12 de diciembre de 2011

Despejando la niebla

0
Publicado por

Hace unos días me regalaron un libro que me está impactando profundamente. No penséis que es de un pensador de izquierdas o de una escritora afín a las ideas liberadoras, al contrario, sale de las mismas filas del nuevo imperialismo.

La verdad es que es una gozada leerlo, está bien escrito, hila los pensamientos con facilidad y rezuma conocimiento por todos las costuras. Aún más, te hace dudar. Es una manzana envenenada igual a la de la bruja. Roja y apetitosa por fuera. Venenosa y letal por dentro.

Antes de desvelar autora, título y lo que trata, os puedo adelantar que es actual y aborda cuestiones medulares sobre la gestión de lo que han llamado el «soft power», es decir el poder blando. Poder que a través de la mundialización y la perdida de soberanía nacional, usa torticeramente las oenegés y el Derecho Internacional Humanitario como forma de convencer a las poblaciones en el empleo de la fuerza militar. Suena a Libia, como antes sonó a Yugoslavia.

El libro en cuestión lleva el título de «El poder y la fuerza» con el subtítulo de «La seguridad de la población civil en un mundo global». No digáis que no engaña. Suena atrayente, progresista e incluso diría humanista. Escrito en la más pura retorica de la neolengua orwelliana para tocarnos las emociones y que asumamos sus discursos bastardos. La manzana de Blancanieves de nuevo.

La cosa empieza a chirriar cuando se lee la biografía de la autora, Mary Kaldor: profesora y directora del Center for the Study of Global Governance en la London School of Economics and Political Science ¿Gobernanza? ¿De que me sonará a mí esa palabra? Cuestión aclarada cuando llegamos a saber que a petición del anterior jefe de la política exterior europea, Javier Solana, dirigió la elaboración de dos informes sobre política de seguridad europea. Nos encontramos pues ante un peso pesado de la intelligentzia mundialista, que habla sin cortapisas y a la que es necesaria leer para aclarar la niebla de estos tiempos confusos.

Kaldor se mueve con maestría en el ámbito de la polemología, permitiéndose el lujo de definir nuevos tipos de conflicto donde encajar bien sus teorías tramposas. Y digo tramposas, porque en ellas cae más de uno de los que componen esa amalgama progre, que acaba trabajando inconscientemente, al servicio de los intereses más agresivos del poder financiero y multinacional.

Lo primero, nos dice, es la necesidad de un «lenguaje nuevo», un relato que nos lleve a donde quiere, pues «la base de las ciencias sociales son los relatos» y de esa forma se va conformando la percepción que tenemos de las cosas, se va construyendo realidad. «Guerras nuevas», «sociedad civil global», «cosmopolismo», «seguridad humana», «consenso humanitario», «seguridad cívica»,... son los ladrillos con los que se construye la parte guerrera del edificio de la globalización, con el objetivo meridiano de atacar el concepto de Estado Nación.

Queda claro, y así lo manifiesta la autora, la dificultad de lograr explicar una intervención sobre un país soberano sin un motivo que lo convierta en «guerra justa», es decir, que sea acorde a las normas y disposiciones que conforman el Derecho Internacional y lo que es más importante para su viabilidad, aceptada por la población como moral y necesaria.

De ahí la necesidad de «un nuevo tipo de intervención basada en la imposición o la implementación de los derechos humanos» salida del punto de partida que fue la intervención en los Balcanes como puesta de largo de la intervención humanitaria, donde se definió la «postura política cosmopolista».

Palabras escritas con tanta claridad que su efecto es el de disipador de la niebla, para que quien quiera ver, pueda constatar como el uso interesado de las violaciones de los derechos humanos, supuestas o no, por parte de determinadas oenegés y su amplificación por los grandes emporios de la comunicación, crean las condiciones para una intervención militar de agresión, llamada ahora «intervención humanitaria», que evita los obstáculos de la soberanía nacional y las leyes internacionales, y le otorga legitimidad pública para hacerla justa.

Apliquemos lo leído al uso reciente de los derechos humanos sobre países díscolos al nuevo orden mundial como Cuba, Venezuela, Ecuador, Yugoslavia, Bolivia,... y tendremos una aproximación a la manera en la que se preparan las guerras o intervenciones de agresión y su camuflaje para que muchos bienintencionados se unan gustosos al aplauso de la barbarie.


Artículo realizado por Javier Couso

0 comentarios:

Publicar un comentario

Lecturas Populares

Suscripción al blog.

Seguidores en Blogger