18 de noviembre de 2011

X o Y, infinita decadencia

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Frente a las rutinas diarias de cada uno, cuando decides abrir un periódico cualquiera y ojear lo que pasa en España no encuentras más que basura electoral, falsas promesas y la solución a todos tus problemas si votas a x o a y. A estas alturas sabemos que las palabras que expulsan los labios de un político están cargadas de subjetivismo, por no decir que son completamente inciertas. En campaña nos arrollan con avalanchas de panfletos, bolígrafos, pines, e incluso, macetas o manzanas, esto es una técnica  para comprar ese voto incierto de aquellas personas que se acercan al “tal o cual” del partido porque saben que reparte algo gratis. Sin embargo, a ver a cuantos te encuentras el lunes dando la brasa con el yo soy mejor que aquel de allí. Seguramente a ninguno. Los mismos lobos, pero con diferentes caretas; esos son los enchaquetados que veremos el domingo próximo cuando depositemos nuestro querido voto en la urna de rigor.

Si la inercia político-social no falla podremos ver a un Mariano Rajoy pleno de gracia y escondiendo no una tijera sino un hacha para recortarnos hasta las pestañas. De Rubalcaba mejor no decir nada. Un político que se rinde antes de perder no sabe que la retórica es un arma útil y que según se dice: la toalla no ha de tirarse antes de tiempo, porque quién no arriesga no gana. Sin embargo, es mucho más fácil actuar como perdedor anticipado y pasarle el testigo, o mejor dicho el abismo español, al otro.

Resumiendo, gane quien gane y caiga quien caiga los afectados van a ser los mismos, el pueblo. Los que al fin y al cabo pagan sus deudas y las de los banqueros. Aquellos ingenuos que aun piensan que su voto vale, que decidirán algo. Los que pierden o han perdido sus casas, sus trabajos, sus vidas, incluso hasta sus propios sueños. El día que nos demos cuenta de que no somos más que cifras será cuando la resignación y el odio nos conduzca a actuar de verdad. Desde mi propia filosofía, y no quiero resultar pesimista, os invito a seguir el “Una salus victus nulam sperar salutem”, pues no hay mayor solución para un vencido que no esperar solución alguna. Esto es España, no hace falta que nos lo cuenten.


Artículo realizado por María García

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