17 de marzo de 2013

Fin de clandestinidad

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El 22% de la economía española es economía sumergida y los gobiernos lejos de intentar acabar con ella, prácticamente la incentivan. Más de la mitad de ese 22% se va en drogas y en prostitución, y la otra mitad en defraudadores que evitan el pago de impuestos. Este último ya está muy hablado. Los inspectores de Hacienda no reciben órdenes de investigar a las grandes empresas, y aquí paz y después gloria.

            La droga, como el café, los libros o el aire, existe; y no se puede eliminar. Por poner un ejemplo, la Ley Seca en EE.UU entre 1920 y 1933 quiso acabar con los alcohólicos, y no lo consiguió. En calle había borrachos, lo único que ocurrió fue que aparecieron alcapones. Aquí pasa lo mismo; van a seguir existiendo drogadictos, lo que van a desaparecer son los mafiosos. ¿Quién querría comprar cocaína -por poner un ejemplo- a un camello, pudiendo comprar una dosis asequible en una farmacia? La regularización de la droga conseguiría acabar con la mafia, con el tráfico, con los asesinatos, con la economía sumergida, etc.

            Por otro lado, la Guardia Civil se pasa la vida persiguiendo narcotraficantes. Hoy día es necesario; primero, porque supone un grave problema para el que lo tiene que sufrir y segundo, por el tema anteriormente citado del fisco. Los distintos gobiernos intentan acabar con el aire, los libros, el café o la droga y no lo van a conseguir. Deberían regularizarla para acabar con muchos problemas para los demandantes de la droga y para terceras personas.

            El otro tema son las cenicientas de saldo y esquina, que diría Sabina. Las mujeres de almas libres han sido continuamente perseguidas por la ley. La gente dice que no tienen un trabajo digno, que no llevan una vida honrada. Intenten enfocarlo de otro modo; ¿qué les hace más feliz, un ministro o una celestina? Un ministro habla por gente a la que ni si quiera llega a conocer; una prostituta es una mujer de carne y hueso, ofreciendo servicios de carne y hueso.

            La LICIT (organización que pide la regularización de la prostitución en España) afirma que más del 80% de las que dedican su vida a la prostitución, les gustaría cotizar a la seguridad social, tener una vida normal, un oficio normal... En este tema ya estoy totalmente perdido; ¿qué hay de malo en que la prostitución se regularice? Desaparecerían las señoritas sueltas de escote de las calles, podrían ejercer su profesión en un lugar cerrado, lícito, más cómodamente, el Estado recibiría los impuestos oportunos, se acabaría la explotación... Sería un trabajo normal: entrevista de trabajo, período de prueba y contrato. El problema principal, al igual que para el anterior tema, es que la ideología de nuestros gobernantes es muy conservadora.

Lo más importante son el orden y la ley. Yo, pobre de mi, más humanista, pienso primero en las personas. La diferencia es que en este caso, mi propuesta también beneficia al Estado.

Artículo realizado por Miguel Ortega.

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