28 de noviembre de 2011

Irán y la información del avestruz

1
Publicado por

En medio de este ataque que llaman crisis, los grandes medios están ausentes de un verdadero peligro que amenaza a la humanidad. No quiero decir que no hablen o que no nos intoxiquen todos los días con información elaborada y precocinada, pero eso no es información, es propaganda.
Y no es por falta de alertas o porque muchos de estos profesionales sean cortos de entendederas, es por ideología, es porque la mayoría han abandonado la deontología que debe acompañar al ejercicio del arte de informar: Buscar la verdad y contarla.

Hay una persona que viene alertando sobre estos peligros a través de reflexiones que son inmediatamente reproducidas por centenares de medios en el mundo. Pudiera parecer que esta persona no reúne la credibilidad para ser una fuente fiable o que es un charlatán que habla sin saber, pero nada más alejado de la realidad. Este analista sobrevenido, es un experto en relaciones internacionales, ciencia militar, geopolítica y otras muchas disciplinas, a parte de ser ya un personaje de la historia con mayúsculas. No en vano ha sobrevivido a diez presidentes estadounidenses empeñados en acabar con el proyecto político y la independencia de su pequeño país situado a noventa millas de Estados Unidos.

Una personalidad con esas responsabilidades ejercidas durante tanto tiempo de manera victoriosa, se presupone que debe manejar con maestría el tratamiento y análisis del devenir geopolítico, previendo con antelación fenómenos de naturaleza desestabilizadora a nivel internacional que a otras personas se les escape.

Por este motivo me extraña la ausencia de atención ante estas reflexiones y sobre todo la absoluta falta de credibilidad que le otorgan reputados reporteros y medios. Tal cosa solo se puede entender desde la ideologización absoluta de la realidad que ha sustituido a los libros de estilo que se manejan en las redacciones de los grandes medios de (des)información, convertidos en el aparato de propaganda de los magnates propietarios.

A lo que me estoy refiriendo es a la alerta sobre un posible conflicto que contemple la utilización de armas nucleares tácticas. Sí, sé que parece algo que pertenece a los libros de historia o a las películas de catástrofes apocalípticas que inundaron los cines en los tiempos de la guerra fría. Pero es que de verdad estamos en una nueva guerra fría que incluso vuelve a involucrar Rusia.

Aunque todo está relacionado, hoy no me pararé en lo que llaman eufemísticamente «Escudo Antimisiles», y que no es otra cosa que justo lo contrario: Una proyección estratégica de detección y lanzamiento de misiles que amenaza directamente a Rusia. Lo que me preocupa es la posibilidad de un ataque a Irán.

Confieso que no contemplaba esta posibilidad por las consecuencias terroríficas que lleva implícita a todos los niveles, además de porque creo sinceramente que el propio poder ejecutivo de Estados Unidos no está por la labor. Pero como alertó Eisenhower acerca del peligro que suponía el complejo industrial-militar, la realidad es poliédrica y no presenta una sola cara.

Para las aventuras militares en las que están embarcados los estadounidenses, supondría una locura desestabilizar la zona de influencia que domina Irán, la llamada media luna chií, que no solo afecta al Líbano, sino que hunde sus raíces profundas en Irak y cuya no beligerancia, tácitamente asumida por los dos archienemigos, permite el statu quo que se mantiene hasta el día de hoy en la antigua Mesopotamia.

De hecho hay pruebas que demuestran que por lo menos varias veces se ha impedido un ataque a Irán. Aquí es donde entra en juego el factor desestabilizador de Israel, que la mayoría de las veces más que un aliado fiel, se comporta como verso libre. Israel entiende que no puede permitir una potencia regional que le haga frente. Él es el gallo del corral y al igual que se acabó con Irak, país que por reservas energéticas y preparación profesional se podía erigir como serio contendiente en la batalla por la hegemonía de Oriente Medio, no va a tolerar un Irán con pleno desarrollo.

Volviendo a la complejidad de la realidad, vemos que hay corrientes de pensamiento en Washington que ven con buenos ojos un Irán fuerte que contrarreste a un Israel cada día más autónomo y en expansión militar permanente. Un Oriente Medio repartido entre los dos países no árabes y que con la posesión del arma nuclear se desactivan por la «destrucción mutua asegurada».

Lo malo de toda esta historia, es que no todos lo ven así y el lobby sionista en la capital estadounidense es poderoso y comparte la visión mesiánica de algunos de los gobernantes israelís.

Por lo tanto, debemos contemplar como posible el supuesto de un ataque a Irán, pero este país no es comparable a Irak o Libia, ni por población (cerca de setenta millones), ni por orografía, ni por recursos, ni sobre todo por su preparación militar.

Hace poco leía en una revista militar sobre el ejercicio Millenium Challenge 2002, organizado por el Mando Conjunto de Fuerzas de EEUU (USJFCOM) entre julio y agosto de 2002. El escenario hipotético planteado en este ejercicio militar era el conflicto entre Estados Unidos y un país «no definido» en el golfo Pérsico, que indudablemente correspondía a Irán. Los resultados fueron sorprendentes y preocupantes para los militares estadounidenses y contrarió profundamente al mando norteamericano que decidió ocultarlo y repetirlo con otros condicionantes que llevarán inevitablemente al paseo militar. Lo que no se pudo esconder del todo fue el resultado que determinaron los jueces del ejercicio: Un portaaviones nuclear, diez escoltas y cinco buques de asalto anfibio resultaron hundidos.

Es de señalar que en el ámbito que afecta a la guerra naval, extensible a las otras armas que componen su ejército, Irán ha aprendido las lecciones, no solo de la guerra con Irak, sino de los enfrentamientos con el propio país norteamericano, que le llevaron a desarrollar una estrategia asimétrica que evita los enfrentamientos directos y se basa en los ataques sorpresa, las emboscadas y las tácticas guerrilleras en ataques de enjambre. Además de la descentralización del mando en una defensa «en mosaico» que permite la continuación de las operaciones sin depender de un mando unificado que sería extremadamente vulnerable.

El alcance de la corbeta israelí Eliat en 2006 por misiles antibuque disparados por fuerzas del libanés Hezbollah fue un toque de atención en ese sentido, que unido a otras consideraciones, llevó al general Ronal L. Burgues, director de la Agencia de Inteligencia de Defensa de EEUU, a afirmar que «Irán tiene la capacidad de restringir temporalmente el acceso al estrecho de Ormuz con su armada». El cierre de este estrecho, verdadero punto de estrangulamiento geopolítico, dispararía el precio del petróleo a niveles nunca conocidos.

Todos estos factores unidos, me llevan a la misma conclusión que Fidel Castro en sus reflexiones: En el ataque contra Irán se emplearían armas nucleares tácticas por parte de Israel, lo que nos llevaría a una guerra de consecuencias desconocidas.

Pueden todólogos, periodistas y creadores de opinión enterrar su cabeza como las avestruces para ignorar el peligro, pero no podrán aducir que no estaban avisados. Y nosotros, no podemos cesar ni un momento en la denuncia de este peligro que afecta a toda la humanidad. Aún estamos a tiempo de evitarlo.

Artículo realizado por Javier Couso.

1 comentario:

Lecturas Populares

Suscripción al blog.

Seguidores en Blogger