13 de septiembre de 2012

El irresistible ascenso de los alimentos.

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Las subvenciones a la agricultura no son más que otra dimensión del macabro juego de cómo los poderosos hacen responsables de las consecuencias que sus acciones provocan a las propias víctimas de ellas. Curiosamente, se esgrime, constantemente, la cortina de humo que acusa al grueso de la sociedad trabajadora de vivir subvencionada, gratuitamente sin trabajar. En cambio, orquestadamente, se oculta quienes son los verdaderos beneficiarios de todo tipo de ayudas y subvenciones.
El uso que se hace de estas subvenciones – cuidadosamente diseñadas para favorecer los intereses de una poderosa minoría – tiene unas consecuencias bien visibles para el bienestar de la sociedad: acaparamiento de bienes por esa minoría, destrucción de empleo, creación de mano de obra barata y precaria, empobrecimiento del mundo rural, falta de oportunidades, desigualdad, destrucción del medio ambiente y de la biodiversidad, ineficiencia energética, subida del precio y cuestionable calidad de los alimentos, etc. En realidad, ¿qué ocurre con las ayudas y subvenciones agrícolas europeas?
1.    El dinero que recibe España en concepto de ayudas de la Política Agraria Común (PAC) son 6.500 millones de euros anuales, que aumentarán hasta los 7.000 millones en 2013.
2.    Se ha extendido el malicioso bulo de que la mayoría de estas ayudas van a parar a manos de trabajadores del campo que se aprovechan de ellas para no trabajar. Nada más lejos de la realidad, porque, prácticamente, el monto total de las subvenciones – un 80% – son destinadas al 18% de los beneficiarios.
3.    De estas ayudas solo un tercio de ellas caen en manos de agricultores profesionales. La mayoría de las ayudas se dan por el mero hecho de la posesión de la tierra y no por el uso ni el trabajo que se realiza en ella. El 50% de los beneficiarios de las ayudas ha recibido menos de 1.250 euros. La misma UE estipula que una pequeña explotación familiar sólo recibirá 500 euros anuales.
4.    Esta es la realidad que se oculta a los ciudadanos. Quienes se hacen poseedores de las subvenciones agrícolas son unas minorías privilegiadas – transnacionales, grandes terratenientes y distribuidoras –  que no trabajan la tierra.
5.    Los datos son de una claridad meridiana: en España, 126 grandes terratenientes reciben la misma cantidad de dinero que otros 480.000 pequeños agricultores y ganaderos. En Extremadura, únicamente, 18 ganaderos recibieron lo mismo que 64.000 agricultores.
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6.    Para hacernos una pequeña idea de la situación debemos saber que, únicamente, los 7 principales terratenientes reciben 15 millones de euros. Esta cifra equivale a la misma cantidad que reciben 12.700 pequeñas explotaciones.
7.    Además, los 303 mayores agraciados con las subvenciones agrícolas reciben 398 millones de euros.Podemos hacer un esclarecedor cálculo: mientras, una pequeña explotación familiar – que trabaja la tierra con sus propias manos – recibe entre 500 y 1.000 euros, un gran terrateniente – que nunca ha tocado una azada – recibirá 1 millón de euros.
8.    Entre estos terratenientes están: la Casa de Alba – entre otras familias aristocráticas – que recibe más de 3 millones de euros; la familia Mora-Figueroa Domecq, 3,6 millones; o, los dueños de Ebro-Puleva que obtienen en subvenciones 2,5 millones, a sumar a los más de 20 millones que recibe su empresa.
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9.    Pero, aún hay más: Alberto Alcocer, José Manuel Entrecanales, Mario Conde, el actual ministro de Agricultura y Medio Ambiente y otros muchos financieros, especuladores y constructores residentes en Madrid – hasta 5.000 supuestos ‘grandes agricultores madrileños’ de Serrano, la Moraleja o Aravaca – reciben millonarias subvenciones por sus enormes fincas de recreo y cotos de caza, evidentemente, ganadas con el sudor de su frente.
10. Muchas de las ayudas dadas al no estar supeditado su uso a la producción, a la modernización o la creación de empleo se dedican por los grandes terratenientes y empresas a la especulación inmobiliaria y a la compra de nuevas tierras para extender sus dominios. Ayudas que sirven para ampliar sus enormes lugares de ocio dondelavan ingentes cantidades de dinero negro.
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11.  Este uso fraudulento de las ayudas tiene como consecuencia la expulsión del campo de muchos pequeños agricultores que ni pueden competir con los grandes terratenientes ni pueden acceder a la tierra: una hectárea puede alcanzar el precio de más de 30.000 euros, incluso, 80.000 euros si su uso está previsto que sea inmobiliario.
12.  La gravedad de la situación de esta política se refleja en la precaria situación de la población rural, que podemos medir en la pérdida de 147.000 explotaciones entre 1999 y 2003. Además, desde esa última fecha se han perdido otros 140.000 empleos en el mundo rural. Lo mismo ha ocurrido con las explotaciones lácteas que han descendido a razón de 24 diarias desde 1994. Asimismo, la renta agraria ha caído un 27,4% desde ese mismo año.
13.  Si miramos estos hechos con más perspectiva podremos descubrir una consecuencia de un alcance mayor: la disminución de la renta rural no ha tenido consecuencias en la consiguiente disminución del precio de los alimentos. Desde la entrada del euro el pan ha subido un 85%, los huevos, un 114%; la leche, un 48%; el arroz, un 45%; las patatas, un 116%; el aceite de oliva, un 33%; etc.
14.  No solo eso, el precio de los alimentos se encarece una media del 436% del campo al consumidor. Por ejemplo, los limones, un 3.225% más caro; las berenjenas, un 744%; las cebollas, un 869%; o las alcachofas; un 1.000%; etc.
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15.  La razón principal por la que ocurre esto se encuentra en el monopolio: en el enorme poder de las grandes empresas y distribuidoras. Que son, además, grandes beneficiarias de las subvenciones agrícolas: Mercadona recibe 2,6 millones; Lidl, 691.00 euros; Carrefour, 126.000 euros; o Alcampo, casi 53.000 euros.
16.  Este poder dominante de los supermercados se refleja en el control que 7 de ellos ejercen de más del 75% de los canales de intermediación, distribución y venta de alimentos, por lo que imponen un control absoluto de los precios, que pactan entre ellos; no dejando apenas salidas a las pequeñas explotaciones familiares, que desaparecen.
17.  Los beneficios de los supermercados son 11 veces mayores a los que obtenían en 1987 y las grandes empresas ganan 4,5 veces más. En la fase de distribución que controlan estas megaempresas se queda entre el 70 y 90% de los beneficios. Como ejemplo, solo dos supermercados – Mercadona y Carrefour – controlan el 40% de las ventas.
18.  Además, contra lo que muchas personas creen, los productos de los supermercados son, un 20% de media, más caros, que en el pequeño comercio. No nos puede extrañar cuando vemos que han destruido a la competencia controlando la oferta y los precios.
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19.  Se ha ocultado a la población que una de las consecuencias del ascenso de los supermercados ha sido la destrucción de empleo y tejido productivo en la economía local con el consecuente empobrecimiento de barrios y comarcas: por cada empleo precario creado en una gran superficie se han destruido 5 empleos estables en el pequeño comercio. Cerrándose cada día 11 negocios familiares en los últimos 10 años.
20.  Unos alimentos que pueden estar obligados a recorrer hasta 7.000km., cuando, fácilmente, podemos encontrarlos a menos de 100km., de nuestro hogar. Esta acción facilitaría la creación de empleo, mejorando el nivel de vida de las poblaciones locales y la calidad del medio donde viven.
Por tanto, podemos sencillamente concluir que el objetivo de las ayudas no se centra en una mejora de las condiciones del mundo rural y sus habitantes. Tampoco, en una mejora de nuestra agricultura, de la calidad de nuestros alimentos o una agricultura más sostenible y respetuosa con el medio ambiente, tendente a un modelo ecológico – con unos costes considerablemente más bajos – para el medio y las personas. Todo lo contrario.
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En la actualidad, prácticamente, la totalidad de las ayudas va a parar a la agroindustria – o a complementar el alto nivel de vida de los más privilegiados – que realiza un uso intensivo del petróleo y sus derivados, como los fertilizantes y los plásticos con las nefastas consecuencias ambientales que tienen; con un bajo uso de mano de obra con el consiguiente aumento del desempleo. Del mismo modo, la gestión de las ayudas no tiene un elevado compromiso con el cuidado de la salud, por ejemplo, el 60% de las ayudas se destinan al tabaco.
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La muestra más palmaria de la cruel ineficiencia de un modelo, que crea ciudadanos caprichosos, y que despilfarra una enorme cantidad de recursos valiosísimos e irremplazables, podemos observarla en que casi la mitad de la comida que compramos acaba en la basura, cuando cientos de miles de personas pasan hambre en nuestro país; o, aún más atroz, asiste impasible al asesinato por hambre de 36 millones de seres humanos al año en medio de terribles dolores.
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Artículo realizado por Emilio José (lavozdebida).

2 comentarios:

  1. ¿Por qué será que el reparto de las ayudas de la UE me recuerdan tanto al reparto de la tierra antes de la Reforma Agraria de la Segunda Repúbllica... y a lo que vino tras, o durante, la Guerra Civil? ¿Simples coincidencias?... En realidad es lo que sucede con todo el dinero público, que siempre va a los que más tienen mientras los que nada tienen nada reciben.

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