"La lectura del periódico es la oración matinal del hombre moderno."
Georg Hegel
Circula por Facebook
una foto de la página
Memes Hegelianos
en la que se contrapone la racionalidad europea encarnada en Hegel a la
estupidez y la ignorancia representadas por tres presidentes
latinoamericanos. Latinoamericanos y progresistas. Este podría parecer
un detalle inocente o casual, pero no lo es. La imagen no deja de ser un
chiste (de mal gusto), pero constituye una valiosa prueba que revela la
efectividad de la campaña de desprestigio vertida por los grandes
medios de comunicación privados contra la izquierda latinoamericana. Una
campaña con marcados tintes racistas en la que los rasgos culturales
propios de los países latinos se han convertido en objeto de mofa.
El salvajismo y la barbarie, esas palabras que tanto
gustaban a Hegel, dominan hoy América Latina. Esa es la idea que la
prensa nos ha vendido y que reproduce un alumno mediocre del filósofo
alemán, que-preocupantemente-cuenta con más de un millar y medio de
seguidores en Facebook.
Bailar y cantar, pecado del sur y virtud del norte
La prensa nos ha fabricado la opinión de que los
presidentes latinoamericanos de izquierdas son caudillos que encandilan a
la gente ingenua con peligrosos recursos populistas como la canción.
Muchos chistes hicieron los grandes medios, de Intereconomía a La Sexta
(con
Buenafuente
a la cabeza), a cuento de que Chávez cantara en público. Característica
que convirtieron en rasgo negativo e indisociable a su figura y a la de
los demás presidentes izquierdistas vecinos. Por ejemplo, el debate
televisivo-presuntamente progresista-Al Rojo Vivo, el día de que murió
el presidente venezolano arrancó con unas
imágenes
en las que Chávez cantaba una ranchera a sus compañeros mexicanos. Tras
esta introducción el presentador inauguró aquella edición del programa
diciendo:
''Hugo Chávez en estado puro'' (
menos mal que estuvo allí Juan Carlos Monedero poniendo un poco coherencia y mucha brillantez).
También dio para muchos chistes ver a Evo Morales bailar en los
carnavales de Bolivia o a Correa en Madrid cantando canciones
tradicionales ecuatorianas con sus compatriotas en España.
¿Pero acaso es tan raro que líderes políticos canten o bailen en público?
El presidente de Rusia,
Médvedev, y el exvicepresidente de EEUU,
Al Gore,
son otros a los que también pudimos ver bailando en público. Incluso
los ministros de asuntos exteriores alemán y francés grabaron un
rap. Y no hay que olvidar al antiguo secretario de estado de los EEUU Colin Powell que hizo el baile de
la Macarena en medio de una convención de su partido, como también haría
Mariane Albright, otra ex secretaria de estado norteamericana en la sede de las Naciones Unidas. Powell además nos regaló una
imagen mucho más insólita al subirse a un escenario disfrazado del albañil de los Village People para interpretar la canción YMCA.
Vemos por tanto, que no se trata-como nos quieren hacer
pensar-de una conducta tan extravagante en los políticos. Pero qué
tratamiento tan diferente reciben unos y otros: en casi todos los casos
que acabamos de mencionar, la prensa y la opinión pública se
congratularon de las dotes escénicas y la simpatía de sus dirigentes. Y
no es que sea más peculiar ver bailar y cantar a los políticos de un
sitio u otro. Lo raro, a lo que se ataca, es a aquellos que bailan y
cantan las canciones de su pueblo y con su pueblo.
En definitiva, la idea que se desprende es que es
despreciable ver a un político celebrar el folclore de su cultura del
sur, el sur ''salvaje'', mientras que siempre es loable ver a un
estadounidenses (o europeo) ensalzar la ''civilizada'' música del norte
aunque esté, como Obama, interpretando la más sureña y negra de las
músicas del norte.
Modales europeos ¿quiénes son los civilizados?
¿Qué pasaría si hubiese sido Correa el que hubiera
respondido con tan repugnante gesto ante una pregunta que no le gustara
de Ana Pastor?
¿Hay alguna duda de que si los protagonistas de estas
bochornosas escenas hubieran sido latinoamericanos de izquierdas las
imágenes hubieran dado la vuelta al mundo y todos los programas de
televisión y las redes sociales estarían exigiendo sus cabezas? Pero no
es posible. Los fabricantes de la opinión pública no son capaces de
encontrar en los dirigentes progresistas manifestaciones tan vergonzosas
y deplorables. Por eso, sólo pueden atacarlos con tergiversaciones y
manipulaciones o directamente mediante la risa, caricaturizando su
identidad y su cultura.
La risa como instrumento propagandístico contra la izquierda latinoamericana
Vemos que también hay muchos motivos para reírse, y
sobretodo llorar por la derecha latinoamericana. Pero no es a ellos a
quien los medios de comunicación han señalado como tiranos y bufones. Es
a la izquierda. ¿Por qué si no es exclusivamente de ellos y nunca de la
derecha de la que nos mofamos?
Pero ,cuidado, lo que tenemos tener claro cuando nos
reimos de que Hugo Chávez cante, cuando nos reímos de la forma de hablar
de Nicolás Maduro y Rafael Correa o cuando nos reímos del jersey de Evo
Morales es que estamos siendo unos cretinos racistas, pues de lo que de
nos estamos despreciando es su identidad cultural, que los medios de
comunicación han convertido en objeto de burla para ocultar los
impresiontes logros sociales de estos gobiernos, verdadero motivo por el
que los caricaturizamos y desprestigiamos. Estos logros han situado a
la izquierda latinoamericana en contra de los grandes poderes
económicos, siempre alineados con los gigantes de la comunicación, a
través de los cuales están llevando a cabo una virulenta campaña de
difamación, que los sitúa en una órbita golpista, de la que sin saberlo
nos han hecho cómplices.
En esa operación por la desestabilización de los
gobiernos progresistas, no debemos subestimar el poder de la risa, que
se ha convertido en un arma fundamental de esta campaña golpista. Esto
no es nada nuevo, ya en la Antigua Grecia los políticos (que pudieran
permitírselo) financiaban comedias para ridiculizar ante el pueblo a sus
rivales.
La estrategia les ha salido bien a los medios. Sin
embargo, debemos ser capaces de discernir con claridad de qué nos
estamos riendo. Y en última instancia lo que estamos castigando con
nuestras risas, de lo que realmente nos estamos burlando, es de la
democracia, la libertad, la soberanía, los derechos humanos y la lucha
contra la pobreza, que es lo que representan estos gobiernos a los que
hemos caricaturizado.
Pero, ojo, esta caricaturización no sólo viene de los
programas de humor. Sino de la prensa ''seria'' que el ''Meme
Hegeliano'' tiene como fuente. Este ''meme'' se basa en tres noticias
muy polémicas, producto del más bajo periodismo, en las que los medios
sacaron de contexto las frases de los presidentes dando lugar a falsas
declaraciones que desmontaremos a continuación.
Evo Morales y la homosexualidad
Cristina Kirchner y la diabetes
La presidenta argentina nunca dijo que ser rico fuera la causa de la diabetes.
Maduro, Chávez y el Papa
Es curioso que sean los mismos medios que alaban la
campechanería del Rey cuando hace alguna gracia los que castiguen de
este modo que Maduro haga un chiste. Parece que el humor es un
privilegio para los jefes de estado europeos (un privilegio como el de
ocupar tal puesto sin votos).
Hegel hoy. Bombardeos en nombre de la democracia
Como vemos, el ''meme hegeliano'' se hace eco de todas
las tergiversaciones de la prensa asumiéndolas como verdaderas. Ya
podría su autor haber hecho caso del Hegel que denunció la lectura del
periódico como ''oración del hombre moderno'', se hubiera dado cuenta de
que ninguna de las frases que se le atribuyen a los presidentes de la
foto son reales, todas son producto de manipulaciones que manchan el
nombre del periodismo. La realidad es que el ''meme'' huele mucho a
racismo y pensamiento colonialista, de ese que por otra parte tango
gustaba al filósofo alemán, que a parte de decir cosas tan bonitas sobre
la razón y la verdad también afirmaba que
África no tenía historia y que aquel continente sólo era interesante para el estudio de la barbarie y el salvajismo.
Hoy sus ''memes'' cogen lo peor de su pensamiento para
servir de eco de los medios e intentar dejar a los presidentes
latinoamericanos como unos salvajes. Unos brutos exponentes actuales de
esa barbarie opuesta a la civilización que domina en el hemisferio norte
y en algunas partes de América Latina como Chile o Colombia, donde con
ayuda de la derecha y en detrimento de sus pueblos las oligarquías
pueden seguir beneficiándose de sus recursos nacionales.
En la época de Hegel, las potencias europeas invadieron y
saquearon a los pueblos de África con el pretexto de civilizar aquellas
tierras dominadas por la barbarie. Se llevaron su oro, su marfil, su
caucho, su café , su petróleo y su dignidad. A cambio les dejaron
perfectas fronteras, guerras y hambre. La historia no debe sonarnos tan
lejana. Ocurrió entonces y ocurre ahora, sólo tenemos que mirar a Libia,
Mali, Iraq o Afganistán y recordar a Yugoslavia.
Por suerte hay lugares donde la historia está cambiando,
donde los recursos naturales se han puesto al servicio de la gente,
donde la dignidad y soberanía de los pueblos ha evitado que por ello se
les castigue con bombas. Aunque sí sufren otras armas, menos llamativas,
pero que hacen su trabajo poco a poco y día a día de manera eficaz.
Disparan desde la tele, desde la radio y los diarios. Son armas que
actúan apagando la razón y encendiendo la risa, y que abren el camino
para las bombas que la dignidad de los pueblos cierra.
Y mientras nos reímos de los presidentes latinos que
luchan por la libertad de sus pueblos y cantan y bailan con ellos, los
del norte protegidos por nuestro silencio bombardean y hunden en la
miseria a otros países del sur que ya no podrán cantar ni bailar jamás.
Que alguien me explique dónde está la gracia y que me aclare de una vez
¿quiénes son los salvajes?