8 de septiembre de 2012

Historias ocultadas. Sábados de la Historia

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El revisionismo al que estamos siendo sometidos sobre la historia de la Guerra Civil tiene como principal objetivo hacer una equidistancia entre los dos bandos. Siendo conscientes de que esa supuesta igualdad entre unos y otros no se dio. En los dos bandos se cometieron atrocidades, eso apenas se discute, pero ni la cantidad ni la forma es la misma en uno y otro bando. Los dirigentes de la República, desde el gobierno, trataron de poner fin lo antes posible a estos actos, teniendo una suerte distinta al principio del conflicto en el que no pudo controlar estos actos y a mediados, donde la República sí se hizo con su control hasta hacerlos desaparecer. Mientras en el bando rebelde los actos fueron diseñados como parte de una estrategia atendida y diseñada por los máximos responsable de la sublevación que al final del conflicto gobernaron España. Ni acabada la guerra cesaron con la estrategia del terror, dicha estrategia consistía en la aniquilación física de cualquier ciudadano afín al Frente Popular y a su vez establecer un terror tal en el pueblo que, nadie se atreviera a plantear la más mínima critica a la dictadura.

Como muestra de las dos formas de hacer la guerra que tenían unos y otros conoceremos una historia ocurrida durante los combates aéreos de Madrid, que tuvieron lugar entre octubre y noviembre de 1936. Estos son los hechos.

El aviador que fue lanzado con un paracaídas

El 14 de noviembre de 1936 durante los combates aéreos que tuvieron lugar al sur de Madrid un piloto del ejercito leal tuvo que abandonar su trimotor Polikarpov I15 popularmente conocidos como "Chatos", saltando con el paracaídas, dos pilotos que le acompañaban ese día en los combates, al llegar a tierra contaron que vieron como el avión caía envuelto en llamas mientras el piloto desplegó su paracaídas conservando con ello la vida, el viento le jugó una mala pasada y acabó en la localidad de Pinto, zona controlada por los rebeldes. Las tropas del ejercito rebelde mutilaron salvajemente su cuerpo con una saña tan salvaje que muestra la crueldad con la que se actuaba en las filas de los sublevados. Tras esta mutilación metieron los restos del cuerpo en un cajón y fue lanzado con un paracaídas en las inmediaciones del aeródromo de Barajas. Acompañando el cajón iba una nota dirigida al Jefe de la Aviación Republicana, Hidalgo de Cisneros.

Primo Gibelli (José Antonio Galarza)
Primo Gibelli era el nombre del piloto que sufrió tan inmensa tortura. Nacido en  Italia (Milán) el 27 de diciembre de 1893. Fue piloto del ejército soviético hasta 1932, condecorado con la Orden de la Bandera Roja por sus méritos en combate. Llegó a España junto con los primeros pilotos soviéticos en el mes de agosto de 1936. En el pasaporte con el que entró en España para combatir en la aviación republicana "La Gloriosa",  figuraba con el nombre de José Antonio Galarza, aunque era conocido por sus compañeros como "Cordero".

Así se hacían eco de la noticia en su edición del 17 de noviembre de 1.936 el periódico La Voz.

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 El texto dice así:
«Durante el combate que se libró el sábado último sobre
Madrid, uno de los aviadores republicanos tuvo que lanzarse
al espacio en su paracaídas, y fue a caer dentro de las
filas fascistas..
A pesar de la orden dada por nuestra Junta de Defensa
en el sentido de que se respeten las vidas de los aviadores
enemigos que caigan en nuestro poder, los fascistas responden
a esta noble actitud nuestra con actos que hasta
ahora no se han realizado en ninguna guerra.
Anteayer, desde uno de los Capronis que voló sobre Marid,
 fue lanzada una caja con una etiqueta de Valladolid,
suspendida de un paracaídas. Los milicianos que la
vieron caer se apresuraron a recogerla, y, una vez abierta,
se comprobó que contenía el cuerpo descuartizado de un
hombre. En el depósito de cadáveres se efectuó la identificación,
Eran los restos de nuestro aviador, horriblemente
mutilado. Se llamaba este heroico servidor de la causa republicana
José Antonio Galarza.
Cuando se conoció en Madrid este hecho de los facciosos
se produjo enorme indignación en el vecindario, y la
protesta justísima de la gente honrada era compartida hasta
por los más "tibios" madrileños, que están soportando
estos días los inhumanos bombardeos de barrios populares,
donde son inmolados niños y mujeres. ¡
Se han sacado fotografías del cuerpo despedazado del
valiente aviador para que sirva de testimonio de la crueldad
fascista en el Extranjero.
El hecho parece inaceptable, y su condenación brota con
el sólo hecho de exponerlos
»
En la zona republicana había varios prisioneros pilotos, italianos y alemanes. entre ellos, nunca la república dispensó un trato igual a prisionero alguno ni nacional ni extranjero. En la fotografía de abajo se aprecia un paracaídas y diversos enseres de vuelo caídos sobre Madrid de un piloto alemán.

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El día 15 de noviembre el diario El Sol, se hizo eco de la orden que había enviado el General en Jefe de la Junta de Defensa de Madrid, José Miaja. Orden enviada antes de llegar el cajón con los restos del piloto leal. Así figuraba la orden en la portada.

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 El texto dice así:

«"Todo aviador será respetado por

el Ejército popular y por los paisanos

que puedan detenerle"

El general Miaja ha hecho conocer a las milicias la orden siguiente;
"La nobleza de la causa que defendemos, la plenitud de ideal que
anima la lucha en que estamos empeñado. Exige, para no ensombrecer
su gloria, normas de nobleza; pero si el rencor que la traición fascista
ha sembrado en el corazón de las. tropas leales hiciera sordos a los milicianos a este requerimiento, altas razones de tipo militar obligan
al Estado Mayor que dirige la defensa de Madrid a dictar esta orden:
En lo sucesivo, todo aviador será respetado por el Ejército popular
y por los paisanos que puedan detenerle. Sin ofenderle de palabra
ni de obra, será conducido a este Estado Mayor en el ministerio
de la Guerra. En caso de estar herido será trasladado con todo
cuidado al sitio donde más rápidamente y con más eficacia puede ser
asistido.
Los contraventores de esta orden serán castigados de manera
inexorable.
No por la pena que se anuncia, sino por las razones en que se funda, el Estado Mayor espera que esta orden será cumplida sin reservas.»

El cuerpo mutilado del piloto fue enseñado a la prensa para que el mundo fuera consciente del macabro hecho, fue ampliamente fotografiado y todos los periódicos leales hicieron una nota con lo ocurrido. También en la prensa extranjera tuvo mucha repercusión. El intento de amedrentar a los pilotos republicanos ahora se volvía en contra de los facciosos que, vieron cómo el mundo entero volvía a cargar tinta sobre sus atrocidades, como ocurriera en agosto del 36 con la masacre de Badajoz. Éstas son alguna de la muchas fotos que se tomaron por la prensa. También el Archivo Rojo guarda copia de ellas, pulsa aquí para verlas.

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 Reacción fascista

Tras este giro inesperado para los rebeldes, tomaron la decisión de desmentir los hechos y culpar de todo a las tropas leales. El propio general Queipo de Llano dedicó dos intervenciones radiofónicas para desmentir lo ocurrido, pero las fotos del cuerpo mutilado eran prueba más que suficiente para dejar al descubierto las mentiras del general. 

Los restos del piloto.

Seguramente los restos de este piloto acabaran en el Cementerio Civil del Este, aunque cabe la posibilidad que fueran llevados al Cementerio de Fuencarral lugar donde acabaron gran número de pilotos y más miembros de las Brigadas Internacionales. En la actualidad se levanta un monumento a los voluntarios que llegaron a defender la República desde la Unión Soviética.


Monumento en el Cementerio de Fuencarral.

“Somos víctimas del silencio de nuestros padres y responsables de la ignorancia de nuestros hijos”: Dulce Chacón 


Artículo realizado por E.P. (DefensaDeMadrid).

1 comentario:

  1. "El Gobierno de Madrid invitó a los corresponsales a venir a España para que pudieran ver en el depósito de cadáveres el "cadáver descuartizado de un aviador leal, capturado y bárbaramente torurado por el enemigo". Según mencionaba la invitación, el cuerpo había sido "metido en un cajón y arrojado con paracaídas sobre territorio leal, como advertencia de la suerte que esperaba a todos los pilotos leales que fuesen hechos prisioneros". El macabro espectáculo llenó de náuseas a los corresponsales que aceptaron la invitación, pero no logró convencer a casi ninguno. Se habían pasado de la raya. Hasta habían embadurnado de sangre el paracaídas. Algunos corresponsales propagaron la noticia, pero, curándose en salud, la modificaron ampliamente. Más tarde se siguió la pista al cajón y condujo a un almacén madrileño. El cadáver descuartizado se identificó como perteneciente a un obrero de Madrid, muerto durante un bombardeo".: H. Edward Knoblaugh. Correspnsal en España. Nueva York, 1937. Madrid, 1967, p. 191. Ángel Manuel González Fernández.

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