25 de abril de 2011

Yuri Gagarin y su recuerdo.

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Yuri Alekséyevich Gagarin, nació el 9 de marzo de 1934 en Klúshino (URSS), en el seno de una humilde familia campesina. Sus padres trabajaban en una granja colectiva; su madre era una gran aficionada a la lectura y su padre, a la carpintería.

La II Guerra Mundial obligó a la familia a ocultarse, al igual que sucedió con millones de personas más. Durante este período, Gagarin fue ganando admiración hacia el Ejército Rojo del Aire, y fue creciendo su vocación de piloto, consumada con la obtención en 1957 del título de piloto militar. Este hecho debe enmarcarse en un momento en que la incipiente carrera espacial se estaba convirtiendo en un verdadero cara a cara entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en el que los segundos habían conseguido ya poner en órbita el primer satélite artificial (Sputnik 1, en 1957) y al primer ser vivo (Laika, a bordo del Sputnik 2 en el mismo año).
Como progresión obvia, el siguiente hito a conseguir era poner en órbita al primer ser humano de la historia, y para ello, el gobierno soviético comenzó una campaña de selección del futuro cosmonauta entre más de 3500 pilotos voluntarios. Tras diversas pruebas tanto físicas como psicológicas, Gagarin fue elegido para el viaje espacial que tuvo lugar el 12 de abril de 1961.


El día elegido, la nave Vostok 1 despegó del cosmódromo de Baikonur, e impulsada por un cohete Vostok-K hasta el espacio exterior, describió una órbita completa alrededor de la Tierra. Yuri Gagarin, coronado ya como primer ser humano que contemplaba nuestro planeta desde el exterior, no hacía más que hablar por radio, comer un poco (para comprobar qué cosas podían hacerse en estado de ingravidez) y escribir en su diario, ya que la nave estaba controlada desde tierra. Tras 108 minutos de viaje se produjo la reentrada a la atmósfera, no libre de contratiempos (que por suerte se solucionaron), de la histórica aeronave y, a la altura de 7000 metros, como estaba previsto, el ocupante hizo uso de su asiento eyectable, separándose del módulo habitable en el que había estado hasta entonces. Tanto el módulo habitable como el propio cosmonauta descendieron en paracaídas a territorio soviético sin más problemas que una ligera desviación respecto a la ruta ideada, que hizo que Gagarin aterrizara en un pequeño pueblo del suroeste de la federación socialista para asombro y conmoción de una campesina y su nieta.

Gagarin murió el 27 de marzo de 1968 al estrellarse su caza cerca de Moscú, en medio de una fuerte crisis personal debida a que no supo adaptarse a la fama mundial, asumir tareas propagandísticas del socialismo a escala internacional y mantener vivo su matrimonio al mismo tiempo, lo que le llevó a abusar del alcohol en varias ocasiones. El hombre que había demostrado que el origen humilde de una persona no le debe impedir tener la oportunidad de realizar un sueño y convertirse en la figura más importante del mundo moría con tan sólo 34 años, para desconsuelo de sus conciudadanos.


En este mes de abril, en que numerosos colectivos (como la NASA, la Agencia Espacial Europea o la expedición presente en la Estación Espacial Internacional) han conmemorado el 50 aniversario de la hazaña de Gagarin, desde Hablando República queremos recordar al primer ser humano que vio las cosas desde más arriba con la frase que el propio cosmonauta pronunció durante su viaje espacial en torno a la Tierra:


“Pobladores del mundo, salvaguardemos esta belleza, no la destruyamos”

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