22 de noviembre de 2011

Aerolíneas: no vuela

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Una larga y rica historia precede a la aerolínea de bandera argentina. La famosa “Aerolíneas Argentinas”, que se conoce con el simple “aerolíneas”, puede ser quizás un relato resumido de la historia de nuestro país. Un pasado interesante y promisorio, vaivenes alocados y por último, un presente al borde del abismo. Quizás el país no esté tan mal, me replicará alguno; sin embargo, y a pesar de varios años con crecimiento sostenido de la economía, el Estado nacional no encuentra la “fórmula” para operar dicha empresa estratégica para nuestra soberanía y mientras la sigue manteniendo como un nicho donde sobrevive la corrupción al más alto nivel.
En cuanto a la larga y rica historia, el nacimiento de Aerolíneas, va de la mano de los éxitos de la aeronavegación nacional. Con triunfos espectaculares como el desarrollo del “Pulqui”, uno de los primeros aviones a reacción del mundo, allá por el año 1947. Es así que para el año 1950, durante la presidencia de Juan Perón, Aerolíneas comienza a operar como tal luego de la fusión de algunas empresas aéreas que tenían participación estatal. Esas empresas ya realizaban varios vuelos de cabotaje y con la nueva designación, comenzaron a operar varios destinos de Latinoamérica, EE.UU y Europa. El éxito fue tal que en diciembre de 1951, después de tan solo un año de operaciones la Sociedad Interamericana de Prensa la designó como la mejor empresa aerocomercial del mundo, por su eficiente organización y la calidad de sus servicios. Para 1959, Aerolíneas se convirtió en la primera empresa latinoamericana en volar aviones a reacción, lo que le permitió llegar cómodamente a Londres, Madrid, París y Roma.
Los vaivenes alocados, acompañaron los sucesivos golpes de Estado, y la Empresa Aerolíneas Argentinas no estuvo exenta. Se convirtió lentamente en una gran estructura, con mucho personal trabajando, pero con funcionarios corruptos que la utilizaron como bien privado y la llevaron al borde de la quiebra. Esa situación, fue la excusa perfecta para que el gobierno neoliberal de Carlos Menem firmara el decreto autorizando su privatización. Y en ésta parte de la historia, España adquiere un rol preponderante, ya que quien se convierte en propietaria mayoritaria de Aerolíneas es la empresa estatal española Iberia. En 1990, Iberia comienza a operar Aerolíneas como parte de un plan de expansión en Latinoamérica. Pero…
Su gestión fue caótica. Intentó modernizar y acercar a Aerolíneas a los estándares internacionales; pero terminó quebrando en 1994. En ese momento, se hace cargo de las acciones de la empresa, el Estado español a través de la Sociedad Española de Participaciones Industriales. Una vez más dispone numerosas modificaciones, como su fusión con “Austral” (línea de cabotaje argentina) o su venta a “American Airlines”, operación que finalmente no prosperó. En fin, el Estado español decidía en ese momento sobre la principal línea aérea de nuestro país. Una paradoja del capitalismo mundial, en la que los países periféricos se llevan la peor parte.
El capítulo que sigue es aún más sombrío. En 2001, durante la peor crisis que atravesara la Argentina en toda su historia, se hace cargo de Aerolíneas un consorcio (también español) llamado Marsans. En un derrotero de casi ocho años, Marsans alternó intentos de expansión al mercado latinoamericano, con denuncias de corrupción y un servicio cada vez más resentido. Hasta tal punto, que a principios de 2008, el Estado argentino decide la expropiación de todos los bienes del Grupo Aerolíneas Argentinas, re-estatizando la principal línea aérea de bandera nacional y salvando los casi nueve mil puestos de trabajo de la empresa.
Comienza un nuevo capítulo, pero de la misma pesadilla. Lo que es en esencia una decisión política acertada, se convierte en un desastre en las manos equivocadas. Se nombra un comité administrador de dudosa conformación con el ex intendente de La Plata, Julio Alak. Pero toman las riendas, el ministro de planificación, Julio De Vido y el terrible Ricardo Jaime, Secretario de Transporte en ese momento; que es uno de los funcionarios más fieles del kirchnerismo y que maneja discrecionalmente millones de pesos en subsidios para el funcionamiento del sistema de transporte público del país.
Si bien en estos últimos años el déficit ha ido en disminuyendo, la empresa aún sigue siendo una increíble esponja de recursos públicos. Su presidente, es Mariano Recalde, dirigente del riñón de “La Cámpora” (agrupación juvenil peronista), quien exhibe el mérito de no tener absolutamente ningún conocimiento sobre aviación, ni sobre la industria aérea ni sobre el mercado de aeronavegación. Sin embargo se las arregla para ser el paladín del gobierno kirchnerista en una empresa que absorbe la friolera de dos millones de dólares por día como gasto corriente. Aerolíneas va directo hacia su tercer quiebra, sumando éste año un déficit de 624 millones de dólares. Aerolíneas es una “bolsa de trabajo” para amigos, parientes y compañeros de “La Cámpora”, sino no se puede explicar que cuente con casi 1.100 pilotos para apenas 34 naves. Cada uno de esos pilotos percibe más de quince mil dólares por mes, así que no es difícil hacer la cuenta de cuánto le cuesta a la Argentina la fiesta en su aerolínea de bandera.
Para cerrar esta muestra de lo que puede hacer la gente equivocada con el dinero del pueblo argentino, basta mencionar una flagrante contradicción en la decisión política del Gobierno de la presidenta Cristina Fernández. En 2006, el Estado argentino traspasó (decreto mediante) la responsabilidad del control del tráfico aéreo a la sociedad civil, anteriormente en manos de la Fuerza Aérea Argentina. El cambio obedeció lógicamente a cientos de denuncias sobre los manejos turbios de la fuerza militar y de un manejo técnico bastante deficiente. Sin embargo, cinco años después, el mismo gobierno revierte (por decreto nuevamente) esta situación y reasigna la responsabilidad del control aeroportuario a la Fuerza Aérea. Este hecho no sólo es una clara contradicción, sino también una tremenda traición a los ideales democráticos. Se re-militariza un patrimonio de la sociedad civil, en una actitud claramente retrógrada y conservadora. Sin embargo, el Gobierno nacional busca por todos los medios, presentar ésta medida como progresista y democrática.
Una vez más, y al igual que analizábamos la semana pasada en “Discursos de resistencia, acciones de dependencia”, el gobierno kirchnerista plantea algunas reivindicaciones en el discurso, pero actúa de la manera totalmente opuesta en los hechos. Esas contradicciones hoy llevan a plantear un achicamiento de Aerolíneas Argentinas, un verdadero ajuste que limitará los destinos de la empresa, intentará renovar el parque disponible de aeronaves (a pesar del déficit) y convertirá a la línea de bandera en una empresa prácticamente de cabotaje.
Por todo esto, me parece que Aerolíneas: no vuela.
Escrito por Andrés Fernández, colaborador de Hablando República en Argentina.

1 comentario:

  1. Gran artículo, deja clara la historia y pone al descubierto uno de los sin duda numerosos trapos sucios que debe haber por allí. He hechado en falta las fuentes.

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