24 de octubre de 2012

Miedo, asco y rabia en Españistán.

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Permítanme que le robe a Hunter S. Thompson parte de su famosa frase, pero es que lo que viven estas tierras desde hace un tiempo merece que reflexionemos aunque sea brevemente sobre esos conceptos.


Nos quiren meter miedo. Miedo a perder el trabajo y a no encontrarlo. Miedo a que no te atiendan en la Seguridad Social por no tener papeles. Miedo a no poder abortar porque la ley cada vez es más restrictiva. Miedo a manifestarte por tus derechos porque te pueden pegar o detener y torturarte. Miedo a expresar una opinión disidente porque pueden entrar en tu casa y acusarte de romper leyes legales sí, pero cada vez menos legítima. Miedo a que te saquen de tu casa después de llevar años pagándola. Miedo al saber que por mucho que te esfuerces sólo te queda un futuro en el exilio o condenado a la precariedad. Un miedo cotidiano, que es lo que quieren conseguir, para producir el inmovilismo y la paralización.

Pero todo lo que producen es asco. Asco al ver cómo mientras la pobreza aumenta en términos exponenciales se utiliza dinero público para salvar chiringuitos financieros y las grandes fortunas crecen hasta límites inusitados. Asco al constatar cómo la apuesta de futuro de una comunidad autónoma se basa en la ludopatía, la prostitución, el narcotráfico y el crimen organizado. Asco al comprobar como el adoctrinamiento nacionalcatólico vuelve a las aulas vestido de “eficacia y racionalización” y al tener que aguantar que se trate a padres y a estudiantes casi como terroristas. Asco al escuchar, o mejor dicho, al no escuchar, ya las pocas voces 'molestas' que quedaban en la radio pública. Asco al asistir a la creación de falsos conflictos identitarios entre pueblos, para ocultar lo que realmente pasa, el mayor recorte de derechos sociales de nuestra joven aunque nacida con defectos congénitos, agonizante democracia. Asco al ver cómo la corrupción sigue siendo el pan nuestro de cada día. Asco al descubrir que las autoridades premian al que nos pega y al que nos detiene.

Y tras el asco la rabia, la rabia en forma de lucha, que aumentará en su intensidad y muy probablemente en su contundencia, porque vivimos un punto de inflexión de la lucha de clases. Es el momento de levantarnos para jamás volvernos a someter o de aceptar la esclavitud contemporánea. El momento recuperar la dignidad como pueblo y como clase. Y el momento de aceptar que sólo existen dos clases, los que oprimen y los oprimidos, porque no hace falta trabajar en una fábrica inglesa de finales del siglo XIX para saber que estamos oprimidos, por mucho que la televisión y las agencias de publicidad se empeñen en lo contrario.


Es nuestro momento, es la cita de los pueblos con la historia, una cita a la que más nos vale no llegar tarde, nos va la vida en ello.

Artículo realizado por Raúl García Hémonnet.

3 comentarios:

  1. ¡Buen articulo! :) muchísima razón con el tema de la lucha de clases, es ahora o nunca, salud.

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  2. Querido pueblo el feudalismo nos está esperando.
    ¿A qué esperamos nosotros?

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  3. Enhorabuena por tu artículo. Me ha encantado, de verdad. No solo por estar bien estructurado, que eso para mi, es lo de menos. Pero ha sido una llamada al pueblo espectacular. Genial. Enhorabuena de verdad.

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