14 de junio de 2012

Un imprescindible rearme moral.

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Con el actual estado de "las cosas", como diría Mariano Rajoy, ya no se qué me indigna más, si el propio concepto de indignado, que por estar tan manido mediáticamente ha llevado a convertirse en una pegatina más que ponerse en la solapa y que nada dice pero mucho decora; si los infames razonamientos de determinada prensa y de este Gobierno, que venden fracasos como victorias con total impunidad; o si la tendencia de mucha gente de izquierdas de caer en la trampa una y otra vez. Por el bien del noble ejercicio de la autocrítica, me centraré en esta tercera.


El "progresismo ingenuo" o la "izquierda feliz" padece de un trastorno de hiperactividad social, que se caracteriza por un estado de nerviosismo, de participar en cualquier campaña o convocatoria, de impulsividad no violenta, que no se complementa con una adecuada concentración sobre los hechos concretos o los objetivos a alcanzar. Nadando entre una marea de información, donde todo es hiriente (cada desahucio, cada mentira nueva del gobierno, cada declaración de uno de sus miembros, cada travesura infantil de cualquiera de sus hijos, etc.) se sucumbe al no saber distinguir entre lo que vale y lo que no, entre lo que es ruido y lo que nunca lo fue. La famosa "Doctrina del Shock", el exceso de información como camino idóneo para que el individuo quede paralizado y actúe, como un autómata, sin organización, sin horario, sin rumbo. 

Esto lleva a formar parte de iniciativas no reflexionadas que solo favorecen al poder. Hace ya unos añitos, Marcuse, buen conocedor de las movilizaciones de los años sesenta, explicaba que  "Por muy pacíficas que sean nuestras manifestaciones, siempre se ha de contar con que se le opondrá  la violencia de las instituciones", por aquel pequeño detalle que explicara Max Weber en los años veinte del siglo pasado, al decir que "lo que caracteriza a un Estado es tener el monopolio de la violencia legítima". Nada nuevo, salvo nosotros, que a veces lo parecemos y mucho. 

Por esta lógica, invitaría a mucha gente que participa de un ideario común de denuncia de esta estafa que nos priva de derechos, a tomar en cuenta estas citas, porque si, por ejemplo, una noche, en una manifestación no autorizada (o tras una concentración que sí lo estaba) deciden hacer una ruta turística por las calles de Madrid y la policía interviene. Deberíamos de saberlo antes y no jugar a sorprendernos, como si estuvieran haciendo algo ilegal. El poder hace exactamente lo que se espera de él, por eso tenemos que adquirir mejores estrategias para combatirlo. Y al poder le conviene que el debate se centre en falta de placas identificativas, en represión policial, en abusos, etc. Este sistema se refuerza con la ingenua oposición al mismo. La crítica, sin recurrir a la esencia de las cosas, a la raíz, retroalimenta el sistema de dominación, según la propia terminología de Marcuse.

Esto mismo sucede cuando confundimos una labor de oposición crítica con una gratuita exhibición de la doctrina neoliberal. Cada noche en las redes sociales, se cae en la trampa. Solo hace falta que un Director de periódico infame decida colgar una portada agresiva en la red, para que un ejército de "Antis" conviertan la denostada portada en lo más leído. No publicitar las hazañas del enemigo forma parte necesaria del juego. Una crítica reflexionada es precisa siempre, pero si, hablando claro, tenemos a un provocador que ruboriza a la izquierda, y esta cae en la trampa, el provocador no solo se acuesta entre risas sino que además gana dinero con ello. 

Tercer y último ejemplo: el juego de la distracción. La supuesta legitimidad la tiene un periodista, por ejemplo, Jordi Évole, que emite su programa en un canal de televisión que ha decidido hacer de esta izquierda ingenua su mercado. Son capaces de poner en ridículo a la iglesia o a varios señoritos andaluces pero, entretanto, sus dueños aplican la reforma laboral a rajatabla, sin miramientos. Lo dije hace poco en otro lugar. Me da lo mismo si un programa de La Sexta patrocina la indignación y el 15M para conseguir audiencia. Es como si Zara fabrica camisetas con la cara estampada del Ché y todos acudimos a comprarlas. Puro marketing. Engaño, nada más, para favorecer el bipartidismo, para vender propuestas ciudadanas desideologizadas el municipios de no sé dónde, con un formato simplista y poco informado en el que, para colmo, se exhiben formas de banca cívica como alternativas a la banca tradicional. También lo dije antes. Si la banca tradicional es Guantánamo, la banca cívica es Alcalá-Meco. Ambas forman parte del sistema carcelario. No sé si me explico.

Y en el fondo de la cuestión está el mensaje, que es la desideologización como objetivo claro. Porque la ideología está sucia, salpicada en cualquiera de sus espectros, porque ha habido corrupción en todas las esferas, porque no vale ni la izquierda ni la derecha, solo denunciar, actuar, promover iniciativas que, participando del sistema, lo hagan más humano. Pero en el sistema, en su alma, está la justificación de las desigualdades más abominables de este mundo y de las que, por cierto, se acordó recientemente Rajoy al referirse a un país (Uganda) que no sabe ubicar en el mapa. 

Asistimos a la promoción de una especie de utopía desideologizada, que parece habérsele ocurrido a un ideólogo de UPyD, si es que existiese tal cosa. "El sistema no nos representa", "todos los políticos son iguales" y demás mensajes comunes que han llevado a Mariano Rajoy a la mayoría absoluta de este país, para sustituir en el desmantelamiento de los derechos sociales a sus predecesores que, en lo único que se han diferenciado ha sido en la timidez o, si prefieren, en la rapidez con la que lo han desarrollado. 

El rearme moral de la izquierda es imprescindible. No es momento para iniciativas estrambóticas y, además, todos los Mediterráneos están descubiertos. Ni aun juzgando a los ladrones de Bankia, el sistema que desahucia, que golpea y que recorta derechos, dejará de existir. Que cada uno se engañe como quiera. A mí, que el estafador se lave la cara y se ponga guapo no me sirve para nada. Tras la lucha cotidiana tiene que haber un horizonte, y con su información a discreción están logrando que muchos lo pierdan. 


Artículo realizado por @Raskolnistan.

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