31 de enero de 2013

La ''puerta giratoria'' y el expolio de los bienes públicos (I)

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Todo para nosotros y nada para los demás parece haber sido la ruin máxima de los amos de la humanidad en las diversas épocas de la historia. Los grandes propietarios de nuestra época prefieren tener un par de hebillas de zapatos con diamantes o algo igual de frívolo e inútil a proporcionar el mantenimiento o, lo que es lo mismo, el precio del mantenimiento de mil hombres al año. Donde hay una gran riqueza esta manera de actuar forma parte de la naturaleza de los seres humanos. Así como también forma parte de la condición humana la búsqueda de la justicia, la igualdad y la felicidad para todos.”
  Adam Smith La Riqueza de las Naciones, 1776                           
        
Resistencia
Nos están desposeyendo de todo. Hay que ser muy ingenuos y crédulos para pensar que personas que tienen unos conflictos de intereses tan descarados y una ambición tan desmesurada, tienen algún mínimo interés en gestionar con eficacia los servicios públicos y que sus acciones van a repercutir en el interés general. El proceso al que nos enfrentamos ya está muy estudiado, es un proceso de desposesión, robo o su eufemismo más exitoso: privatización. La conocida “acumulación por desposesión” que ha analizado el economista David Harvey.
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Este tipo de acumulación no es nueva, ya encontramos uno de los ejemplos más claros en la Inglaterra de los S.XVIII y XIX con las “enclosures”, cercamientos de las tierras comunales que acabaron en manos de grandes terratenientes y supusieron la desposesión absoluta del único medio de vida de los campesinos, que tuvieron que marchar a las ciudades a trabajar en las nuevas industrias por salarios de miseria. En el presente, podemos observar la desposesión que sufren los pueblos de África y América a manos de sus oligarquías terratenientes en connivencia con las grandes multinacionales y los países occidentales. Pueblos que son riquísimos en recursos naturales viven en la extrema pobreza y sufren una continúa violencia. Pueblos que mueren de hambre – 36 millones de personas son asesinadas por inanición al año – ven como 500.000 km2 de tierras aptas para la agricultura son vendidas a naciones o empresas extranjeras o, como cientos de miles de toneladas de peces del lago Victoria  – la perca del Nilo, muchas veces vendida como mero – se exportan a los países ricos, mientras en las mismas orillas de ese lago mueren cientos de miles de seres humanos despojados de todo.
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La privatización – desposesión – del patrimonio público o común para entregárselo a una minoría a precio de saldo que se enriquece – acumulación –, por tanto, no es un fenómeno nada novedoso ni una innovación de la nueva teoría económica neoliberal. Se pretende vestir de modernidad y moderación lo que no es más que el envoltorio del pensamiento reaccionario de todas las épocas. Estas privatizaciones nunca favorecen a la mayoría sino que repercuten, siempre, en la oligarquía terrateniente y capitalista que se encuentra ya en la cima de la pirámide. Durante los últimos cuarenta años estas privatizaciones se están llevando a cabo mediante el fenómeno de la puerta giratoria o “revolving door” no siendo, en absoluto, exclusivo de España.
Este fenómeno se encuadra dentro de un movimiento más amplio conocido como revolución conservadora – el neoliberalismo – y la globalización que no deja de ser la pretendida moderna denominación de la desposesión y el colonialismo a gran escala. En los años 50 del siglo pasado empezó a gestarse este movimiento ultraconservador que ganó la batalla en la década de los 70. Los primeros países que pusieron en práctica sus recetas fueron dictaduras – Chile y Argentina  y, luego, llegó a los países más desarrollados de la mano de Reagan y Thatcher. Bajo el manto de un nuevo pensamiento innovador, novedoso y moderno, las ideas reaccionarias se vistieron de libertad. Dentro de un concepto de libertad en el que cabía cualquier cosa, incluso, la falta de control, la ausencia de límites y el constante abuso de poder.
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El fenómeno de la puerta giratoria gravita en la continúa circulación de los representantes públicos hacia la iniciativa privada y viceversa. Como hemos dicho ni mucho menos es exclusivo de España, puesto que, podemos verlo constantemente en EEUU y Europa. Solo tenemos que visionar el documental “Inside Job” o leer distintos libros de ilustres economistas norteamericanos para conocer el decisivo poder de los lobbys empresariales e ideológicos; las enormes sumas de dinero que se mueven en las campañas electorales, que funcionan a modo de barrera de entrada para cualquier posible cambio político; el control de los órganos reguladores por empleados de la banca, la desregulación del sistema financiero, la deshonestidad y las actividades fraudulentas con que opera el sistema financiero y empresarial, que ha llevado en la últimas décadas al colapso de las cajas de ahorros (Savings & Loan), la burbuja tecnológica, los escándalos de Arthur Andersen, Enron, las “hipotecas basura”, entre otros; el olvido del ciudadano medio y para qué decir del más humilde, etc.
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Sin ir más lejos la infame invasión de Irak por un gobierno plagado de políticos con enormes intereses en el mercado petrolero y la industria privada. Una guerra que ha sido un desastre en costos humanos y económicos – más de 3 billones hasta 2008 para el ciudadano norteamericano y más de 1 millón de iraquíes asesinados –, pero que ha enriquecido a las empresas de George Bush Jr., Condoleezza Rice, Dick Cheney, etc. A Chevron–Texaco, Exxon–Mobil, Blackwater Security, Halliburton, etc. Pero, no sólo ellas, también, las empresas británicas – Shell y BP – de la mano de Tony Blair obtienen suculentos beneficios en Iraq. Los servicios de Tony Blair han sido generosamente pagados por el mundo del petróleo labrándole una fortuna que asciende a 43 millones de euros y obteniendo unos ingresos anuales de 10 millones. Al igual que, José María Aznar, que vio premiada su abnegada servidumbre con el reconocimiento de la ultraderecha a nivel mundial y unas ganancias de 1,5 millones al año.
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En Europa, asistimos igualmente a las mismas actuaciones. En Italia, ha estado gobernando hasta hace poco un señor que ha legislado a la medida de sus empresas y de él mismo, con el fin de enriquecerse y sortear su ingreso en prisión, Silvio Berlusconi. En Europa, con el estallido de la actual crisis financiera vemos como han tomado el poder los empleados de la banca de inversión: Mario Draghi, ex director de Goldman Sachs, que durante su mandato falseó las cuentas griegas, ha tomado el BCE; Mario Monti, otro ex Goldman Sachs, fue impuesto como presidente no electo a los italianos; Lucas Papademos, a los griegos. Asimismo, otros ex compañeros suyos ocupan cargos de la máxima importancia en instituciones nacionales, europeas y multinacionales: Peter Sutherland, Karel Van Miert, Antonio Borges, Petros Chritodolou, Otmar Issing, etc. Pero, no sólo ellos, también, están representados mediante sus empleados otras entidades como: JP Morgan, HSBC, RBS, UBS, Credit Suisse, Barclays, etc.
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Así, vemos como los bancos quebrados – responsables de la burbuja financiera y la quiebra del sistema financiero – y rescatados con dinero público han tomado el control de las instituciones de Europa en connivencia con los actúales dirigentes políticos – es difícil hacer una distinción entre ellos – para hacernos sentir culpables de la situación por ellos creada, para hacernos creer que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades e imponernos unas políticas de austeridad y recortes en derechos sociales, que suponen un inmenso trasvase de riqueza a esa misma oligarquía financiera a la que sirven, de la que forman parte o de la que aspiran a formar parte un día.
Por tanto, las privatizaciones hubieran sido imposibles de realizar sin antes no haber alcanzado la hegemonía ideológica. Sin antes no haber impuesto la forma de pensamiento y de vida. Sin antes no haber inoculado el virus del egoísmo, el individualismo, el desprecio y la desvalorización de los bienes comunes, el desprestigio de lo público, la destrucción del movimiento obrero, la desunión entre los trabajadores, etc. Esto se logró a base de ingentes cantidades de dinero y propaganda, se tomaron al asalto las universidades, se puso en marcha una avasalladora maquinaria de propaganda que desde todos los medios de comunicación anunciaban el único camino posible: la privatización de todo lo público. Lo público era ineficiente, corrupto e ineficaz “per se”, no porque los grandes monopolios y fortunas pusieran sus peones a controlarlo en contra del interés general . La ideología neoliberal demostrada su inoperancia e inutilidad durante la Gran Depresión - a base de colosales cantidades de dinero, el engaño y la ocultación de la realidad – volvía a convertirse en el pensamiento único e indiscutible en beneficio de una poderosa minoría. No importaba que fuera refutado por la realidad porque el pensamiento mágico, la teología, la escolástica medieval no necesitan de la confrontación con ella para convertirse en verdad incuestionable e incuestionada. Y, ahí, tenemos a nuestras más preclaras mentes estudiando una ideología que pasa por ciencia económica.
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El problema no sería mayor si se admitiera que en verdad lo que se busca es la desposesión absoluta de la totalidad de los seres humanos en favor de una minoría de ellos. Ciertamente, para este objetivo se están utilizando los mecanismos apropiados. Pero, nos han hecho creer que son las herramientas apropiadas para crear empleo, crecimiento, bienestar, riqueza, etc. Y, que si no se consiguen estos objetivos es por nuestra ineptitud, holgazanería y avaricia por querer tener derechos sociales y una vida digna. De todas formas, admitamos, que tiene mucho mérito haber conseguido que te voten y apoyen millones de personas a las que estas empobreciendo y, además, sientan que lo estás haciendo por su bien. La operación realizada en las mentes de la mayoría de las personas ha sido grandiosa.
El objetivo es crear escasez, crear necesidad y vender esa escasez al mejor postor. Al que pueda pagársela. No es una ley natural, es una construcción humana. Se crea escasez privatizando la creación del dinero, el agua, la energía, la tierra, el conocimiento, las telecomunicaciones, los transportes, etc. Pero, al mismo tiempo, también, se tiende hacia un empobrecimiento generalizado de la sociedad. Con esas políticas económicas no se crea riqueza, pero sí se crean ricos.
Artículo realizado por Emilio José.

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