en la que no importa que seas una monarquía feudal si eres aliada de los mercados financieros como Arabia Saudí. Ni importa que seas un régimen pseudocomunista – China – si sirves a la lógica neoliberal de la explotación de los seres humanos. Nada se resiente en una democracia ejemplar cuando un presidente de gobierno acomete una agresión exterior contra una nación que no le ha agredido en contra de la opinión de la mayoría de sus ciudadanos. Y de esta manera dividimos el mundo en ángeles y demonios a la carta. 
Chávez, Correa, Morales y otros son muy peligrosos porque han dado a los olvidados, voz y dignidad. Es curioso ver como cuando ellos reciben ayudas es que viven de la asistencia y los subsidios. En cambio, cuando las mismas son recibidas por las grandes empresas y las clases adineradas son acciones imprescindibles para el progreso del país. Ahora, quien va a esos países tiene que negociar y cooperar. Son países soberanos, ya no reciben órdenes. El dinero se queda allí y sirve a su sociedad, no se marcha a los paraísos fiscales. Ya no son esclavos de la deuda y los mercados financieros como nosotros. Son presidentes muy incómodos porque han molestado a gente muy poderosa.
Hacerse una opinión de lo que ocurre en Venezuela es harto difícil en España. La información que recibimos está en exceso sesgada. Nuestros medios de comunicación en manos de la élite económica y los banqueros nos desinforman y manipulan en favor de sus dueños, tenemos que tener mucho cuidado a la hora de juzgar a las personas. Ni Chávez era el diablo ni era Dios. Era demasiado estridente y provocador como para dejar indiferente a nadie. Habrá que juzgarle por sus actos, pero no por lo que nos llegue de los medios de comunicación de los mercados financieros. Podía haberlo hecho mejor, sí. Pero, lo hizo muchísimo mejor que sus antecesores al servicio de corporaciones y bancos. En nada ni nadie se encuentra la perfección. En Venezuela, aun queda mucho por hacer. Hay que erradicar la violencia, hay que fomentar la industria. Veremos lo que nos depara el futuro. Pero, hagámonos una pregunta ¿de dónde venía Venezuela cuando Chávez la cogió?
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Artículo realizado por Emilio José.

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