7 de diciembre de 2011

El atraco de la desigualdad

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La nada sospechosa de izquierdismo siquiera moderado Organización para la Cooperación y el Desarrollo económicos, OCDE ha revelado, en su último informe, que la desigualdad en las sociedades de sus países miembros, entre los que se encuentran los países europeos, las grandes potencias occidentales y algunos de los llamados BRICS o potencias emergentes, ha alcanzado sus máximos niveles de los últimos treinta años. Según dicho informe de la OCDE esto se debe a la disparidad de ingresos entre los segmentos más privilegiados de las sociedades y los más desfavorecidos.


Ángel Gurría, secretario General de la OCDE califica la situación de “políticamente explosiva” y desde la organización se pide una subida de impuestos a las rentas altas y un aumento de la protección social de las sociedades.

Pero los tiempos parecen ir por otros derroteros, ayer en España se celebraba el día de la Constitución que durante los meses de verano fue tomada al asalto por el dogma neoliberal y modificada por sufragio más que censitario para limitar el déficit por ley (al 3% que marca el pacto de estabilidad). Con esto se barre de un plumazo la puesta en marcha de políticas anticíclicas para estimular las economías.

Existen dos palancas para reducir la desigualdad entre clases sociales, la primera es la puesta en marcha de una vez de una auténtica reforma fiscal progresiva que cargue el grueso de su acción sobre las rentas altas y del capital, es decir sobre las grandes fortunas y empresas de nuestros países. Por otra parte, se debe aumentar la acción del Estado, es decir, fortalecer las prestaciones sociales y asegurar la gratuidad y universalidad de los servicios básicos para una sociedad, como son la sanidad y la educación.

Lo que pone de manifiesto el reciente informe de la OCDE es que se está produciendo la mayor transferencia de riqueza entre clases de la historia de la humanidad. Desde hace 30 años a la vez que ha ido aumentando la presión sobre los salarios, se ha ido debilitando el movimiento obrero y criminalizando al sindicalismo (Thatcher, años 80), se ha ido favoreciendo con regalos fiscales a las rentas altas y del capital (grandes fortunas y empresas). Regalos que con la privatización paulatina de sectores estratégicos de la economía no han hecho si no aumentar, privatización que, como vehículo de la voracidad capitalista, poniendo en el punto de mira los servicios sociales más básicos, es decir, devorando las únicas instituciones garantistas de una igualdad de oportunidades mínima entre clases sociales. El colofón de esta transferencia, robo, o estafa, como lo queráis llamar, es el enorme poder dado al sector financiero al establecer un modelo de crecimiento ficticio de la economía basado en la deuda, con lo que los bancos pasaron a ser amos y señores de la economía y de la vida de las personas.

El ajuste duro que seguro se decidirá en la cumbre europea del fin de semana no hará más que profundizar en el germen del desastre. Muchos lo habían avisado antes, ahora la que da la voz de alerta es la nada sospechosa de subversiva OCDE. Se acaba el tiempo.


Artículo realizado por Raúl García Hémonnet.

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