5 de diciembre de 2012

Auténticos sinvergüenzas

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“El que tenga deudas, que las pague. Que no se hubiera endeudado”
Ante estas últimas declaraciones de la ex ministra de vivienda – María Antonia Trujillo – no se puede expresar nada más que indignación. Lo que sentimos y pensamos mejor no lo diremos. Esta señora que, mientras, fue ministra de vivienda invitó a todos los ciudadanos a comprar viviendas, a endeudarse, aun sabiendo que éstas estaban enormemente sobrevaloradas – inflados sus precios artificialmente, conscientemente, por banqueros y agentes del mercado inmobiliario – como el propio Miguel Sebastián o Miguel Ángel Fernández Ordoñez advirtieron en 2002 y 2003. Como su propio partido sabía, pero que todos olvidaron rápidamente, cuando llegaron al gobierno.
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Esta señora actuó de forma que condenó a cientos de miles de personas a endeudarse de por vida o a perder sus ahorros en la mayor estafa perpetrada en la reciente historia de España. Contribuyó por acción y omisión a que estas personas compraran bienes a crédito que no valían ni una cuarta parte de su precio. No actuó como una ministra del gobierno de España – como una servidora pública – sino como una sierva de los banqueros que permitió el fraude de las tasadoras e inmobiliarias. Ante la complicidad de todos los gobiernos vemos como con sus acciones en connivencia con los poderes financieros y empresariales han abocado a la quiebra a las cajas, los bancos, las empresas, las familias e, incluso, al Estado español.
Ante la desgracia que viven millones de personas condenadas al paro, a la pobreza, a la precariedad, nos encontramos ante una psicópata más. Se jacta de ser una persona responsable cuando no actuó contra la estafa inmobiliaria. Si no quiso, malo. Si no pudo, debió dimitir. Con su actitud nos muestra a un ser infantil, caprichoso, ignorante y dañino, que no se conmueve ante los más de 400.000 desahucios y los miles de suicidios que ha producido la crisis. Unos suicidios y desahucios que podrían haberse evitado si no hubieran convertido un bien necesario en un objeto más de especulación.
A la ministra nunca se le habrá pasado por la cabeza por qué se endeudó la gente. Ella no se preocupó de evitarlo. Todo lo contrario, se fomentaron los mitos inmobiliarios y los comportamientos fraudulentos. Durante su gestión el precio de la vivienda alcanzó su techo. Un joven hubiera necesitado un 132% más de sueldo para acceder a una hipoteca que no hubiera superado el 30% de sus ingresos. Porcentaje que se estima como máximo para que la hipoteca sea viable. En Madrid, Baleares o el País Vasco, se hubiera necesitado un subida de más de un 180%. El esfuerzo que tenía que hacer un joven para acceder a una vivienda representaba el 70% de sus ingresos. En Madrid, Baleares o el País Vasco más de un 86%. La opción del alquiler no era más barata, aunque sí, evitaba la esclavitud de la deuda y la usura.
Para disculpar su gestión dijo hace tiempo en una entrevista que: “En los dos lustros anteriores no hay inocentes. Desde el ciudadano al político, todos culpables. Pasando por el resto de operadores del mercado”. Perdona, pero, quien estafa es el culpable. El que engaña es el culpable. El engañado es la víctima… Totalmente, irresponsable como ministra, lo es más como tertuliana. La ministra olvida que las responsabilidades no son las mismas. La responsabilidad de un ministro es máxima. Una ministra que desde su posición tendría que haber luchado contra la asimetría de la información y la propaganda; contra el engaño de una máxima sin ninguna base empírica ni científica: “La vivienda siempre sube…”.
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También, opina: “(la deducción por vivienda) En un momento como el actual no debería desaparecer. Es más, creo que de forma temporal habría que desgravar la segunda, tercera y sucesivas viviendas”. Frases como esta explican su gestión como ministra de Vivienda. Estos ‘socialistas de boquilla’ que no tienen ni la menor sensibilidad social pretenden desgravar la vivienda especulativa, cuando hay millones de personas sin acceso a una vivienda y un parque de casi 6 millones de viviendas vacías. Pero, así son, los grandes prohombres de nuestra democracia: la vivienda para los multimillonarios rusos o chinos – que nuestro país albergue a lo mejor de la mafia mundial viene de antiguo –, para los especuladores que puedan pagar millones, blanquear dinero, etc. Pero no, para las personas. La Constitución parece ser un papelucho para una profesora esta materia y, las personas, unos números inanimados para una servidora del pueblo; que hubieran sido más listos, por lo menos tan listos como ella, que presume de no tener deudas.
Toda su vida estudiando las leyes para olvidar la más importante: Art. 47, Constitución española, “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdocon el interés general para impedir la especulación”.La verdad es que sí, han promovido las condiciones, pero para la especulación y el enriquecimiento de los especuladores.
La frase más célebre de la ministra, que parece apócrifa, pues ella la niega, es: “Son unos irresponsables aquellos que piensan que en España existe una burbuja inmobiliaria augurando un brusco descenso en el precio de la vivienda” (24 de junio de 2004). Sin palabras, estaba negando la burbuja más grande de la historia mundial, debería estar ya en la cárcel por estafa como muchos otros que perpetraron el pillaje inmobiliario. Lo máximo que realizó en su labor de ministra fueron propuestas que no llegaron a traducirse en medidas claras y menos en lo que debía haber sido su labor fundamental, facilitar el acceso a una vivienda digna, sin convertirse en un esclavo de los bancos, a todos los ciudadanos. 
La lista de auténticos sinvergüenzas es amplia. En ella podemos encontrar a,  prácticamente, todos los banqueros, políticos, grandes constructoras e inmobiliarias, tasadoras, asociaciones propagandísticas como ASPRIMA, la Asociación Hipotecaria española (AHE), la patronal bancaria (AEB) y un largo etcétera. Los grandes medios de comunicación, también, fueron cómplices de la estafa. Han dado un amplio eco – lo siguen haciendo –  a los supuestos ‘expertos’ y han ayudado a crear los grandes mitos que nos condenan. Mientras, ésta se estaba produciendo muy pocos dieron voz a los muchos que estaban avisando de ella y de las desastrosas consecuencias que desencadenaría. 
La ministra, evidentemente, no ha sido la única. Ha habido otros con más responsabilidad, pero, también, con más vergüenza y han callado, ahora, que todo ha estallado. Caso a estudiar es el de su sucesora, que más que ministra de Vivienda se convirtió en comercial inmobiliaria con frases tan afortunadas como “ahora es el mejor momento para comprar una vivienda” en 2008, en plena explosión de la burbuja. Si esto no es guiar irresponsablemente a la población al precipicio, no sé que es.
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El comportamiento de los dirigentes socialistas no ha sido ni mucho menos mejor. Pepe Blanco, según Miguel Sebastián, tenía claro que “la paciencia con los bancos es infinita”. En cambio, los desahucios ya estaban en marcha y el desamparo de las familias no dejaba de crecer. Pedro Solbes, además de negar la burbuja y la crisis en repetidas ocasiones dejó el gobierno en plena deriva marchándose al Banco Barclays y a la eléctrica ENEL. Tras este comportamiento, ahora, sabemos a quién servía. Lo más grave de todo esto – como ya hemos dicho – es que conocían la existencia y el peligro de la burbuja desde 2002. Fue llegar al gobierno y olvidarse de ella.
No vamos aquí a disculpar a nadie y sí, vamos a acusar a todos los responsables. Sólo hay que observar el mapa de la corrupción de los partidos políticos, teñido de colores rojos y azules. Tampoco se libran nacionalistas ni regionalistas. No se libra el PP, que montó este tinglado y ha llegado con la intención de reavivarlo mediante la derogación de la Ley de Costas e imagino la destrucción del poco patrimonio natural y medioambiental que han dejado los desmanes de las continuas burbujas inmobiliarias que ha montado nuestra clase político-empresarial. Llevamos cuarenta años montados en una burbuja.
El actual ministro de Economía forma parte importante de la génesis de la última burbuja como secretario de Estado de Economía con Rodrigo Rato. Pero, cuando, nuestra burbuja inmobiliaria estaba tomando dimensiones monstruosas y el acceso a la vivienda era ya imposible, Luís de Guindos, se permitió negarla, en 2003, en el ABC:“En España no hay burbuja inmobiliaria, sino una evolución de precios alza que se van a ir moderando con más viviendas en alquiler y más transparencia en los procedimientos de urbanismo”. Después, vino Lehman Brothers, pero, aunque todo caiga, él sigue cobrando cientos de miles de euros.
En ese mismo año, el capo de todos ellos, también, negó la burbuja inmobiliaria. Emilio Botín interpretó mejor que nadie a los inspectores del Banco de España “La burbuja inmobiliaria no existe, se ha malinterpretado el informe del Banco de España” dijo. Y, hasta que, punto se malinterpreto podríamos decir ahora. El señor Botín estaba demasiado preocupado con vender hipotecas como para preocuparse de un posible estallido de la burbuja o de una gestión responsable de su banco. Ya vendrían los contribuyentes españoles a rescatarlo.
Otro ex del BdE y del BCE – responsable de la burbuja con sus acciones – José Manuel González Paramo ha dicho hace unos diez días en la Cadena Ser que “las deudas son sacrosantas” – ¡Mentira! Las deudas son una cuestión de poder –. Este señor era el responsable de la supervisión bancaria. Era una máxima autoridad del Banco de España cuando sus inspectores le alertaron del peligro que implicaba la burbuja inmobiliaria. No hizo nada y fue premiado con un puesto en el Banco Central Europeo – la misma entidad – que, también, con sus políticas de tipos de interés bajísimos para favorecer a Alemania alentó distintas burbujas en el seno de la UE. Lo mismo podemos decir de Jaime Caruana, gobernador del BdE hasta 2006, un año antes del estallido de la misma. Su inacción y apoyo implícito al desastre financiero le valió el premio de irse con Rodrigo Rato al FMI.
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Tristemente si no damos un vuelco a la situación actual el futuro es muy desalentador. La actual clase política está llevando a cabo una política que nos condena a la tercermundización. A la ‘chinización’ del mercado laboral. A la precariedad social. Al empobrecimiento masivo. Se está recortando en la futura riqueza de España con políticas que arrinconan la educación, la ciencia, la salud, la innovación, etc. Están vendiendo España para pagar las deudas que ellos tienen contraídas, salvando así sus fortunas y sus privilegios. Hacen responsable a la población de una estafa que ellos mismos perpetraron con total consciencia. Porque las personas en algún sitio tienen que vivir y la vivienda es un bien básico, que ellos convirtieron en inaccesible.
Estamos en manos de personas egoístas, ávidas de poder y dinero, y, totalmente, insensatas. Personas que deberían estar en la cárcel por sus acciones y no dirigiendo nuestros destinos. Pocas esperanzas hay cuando un vicesecretario del PP, González Pons, dice que “La burbuja inmobiliaria fue buena” o, que el presidente de la patronal bancaria (AEB), Miguel Martín, afirme que para arreglar el problema de los desahucios “hay que dar más créditos y crear más casas”. Está hablando de un país que construía más casas por año que Reino Unido, Francia o Alemania juntos. Y, ¡estaban orgullosos! No pensaban que algo raro podía estar ocurriendo. Ni lo pensaban ni lo piensan, porque no tienen un modelo de bien común en su cabeza sino el enriquecimiento propio y la estafa constante.
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Parafraseando a Elena Salgado, ex ministra de Economía, repetiremos un mantra: “no le corresponde al gobierno decir si debe de seguir bajando la vivienda. Los consumidores tienen un comportamiento racional y tratan de aprovechar al máximo las posibilidades que la legislación ofrece”. Que se puede esperar de una ‘socialista’ que toma como propias teorías neoliberales desahuciadas por la realidad y la ciencia. Eso sí, la racionalidad del mercado ha permitido a la ex ministra, de nefasta gestión, aprovechar al máximo sus posibilidades – mediante subterfugios legales – colocándose en una gran empresa del sector eléctrico, oligopólico en nuestro país. Este sector eléctrico que utilizando medios fraudulentos y abusando de su poder, con la protección de los distintos gobiernos y sus ministros, nos hace pagar la luz más cara de Europa. Gracias al tándem Solbes-Salgado la luz subió un 70% en los últimos 7 años. Los mercados han premiado a ambos.
El milagro económico era un ladrillo manchado de corrupción


Artículo realizado por Emilio José.

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