27 de julio de 2012

La perversión del lenguaje.

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Todos, alguna vez, maquillamos nuestras palabras para que suenen mejor, o, simplemente para que las malas noticias no suenen demasiado fuertes. Pero, actualmente, esta práctica se está llevando hasta límites insospechados en todos los ámbitos de la vida pública.





Un claro ejemplo es la crisis económica y su tratamiento en los medios de comunicación. Pues, la mayoría de la población sabe que una subida de “la prima de riesgo” no es buena para la economía, pero, ¿Realmente sabemos lo que es la prima de riesgo? ¿Sabemos por qué sube o baja?. Los expertos en economía afirman que nos encontramos ante un “crecimiento negativo de la economía”, es decir, que crece pero hacia abajo, en el sentido contrario. Paradójico. Ya no se deja de pagar, ahora las administraciones públicas “desinvierten”. Todo esto llegó a su extremo cuando, por todos los medios, el Partido Popular se negó a usar la palabra ‘rescate’ para definir los 100.000 millones de euros que iba a recibir por parte de la Unión Europea. “Línea de crédito”, “Solidaridad europea” o “Una ayuda en condiciones extremadamente favorables” fueron algunos de los calificativos que recibió el ‘rescate’. Este tratamiento adquirió gran importancia, incluso fuera de nuestras fronteras, ya que el diario inglés The Times, tituló “Tú dices tomate, yo digo rescate” para burlarse de la negativa del Gobierno español a usar ‘rescate’.

Así pues, el Gobierno ya no sube el IRPF, sino que hace “un recargo temporal de solidaridad”. Tampoco sube el IVA, es “una subida de impuestos en términos hacendísticos”. La amnistía fiscal mediante la cual los capitales que hayan defraudado a Hacienda pagarán el 10% para que sus capitales sean legales, según el ministro, es una “regularización de los activos ocultos”. Tampoco se ha abaratado el despido mediante la última reforma laboral, sino que “Se han flexibilizado las condiciones de la jornada laboral” (muy recomendable la portada de la revista El Jueves del 13 de Febrero de 2012 para ejemplificar esto).

Esta práctica también es muy frecuente en los grandes medios de comunicación, tanto es así que las mujeres ya no abortan, “interrumpen voluntariamente el embarazo”. Por ejemplo, en las últimas elecciones griegas en todos los medios de comunicación se calificaba al partido Syriza como “izquierda radical”. Pero, ¿No sería más acertado calificar de radicales a dos partidos como Nueva Democracia (equivalente al PP griego) y PASOK (equivalente al PSOE griego) que falsearon sus cuentas para entrar en la Unión Europea, y luego aplicaron unas políticas que han llevado al país a la ruina?. Igualmente, en nuestros días ya no hay guerras, sino que hay “intervenciones militares” o “inclusiones aéreas”. En dichas guerras tampoco hay muertos, sino que hay “daños colaterales”. En tal caso, podríamos afirmar que, desde la Guerra Civil española, hay 150.000 “daños colaterales” en las cunetas de toda España. Por supuesto, las bombas que antes se usaban para destrozar ciertos lugares, o matar personas, ahora son “misiles inteligentes”, es decir, que matan a más gente.

Este uso perverso del lenguaje también sirve para justificar cierto tipo de conductas. Por ejemplo, en los países occidentales, salir en procesión con una cruz, por ejemplo para que llueva, es una práctica común, y se acepta como parte de una religión. Pero, los indígenas que bailan alrededor de un fuego para ahuyentar sus males, no es más que superstición. Del mismo modo que aceptamos el descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón en el año 1492, aunque ya hubiera allí gente viviendo. Parece contradictorio…

“Decir la verdad siempre es un acto revolucionario”, así que, por favor, seamos revolucionarios, digamos la verdad, sin disfraces ni adornos, nos entenderemos mejor, y lo agradeceremos.


Artículo realizado por Baltazar López - Sección de Libre Publicación.

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