15 de septiembre de 2012

Yo es que voy a misa…

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En una mañana en Carretería (calle céntrica de la capital conquense), cuando en un proyecto de JJSS recogíamos cuadernos, bolígrafos, carpetas, mochilas y cualquier otro tipo de material escolar para la ONG “mil colores”, cuyo destino iba a ser los niños más desfavorecidos que también empezaban el curso, yo me disponía a entregar papeletas para las personas que por allí pasaran para hacer publicidad y que trajeran, en medida de sus posibilidades, lo que quisieran traer, en caso de que quisieran traer algo.

Dicho esto, hay quien trae material porque así se siente mejor, quien lo trae porque quiere ayudar, y quien lo trae porque, sencillamente, le da la gana. Otras personas no lo traen porque les parece una tontería, o porque no tienen nada para traer, o porque no quieren. Las dos posturas son totalmente respetables. Cada uno es libre de hacer lo que quiera con sus posesiones sin que nadie le critique por ello.

Ahora bien, hay dos extremos. Los que se pasan, y los que no llegan. Una mujer, que ante la ausencia de hijos, tenía ausencia de cuadernos en su casa, pasó por una papelería y compró todo tipo de material para entregar. Sin duda es un acto muy bonito, y merecedor ser valorado. No obstante, lo que se pretende es que no se derroche material escolar en las casas, y que si tienes de sobra, nos lo entregues a nosotros para hacerlo llegar a los más desfavorecidos. No obstante, es uno de los actos más bonitos que he visto en todo el año.

Ese, es el extremo bueno, el que se pasa de solidario (que en realidad, nunca se pasa). Aquí llega el otro. Yo, como con todo el mundo, fui con una sonrisa a entregarle a una señora un folletito y a explicarle nuestro proyecto. Mi sorpresa fue su respuesta: “No, lo siento chico, yo es que voy a misa”. ¿Yo es que voy a misa?  ¿Y qué tiene que ver ir a misa con dar cuadernos a los chicos que por su condición social, económica, o la que sea, no puede tenerlos? ¿No te deja la Iglesia? ¿Ya cumples el mandamiento según el evangelio de Mateo: amarás al prójimo sobre todas las cosas? Yo amo al prójimo ayudándole, enseñándole, haciendo algo por el en general… pero no le ayudo por ir a misa, aunque, a lo mejor soy yo el raro…

Esta señora me hizo saber más que nunca, que hay católicos (repito, no todos, o eso espero), que creen firmemente que el legado de Dios se gana en las misas y no en la calle, que lo que la Iglesia difunde de austeridad, solidaridad  y oración no lo cumplen ni los eclesiásticos ni los católicos (por lo menos lo de austeridad y solidaridad, lo de rezar, cada uno cuando quiera). La iglesia demasiado austera no es. Ahí tenemos la propiedad privada de la mezquita cordobesa, con un beneficio anual de 8 millones anuales, lo cual es mucho dinero para una persona que no necesita nada más que de pan para comer y tiempo para rezar, o el colgante del papa Venedicto XVI, valorado en no sé cuantos millones, que es una cruz de oro. Supongo que también la puede llevar de madera sin que se caiga el mundo, o el anillo de su dedo anular derecho, con el cual saldaríamos la deuda española y saldríamos de la crisis. Y los católicos solidarios… solo unos pocos… total, pudiendo ir a misa…

Artículo realizado por Miguel Ortega.

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