10 de febrero de 2012

¿Cuál es “el” debate en Argentina?

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Los intelectuales no resuelven las crisis, más bien las crean. Umberto Eco

En la dinámica social que nos envuelve, una ola más se está elevando para generar algunos movimientos interesantes.

No sin más que con duda, admiración, curiosidad o una rara mezcla de todo ello es que podemos acercarnos a lo que ha venido a llamarse una disputa entre “intelectuales”.

En primer lugar y quizás como una declaración de principios, sería interesante remarcar que algunos de los protagonistas de esta historia se dejan citar y/o se autodenominan como “intelectuales”. Pero en realidad ese rótulo auto-referenciado, pareciera busca afirmar un status social, una etiqueta, una diferenciación con respecto al resto de la comunidad que por sí misma genera una cuota de verdad o veracidad en sus afirmaciones. Ese “intelectual” que busca ser autoridad en lo que a opinión se refiere, se desprende de la sociedad mediocre que lo rodea (si vale la durísima ironía). En fin, ser “intelectual” como un sabio a lo “filósofo-rey” más que como una función o rol social.

Lo que está en juego, dirían algunos es el modelo de país; no sin antes dejar marcas en sus opiniones que reflejan el desdén hacia los que piensan distinto. La batalla cultural parece haberse iniciado, no sin antes librarse otras batallas y que se terminan mezclando en contradicciones de todo color.

En realidad, tras ese rótulo que engloba, que diferencia y que discrimina en su más extrema definición, se encuentra a científicos, investigadores, escritores, artistas y referentes de diferentes campos de la “intelectualidad”. ¿Pero qué hay detrás de este debate?

Parece que un sólo interrogante no puede generar todas las respuestas que necesitamos. Pero claramente, en relación a lo que venimos hablando, hay buenas intenciones e intenciones de difícil adjetivación. Lo positivo en éste caso según mi humilde y “no-intelectual” opinión, es que los actores no se esconden, podemos saber qué piensan o que opinan. Desde los que “ponen el grito en el cielo”, ubicados en la comodidad de un pedestal inalcanzable con las propiedades del agua potable, por la grave situación del país; hasta los que creen firmemente que está todo por hacerse y que el kirchnerismo tiene sus contradicciones; pasando por los “talibán” (si vale la analogía, con una cuota de humor) del gobierno nacional, que tratan de justificar todo, desde gobernadores defensores del neoliberalismo en otros tiempos hasta la sanción de una Ley Antiterrorista, exigencia de organismos del imperio (no sin antes enarbolar la bandera de la soberanía nacional). En el medio de todo, o quizás en algún programa de Chiche Gelblung, algunos referentes de la izquierda nacional más pura e inmaculada, destilan su cuota de sabiduría terrenal como “obispos” de la Cuarta Internacional.

En fin, no quiere ser este escrito una defensa de Carta Abierta o de Plataforma 2012, ya que me parece que en su núcleo de ideas y de actores hay tantas contradicciones como en la sociedad misma. Mucho menos, ubicarme del lado de quienes hacen de sus escritos, opiniones y conductas, un capítulo tras otro de novelas mexicanas o brasileras. Absurdo es seguir hablando de los que solitos llevan adelante su propia desaparición política (qué paradoja marxista, ¿no?).

Pero más allá de todo esto, es justo decir que la realidad nos está diciendo que la Democracia Argentina sigue madurando. Ya que el debate crítico es la base necesaria para la superación de constantes contradicciones. Pero hay que tener cuidado, que con la máscara del debate crítico (oficialistas o no) pueden actuar defensores de la desigualdad social, de la negación de derechos, de la represión contra las reivindicaciones del campo popular, de la injusticia, del exterminio de pueblos originarios, del extrativismo y expoliación como destino inevitable de los pueblos de la periferia del capitalismo mundial.

Es necesario entonces seguir profundizando “un modelo”, y que no sea sólo “él modelo”. Ya que cuando sólo hay lugar para un solo camino, perdemos la riqueza de una comunidad de diálogo, verdaderamente democrática. No nos quedemos con la postura de los “intelectuales auto-referenciados”, ni con las de “talibán” oficiales, ni con las de anti-kirchneristas cargados de odio, ni con las de cipayos pagos por el capitalismo mundial, ni con las de referentes “iluminados” por su ego inabarcable. Podemos (y debemos) prestar mayor atención a las voces del campo popular, a las voces de los pueblos nativos, a los millones de extranjeros que cada vez son más en nuestro país y que lo sienten como propio; a todos ellos, que no tienen voz, lo que diga tal o cuál con el título honorífico y vitalicio de “intelectual”, poco le importa si no sabe si podrá seguir sobreviviendo al día siguiente.

En conclusión, “él” debate en Argentina debiera ser en mi humilde opinión, la desigualdad que aún nos hunde en una deuda social insultante. Qué Carta Abierta, Plataforma 2012, Castillo, Altamira y todos ellos le expliquen a nuestros compatriotas excluidos, cómo es posible que pasen hambre en un país que le da de comer a cuatrocientos millones de personas en el mundo.

Ver también:


Artículo realizado por Andrés Fernández, colaborador de Hablando República desde Argentina.

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