19 de julio de 2012

Siempre sobre los mismos.

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El pueblo español y el pueblo de la colonia –los canarios– pagaremos eternamente el latrocinio de las castas privilegiadas, a no ser que la nación canaria se libere de esta escatofilia. Es hora de que suenen las guillotinas; la corrupción lo pudre todo. No hay vergüenza, ni moral, ni humanidad: la perversidad es absoluta. 

Que la recapitalización de Bankia y del resto de las entidades financieras y privadas españolas la pagaremos los más débiles, es un hecho; y digo los más débiles porque desconocemos, tememos o no queremos ser fuertes. El reino está intervenido y todas estas draconianas medidas, pérdida de derechos constitucionales y entrega de la “soberanía” del pueblo de España a los mercados, es el precio que hay que pagar para levantar un sistema financiero que está muerto y que lo mataron tantos corruptos con nombre y apellidos, entre ellos Rodrigo Rato –y aquí no hay presuntos, los eufemismos y los subterfugios ya no le valen a los jueces del sistema para seguir tapando la mierda que nos asfixia– por lo que esperemos que el pueblo tome conciencia y, con presteza, coja el timón de este naufragio. Que paguen los culpables y que devuelvan el botín. Que rescaten para el estado la millonada de euros que las grandes empresas han evadido al fisco y que se encuentran en los paraísos fiscales: Zapatero advirtió, públicamente, cuando era presidente del gobierno, que sabe dónde está todo ese patrimonio defraudado y su partido no ha hecho nada por sacarlo a la luz. Por otra parte, que siga funcionando la pequeña economía sumergida, la de las chapuzas o la de los profesionales que han estrangulado con este sistema feudalista, ya que si se declara no va a parar al fondo del estado, sino al bolsillo de los mercados depredadores y así, al menos, está en el seno del pueblo y no en manos de corruptos. Sigo anotando que hay que sacar a la luz el patrimonio de la casa Borbón y limitar sus prerrogativas; minimizar el presupuesto de defensa, cerrar cuarteles; eliminar los gastos de protocolos, viajes, sobresueldos y otros privilegios de los políticos; las pagas de los ex-ministros, ex-presidentes de gobiernos y de comunidades autónomas; las pensiones millonarias asignadas de forma unilateral por los banqueros e investigar el patrimonio de éstos; vender el palacio de la Zarzuela, el yate del rey, el palacio de El Pardo, el palacio de La Moncloa, el palacio real de Madrid, el palacio de La Granja… Nacionalizar Telefónica, Endesa, Hiberduero, Correos y Telégrafos etc. 

Acabar con los conciertos de la educación y la sanidad privada; que paguen su deuda con la seguridad social y con hacienda los Clubes de Fútbol; expropiar los activos inmobiliarios de los bancos, hacerlos públicos y vendérselos a los necesitados a precio de costo. Eliminar técnicos y asesores de los ministerios. Todo ello sería una reforma digna, que no lesiona los derechos de las personas, sino que se entendería como un acto de justicia que le daría explicación a esta abstracta democracia. Europa no es una comunidad para los pueblos sino un prostíbulo del capitalismo. ¡Que se rompa!; ¡que las naciones retomen su soberanía! ¡Que paguen sus culpas los corruptos! ¡Que canarias logre su independencia!

Artículo realizado por Isidro Santana León - Sección de Libre Publicación.

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