28 de febrero de 2013

Mohamed Bouazizi‏

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A pocas personas les dirá algo este nombre, solamente a su familia, a algunos compañeros de Facultad y pocos más. Murió joven, estudiante licenciado en historia y como tantos otros sin trabajo, soñaba con casarse y empezar una nueva vida en Canadá. Mientras esperaba que su suerte cambiara y conseguir un trabajo acorde con su capacidad, vendía frutas en el mercado, hasta que el despotismo de un agente le decomisa la fruta sumiéndole en la más profunda miseria, ante la impotencia por la acción arbitraria de la policía, sin crédito para poder reponer el género decomisado, tras varios días de pensar una solución, se rinde, y en su desesperación se inmola el 17 de diciembre del 2010 en la ciudad que le vio nacer, Sidi Bouzid, fue el inicio de una protesta generalizada en Túnez que tomó el nombre de La Revolución del Jazmín.
El clamor popular se extiende exigiendo pan, trabajo y libertad, y el temor se apodera de Ben Alí, presidente desde 1987, huye refugiándose en Arabia Saudí cediendo el poder, pasan varios dirigentes hasta el actual primer ministro Hamadi Jebali, con 25 años de militancia islamista.
Las protestas se generalizan en el norte de África, cae Gadafi en Libia, es nombrado presidente Mohamed Magarief, que vuelve de un exilio de más de tres décadas, gobierna en coalición y bien relacionado con los influyentes Hermanos Musulmanes.

Argelia es el siguiente, después de su independencia de Francia, Ben Bella nacionalizó las propiedades abandonadas por los franceses, así como otras empresas claves en la economía del país, emprendió una reforma agraria y diseñó un programa de liberación de la mujer, fomentó la autogestión de las pequeñas y medianas empresas. Un golpe de Estado de Boumedienn lo encarceló y le hacen desaparecer tras diez años de prisión. Le sucede Bouteflika en 1999, que fue cesado e imputado en 1980 por un delito de malversación de fondos. En enero de 2000 decretó la amnistía general para los miembros del Ejército Islámico de Salvación (EIS), brazo armado del proscrito Frente Islámico de Salvación (FIS).

Y al fin Egipto, desde 1981 gobernada por Hosni Mubarak, llegan aires de libertad inspirado por la revolución tunecina, comenzando el 25 de enero del 2011 (llamado día de la Ira), conociéndose como la Revolución de los jóvenes o la Revolución blanca, por las mismas causas que en Túnez, Libia y Argelia, las altas tasas de desempleo, el deseo de aumentar el salario mínimo, la carencia de viviendas y alimentos, la inflación, la corrupción, la falta de libertad de opinión, las pobres condiciones de vida, manifestaciones pacíficas que derivaron en revueltas por el exceso de brutalidad policial, 8 días después del inicio de las protestas, Mubarak dimitió.

Se celebran elecciones, con el ejército como garante de las libertades (tenían las armas y los manifestantes eran pacíficos). Llega a la presidencia Mohamed Morsi, doctorado en la Universidad del Sur de California en 1982, y profesor adjunto en la California State University, sus hijos son ciudadanos estadounidenses. Electo por primera vez al parlamento en 2000, preside el Partido Libertad y Justicia fundado tras la revolución egipcia del 2011.

¿Qué ha pasado en el norte de África desde aquel 17 de diciembre del 2011?, aquel grito de rebeldía fue un grito en el desierto, algunos tiranos cayeron pero la población sigue en la miseria, los dirigentes han sido sustituidos por otros de mano de las multinacionales, sus grandes recursos petrolíferos o de gas controlados por ellas y los llamados gobiernos democráticos ejerciendo la rapiña en esos países, prestando apoyo únicamente a empresas, a su vez filiales de multinacionales desvinculadas de la población autóctona, cuando deberían obligar a esos gobiernos impuestos, la erradicación de la hambruna y la miseria evitando cruzar el Mediterráneo en busca de oportunidades a su juventud. Precisamente algunos países europeos entre los que se encuentra España, la poca atención de los gobiernos a su población siguiendo los dictados de Bruselas y de Alemania, y sin remediar el gran desequilibrio económico entre los cada vez más ricos y el resto cada vez más pobres, sus jóvenes al igual que los norteafricanos también emigran y la causa de su éxodo bien se explica en el libro, La teoría posmoderna del Imperio (Hardt & Negri) y sus críticos, al decir:
El éxodo, una lucha por negación: negación a la explotación, a la autoridad, al poder, al mando, es decir, a todo aquello que obstruya el movimiento, y por ende, el deseo de reapropiación por parte de la multitud de la inmensa riqueza producida, merced al impresionante desarrollo de los instrumentos de producción, que se han constituido en auténticas “prótesis cerebrales”. 
Artículo realizado por José Enrique Centén - Sección de Libre Publicación.

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