12 de febrero de 2012

Objetos invisibles, ya una realidad. Domingos de la Ciencia

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Recientemente se ha publicado en New Journal of Physics un estudio de la Universidad de Texas que demuestra la posibilidad de convertir ciertos objetos tridimensionales en invisibles.


Pese a que el experimento no se ha desarrollado en el rango de luz visible sino en el de las microondas, se ha conseguido algo histórico ya que, hasta ahora, sólo había sido posible ocultar cuerpos bidimensionales bajo condiciones específicas controladas en el laboratorio.

Gracias a un sistema llamado encubrimiento plasmónico, ha sido posible enmascarar objetos de tres dimensiones al aire libre y desde cualquier ángulo (no importa desde dónde sea observada la pieza). 


Es conocido que nuestra capacidad visual se debe a que el cerebro recibe, a través del ojo, los rayos de luz reflejados tras incidir en un objeto. Y entonces, ¿cómo puede ser que, si la luz sigue incidiendo, el objeto se convierta en invisible?
Ya se habían realizado pruebas con componentes llamados metamateriales transformados no homogéneos, que son aplicados a modo de revestimiento y actúan desviando los rayos de luz para que, en lugar de chocar contra el objeto y rebotar hacia nuestros ojos, se muevan "envolviendo" el cuerpo del mismo modo en que lo hace el aire en torno a un automóvil. 


Lo sorprendente del nuevo estudio reside en que, para lograr la invisibilidad, se aplican metamateriales plasmónicos, cuyas capas interactúan con el material del objeto en cuestión, anulándose la capacidad de reflexión de la luz hacia el observador. Estos materiales tienen una ventaja significativa respecto a las otras opciones barajadas: poseen una gran robustez que permite llevar el experimento más allá de la idealidad de un laboratorio, haciéndose posible aplicarlo a condiciones ambientales reales.


La experiencia que finalmente demostró la posibilidad de hacer desaparecer objetos fue el disparo de un haz de microondas hacia una barra cilíndrica de 18 cm (un tamaño más que considerable). A continuación, se recogieron los datos de dispersión de dichas ondas ("hacia dónde rebotaron") y el resultado fue, según declararon los propios investigadores, "como si el tubo nunca hubiese estado allí".

El problema de esta técnica, a la hora de aplicarla a frecuencias de luz visible, es que el tamaño del objeto que se puede camuflar varía según la longitud de la onda. Es decir: podemos hacer desaparecer un objeto de 18 cm a un haz de microondas, pero apenas podríamos ocultar un objeto de unas milésimas de milímetro a un haz de luz visible (cuya longitud de onda es unas 100.000 veces menor que las microondas).


Queda aún mucho camino por recorrer en este ámbito científico, y este estudio que hoy hemos presentado es un gran avance. 
Veremos, también, quién se aprovecha de esta tecnología. No en vano la financiación privada supone más del 90% de los ingresos de la Universidad de Texas. Alguno de los muchos lobbys que intervienen podría querer recuperar el dinero invertido.

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