26 de febrero de 2013

Infiltrados. Objetivo: El trasvase de riqueza (III)

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El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el coste de la vida, el precio de las alubias, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales” 

Bertolt Brecht.
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Cuando Mariano Rajoy o Duran i Lleida defienden su honorabilidad diciendo que ganarían más dinero fuera de la política están faltando a la verdad. Cuando dicen que están por vocación pueden estar siendo sinceros, pero cuando dicen que lo hacen por vocación de servicio público mienten descaradamente. Pueden estar por vocación de servicio, pero por vocación de servicio a su clase, diríamos mejor que por instinto de preservación. Solo desde el poder pueden aplicar las leyes y barreras que les permiten mantenerse en la cúspide de la pirámide social. Nunca por los méritos. La mentira es un arma muy poderosa y ellos la utilizan sistemáticamente. La mentira y la manipulación se cimentan en la ignorancia y la desinformación instituidas por los medios de difusión del conocimiento controlados por esa misma cúspide social. 
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Este tipo de políticos, en su mayoría, se escudan en una entelequia conocida como clase política. Un término difundido por sus propios medios de propaganda. Son esos mismos políticos quienes desprestigian su clase para provocar en los ciudadanos un desamparo, un rechazo contra la política, la vida pública y los asuntos comunes. Una vez, conseguida que se alce está barrera empobrecen al Estado para con esa excusa privatizar los últimos bienes públicos en favor de su clase. Porque en realidad su clase es la media-alta o alta, no la clase política. En favor de ella enajenan el patrimonio común. Un delito que pasa inadvertido pasando las privatizaciones como el culmen de la eficiencia y la productividad de la que les ha provisto el neoliberalismo, un tipo de pensamiento mágico que como tal obvia los datos y hechos empíricos. Un pensamiento que crea el tipo de sociedad donde estos comportamientos predatorios pueden reproducirse sin impedimentos.
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Critican lo que dominan con el objetivo de alcanzar una dominación incluso mayor, absoluta. Por esta razón el feroz ataque contra la integridad de cualquier institución que no controlen como los funcionarios o los cargos electos o el patrimonio público o los servicios públicos… Cuando los ciudadanos caen en estos ardides y tretas olvidan que se están condenando. Se están condenando a ser pobres, a no tener ni voz ni voto, cuando la única solución factible es una participación e implicación – responsable, razonable y razonada – aun mayor en la política. En el modo de hacer las cosas en la ciudad, en el país y sus instituciones. Un mayor control democrático al que se oponen nuestros actuales dirigentes. Estas mismas personas no necesitan de la democracia – la desprecian –, la democracia es un mal menor para ellos, no un fin. El fin es alcanzar o mantener el poder y esto mismo pueden hacerlo sin democracia porque ellos vienen de las mismas clases medias-altas y la oligarquía de la muy corrupta y criminal dictadura franquista.
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La mentalidad de la que están provistos hace que tomen el Estado – lo que es de todos – como propio, como suyo, como su propiedad privada. Privando a los ciudadanos de lo que les pertenece. Tienen un sentido de la propiedad tan desarrollado que creen que España y los mismos españoles son suyos, pueden disponer de ella y de ellos a su gusto. Los españoles no deben ser una fuente de gastos y quebraderos de cabeza para ellos, deben ser una fuente de ingresos y beneficios. España y los españoles – como la democracia – son un medio para alcanzar su fin: el poder y el enriquecimiento. Y si por alguna razón se convierten en una fuente de gastos o en una carga se les condena al ostracismo, la culpabilidad, la inmigración o algún tipo de represión. Esto ha ocurrido siempre, tanto con la monarquía como con el turno de partidos liberal o con la última dictadura franquista que fue un levantamiento militar para salvaguardar los privilegios de la opresiva oligarquía caciquil que, todavía, se mantiene en el poder.
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Muchos de estos políticos – si investigamos un poquito sus biografías – son altos funcionarios de clase media-alta, terratenientes, nobles, empresarios o sus familiares y, por supuesto, muchos de ellos son ambiciosos advenedizos, fácilmente, sobornables – deseosos de ello – dispuestos a las más diversas corruptelas para enriquecerse o alcanzar una posición acomodada y desahogada. Estamos viendo continuamente ejemplos de cómo sus premeditadas políticas privatizadoras provocan el empobrecimiento y la descapitalización del Estado. Estas políticas cortoplacistas que tienen el objetivo declarado de obtener unos ingresos coyunturales y esporádicos o reducirgastosen realidad son un trasvase de riqueza: las recalificaciones de suelo que han servido para enriquecer a multitud de poderosos terratenientes, la privatización ilegal de la costa, el regalo de terrenos públicos a elitistas negocios privados, las ayudas a la banca e inversores privados, la entrega de tierras y fincas públicas a grandes terratenientes cuando hay cientos de miles de jornaleros que nada poseen, la venta del patrimonio inmobiliario municipal cuando es más necesario que nunca un parque de vivienda público o la privatización de los montes públicos para ocio de la élite económica que se unen a la permanente destrucción de terrenos de alto valor ecológico.
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Todas ellas y muchas más suponen una desesperada búsqueda de liquidez debido a la gravísima pérdida de riqueza que suponen las privatizaciones o las bajadas de impuestos a las grandes fortunas. Medidas que se oponen a la búsqueda de una solución a largo plazo como sería la creación de unos ingresos estructurales y permanentes mediante una política de gestión responsable. Es una política desastrosa y empobrecedora. Es un círculo vicioso de medidas empobrecedoras que llevan a vender para obtener liquidez a corto plazo perdiendo ingresos estructurales que llevan nuevamente a vender para obtener liquidez. Por tanto, se vende el patrimonio público por la necesidad de ingresos y liquidez provocada por el estrangulamiento de las cuentas públicas no debido al exceso de gasto sino a la privatización del dinero, las empresas públicas y la pérdida de ingresos fiscales. En lugar de actuar como gestores de los bienes comunes, son vendedores profesionales en busca de beneficios privados.
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Muchos ciudadanos imbuidos de un pensamiento – el neoliberalismo – egoísta, arrogante e infantil no se dan cuenta que ellos son el Estado. Ellos van a soportar los gastos sean públicos o privados. Los van a soportar en forma de impuestos o en forma de tasas, tarifas, seguros, precios, salarios, etc. En realidad, lo que quieren decir, es que son las personas las que son un gasto y un lastre. Entonces, comienza la privatización indiscriminada de empresas, servicios, bienes, recursos, transferencias…, a manos de las mismas empresas, grupos y personas que no pagan impuestos, defraudan, que tienen grandes fortunas y, que igualmente, ya no tributarán por esos nuevos recursos de todos que han recibido a precio de saldo. No se dan explicaciones, no se asumen responsabilidades democráticas. Gobiernan en beneficio propio o en favor de su clase económica. Se ha olvidado el interés general, por tanto, no podemos creer en las doctrinas político-económicas de quienes gobiernan contra el interés de la mayoría de la población empobreciéndola hasta límites insospechados en favor de la extorsión de los mercados”, es decir, las grandes corporaciones y fortunas.
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Artículo realizado por Emilio José.

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